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Iglesia
evangélica ante el comercio justo
En
una carta remitida por el Consejo Evangélico de
Madrid, me encuentro con un folleto de promoción
de las “IV Jornadas de Puertas Abiertas” de
la Iglesia de Jesús (IEE) en la C/ de Calatrava
de Madrid. Y me llama la atención varias cosas:
una es que ve la Reforma Protestante no sólo como
un movimiento espiritual, sino como una dinámica
en busca del compromiso cristiano. No ve la Reforma sólo
como una línea de enseñanza, sino como una
identificación con el compromiso de Jesús,
que más adelante lo explicita como una búsqueda
de la justicia y del servicio. Tampoco ve el movimiento
de la Reforma como algo exclusivo del protestantismo, sino
que se une a otras grandes figuras del cristianismo que
le preceden. Cita a Francisco de Asís o a Juan Hus,
en Bohemia... y me gusta esta línea explicativa,
quiero que sea verdad y me identifico con ello. Pero... ¿Es
consecuente la Iglesia con estas líneas? Al menos
esta actividad lo es, ya que se preocupa por un tema esencial
en el mundo hoy: el comercio justo..
¿Es este un tema del que se
deba preocupar el pueblo protestante? Llama la atención
en el folleto de la Iglesia de Calatrava el que, en el contexto
de la Reforma, dice que el servicio y el compromiso no son
exclusivos de la fe, y nos remite al compromiso de la búsqueda
de la justicia. Así, a la Reforma de la “sola
fe”, se le vierte un poco de neblina. Es aquí donde
yo haría unas matizaciones. Y es que, quizás,
la justicia es un asunto de fe. ¿No implica ya una
fe viva el compromiso con la justicia? ¿No habla el
apóstol Pablo de que la fe obra a través del
amor? Yo he escrito sobre “Las Obras de la Fe” y
por eso veo a la fe en relación y coimplicada con
la justicia y el compromiso social. Pero, sea como sea, la
Iglesia de Calatrava “se moja” al exponer una “Tienda
de comercio justo”... y se acuerdan de aquellos productores
del SUR pobre a los que se les debe dar una compensación
justa. Se está poniendo a los pobres, oprimidos y
desheredados del mundo como lugar teológico, se están
moviendo dentro del sentir y del estilo de vida y valores
de Jesús.
Y es que el comercio no se puede separar
de todas las implicaciones éticas
que tiene. No se puede ver asépticamente fuera de
las líneas morales del cristianismo. El comercio tiene,
necesariamente, fuertes implicaciones morales, éticas,
sociales y religiosas. Las iglesias cristianas deberían
ser el fermento para ir creando una concienciación
sobre un comercio justo y sostenible. Eso es trabajar en
líneas de projimidad. Si no nos preocupamos de la
opresión, de la falta de compensación justa
a trabajadores de los países pobres del Sur, incluyendo
a tantos niños trabajadores por los que hemos de clamar,
es posible que nuestro amor a Dios sea una mentira. Porque,
bíblicamente, el que dice que ama a Dios y no se preocupa
por su hermano, es mentiroso. Así, los cristianos
debe ser una voz profética de denuncia en contra de
la falta de dignidad de muchos trabajadores que no pueden
disfrutar de lo que justamente les pertenece, del disfrute
de sus derechos laborales. Quienes así oprimen desprecian
al creador. Los despreocupados y que pasan de largo son cómplices.
De ahí la responsabilidad de la iglesia.
Los cristianos
deben clamar por políticas económicas,
comerciales y financieras que tengan, en primer lugar, el
respeto a la justicia y a la dignidad del hombre. Debemos “levantar
nuestra voz como de trompeta” como diría el
profeta Isaías, tenemos que gritar y si es preciso
llorar, por el respeto de los derechos humanos que, necesariamente,
implican los derechos económicos de estos trabajadores.
Los cristianos deberían estar influyendo en todos
los debates de la Organización Mundial del Comercio.
Evangelizar estas estructuras que empobrecen y marginan.
Evangelizar con nuevos valores bíblicos que son contracultura
en el seno de muchas corporaciones comerciales. Al cristiano
le debe interesar la vida, el bienestar y la supervivencia
de los pueblos pobres. Más que interesar, debe comprometerse,
siguiendo las líneas marcadas por nuestro Maestro
que luchó por la dignificación de los excluidos,
de los empobrecidos y de los proscritos. Luchar por un comercio
justo es ponerse al lado de Jesús en la defensa de
lo que de sagrado hay en toda vida humana. No podemos estar
de espaldas al dolor de estos trabajadores oprimidos y explotados.
Nuestro culto se convertirá en un ritual vacío
y nuestra evangelización carecerá de la coherencia
con el amor al prójimo.
Los cristianos debemos protestar contra
los intereses corporativos de las grandes multinacionales
de los países ricos cuando se está destruyendo
y matando todo vestigio de justicia económica. De ahí
que tenga que felicitar a la Iglesia de Calatrava y a su pastor
por la iniciativa de la Tienda del Comercio Justo. Ojalá
sirva de concienciación y de voz profética para
otras iniciativas en estas líneas de projimidad.
Juan Simarro Fernández
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