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Número 10 - 4 de noviembre, 2003
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MANUEL DE LEÓN

Rebajas teológicas de invierno

José María Diez Alegría
El título “Rebajas Teológicas de invierno” es un remedo del libro del jesuita asturiano José Mª Diez Alegría, que publicó en 1980. Este jesuita, perseguido y medio excomulgado, no tiene más delito que expresar la gran traición y el secuestro continuado por parte del cristianismo institucional y jerarquizado, hacia la persona y obra de Jesús de Nazaret. Desde la teología de la liberación incide en aquellos aspectos que sangran y desgarran el cristianismo nominal, que aparece, desde hace mil quinientos años, apoyando a las clases acomodadas, participando en la injusticia y la opresión, y haciendo la vista gorda ante el robo, el pillaje y el asesinato de los poderosos frente a los humildes y desposeídos.

Pero hablando de rebajas teológicas, Diez Alegría las coloca en el otoño y yo lo hago en el invierno. La frialdad de la indiferencia religiosa es de témpano glacial. Estamos en el tiempo de un relativismo tan ultrajante e hipócrita que las encuestas sobre moralidad y valores, en el trabajo, en la familia y las relaciones sociales, son demoledoras. Casi nadie se preocupa o denuncia salarios y contratos de trabajo insultantes, de la injusticia institucionalizada en todo lo que supone el dinero y la propiedad, de la libertad política y religiosa. Todo se reduce a palabras como materialismo, poder y dinero y esto supone un enfrentamiento radical con el Evangelio y el mensaje del Reino de Dios. La gran traición del cristianismo histórico no solo es el haber estado al lado de los opresores en vez de las víctimas, sino que también ha perseguido a los disidentes, a los “sectarios” que proféticamente mantenían un cristianismo mas radical y cercano a la utopía de la liberación de los poseídos y oprimidos.

Lo que queda a la vista en esta gigantesca contradicción entre un cristianismo de salón o teológico-intelectual y el Jesús real, que sufre la opresión de los religiosos fundamentalmente, es el miedo a la causa de Jesús. Porque Jesús vino a traer fuego a la tierra y solo tenemos glaciares; vino a traer una revolución y poco a poco se ha hipertrofiado su enseñanza y resultan tabú su exigencias. Se ha ido entregando a la humanidad y al cristianismo una droga mas fuerte que el modernismo o el materialismo ateo, y es que solo hemos presentado interioridad en vez de revolución, una felicidad privada en vez de un bienestar y paz social, romanticismo fanático en vez de razón crítica, caridad en vez de amor que constriña. Dice el teólogo evangélico Gerhard Ebeling: “Si Jesús no hubiera vivido o la fe en Él resultara una mala interpretación de lo que el Jesús histórico pretendía, es evidente que la fe cristiana carecería de base. No es que resultara totalmente superflua, pero perdería ese objeto que la predicación cristiana ha presentado siempre como el objeto central de la fe”. Sin duda que hemos perdido el objetivo central de la fe porque hemos perdido la “realidad de Jesús de Nazaret” y esta no es otra que la “realidad de Dios” en el mundo. No tanto el cielo, la interioridad, ni el “más allá” de un Dios lejano, sino el cambio o metanoia de la presente realidad, transformación cósmica, y un futuro que ya está presente. Adolf Holl comenta: “Para quien tiene mas cerca el llorar que el reír, y a quien además le suena el estómago, se trata de una buena noticia, comprensible incluso para la inteligencia mas sencilla. Pronto terminará la miseria, los mendigos banquetearán con Abrahán, se aproximan los días buenos, los últimos serán los primeros. Todo esto se convierte en realidad bajo el nuevo reinado universal, del que habla Jesús como Reino de Dios.”

Sin embargo, seguiríamos dando una idea falsa del mensaje de Jesús de Nazaret, si pensásemos que un cristianismo lleno de legionarios celosos y organizados puede presentar batalla frente a la masa de hielo. Si pensamos que el fuego del cielo puede derretir los témpanos, Dios no lo va hacer de esa manera. No son los hombres los que edificarán ese reino, con su justicia o su apartarse del mundo como lo creían los escribas y los esenios. Y menos aún como lo creían los zelotes mediante la violencia militar. En la actualidad, fue la misma teología de la liberación la que permitía la fuerza. Muy al contrario, el Reino de Dios nace espontáneamente como la semilla que germina en la tierra (Marcos 4:28) o la levadura que fermenta la masa. El hombre nada puede añadir, sino que debe prepararse y recibirlo como un niño (Marcos 10:15). Las teologías humanistas de moda nada pueden en asuntos de conversión y salvación porque el movimiento de Jesús es movimiento de concentración, queriendo llevar a todos a la salvación autentica de Dios.

Manuel de León es pastor, Presidente del Consejo Evangélico de Asturias, ha dirigido la Revista "Asturias Evangélica" y ha publicado “ORBAYU" una revista de investigación histórica, cultural y sociológica del protestantismo en Asturias

© M. de León, 2003, Asturias, España.

MÁS ARTÍCULOS EN INTERNET:

· http://servicioskoinonia.net/relat/271.htm
· http://perso.wanadoo.es/laicos/2002/839N-Diez-Alegria.htm
· http://www.revistafusion.com/2000/diciembre/entrev87-2.htm

 
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