 |
Rebajas
teológicas de invierno El título “Rebajas Teológicas
de invierno” es un remedo del libro del jesuita asturiano
José Mª Diez Alegría, que publicó en
1980. Este jesuita, perseguido y medio excomulgado, no tiene
más delito que expresar la gran traición y el
secuestro continuado por parte del cristianismo institucional
y jerarquizado, hacia la persona y obra de Jesús de
Nazaret. Desde la teología de la liberación incide
en aquellos aspectos que sangran y desgarran el cristianismo
nominal, que aparece, desde hace mil quinientos años,
apoyando a las clases acomodadas, participando en la injusticia
y la opresión, y haciendo la vista gorda ante el robo,
el pillaje y el asesinato de los poderosos frente a los humildes
y desposeídos. Pero hablando de rebajas teológicas,
Diez Alegría las coloca en el otoño y yo lo hago
en el invierno. La frialdad de la indiferencia religiosa es
de témpano glacial. Estamos en el tiempo de un relativismo
tan ultrajante e hipócrita que las encuestas sobre moralidad
y valores, en el trabajo, en la familia y las relaciones sociales,
son demoledoras. Casi nadie se preocupa o denuncia salarios
y contratos de trabajo insultantes, de la injusticia institucionalizada
en todo lo que supone el dinero y la propiedad, de la libertad
política y religiosa. Todo se reduce a palabras como
materialismo, poder y dinero y esto supone un enfrentamiento
radical con el Evangelio y el mensaje del Reino de Dios. La
gran traición del cristianismo histórico no solo
es el haber estado al lado de los opresores en vez de las víctimas,
sino que también ha perseguido a los disidentes, a los “sectarios” que
proféticamente mantenían un cristianismo mas
radical y cercano a la utopía de la liberación
de los poseídos y oprimidos. Lo que queda a la vista en esta gigantesca contradicción
entre un cristianismo de salón o teológico-intelectual
y el Jesús real, que sufre la opresión de los
religiosos fundamentalmente, es el miedo a la causa de Jesús.
Porque Jesús vino a traer fuego a la tierra y solo
tenemos glaciares; vino a traer una revolución y poco
a poco se ha hipertrofiado su enseñanza y resultan
tabú su exigencias. Se ha ido entregando a la humanidad
y al cristianismo una droga mas fuerte que el modernismo
o el materialismo ateo, y es que solo hemos presentado interioridad
en vez de revolución, una felicidad privada en vez
de un bienestar y paz social, romanticismo fanático
en vez de razón crítica, caridad en vez de
amor que constriña. Dice el teólogo evangélico
Gerhard Ebeling: “Si Jesús no hubiera vivido
o la fe en Él resultara una mala interpretación
de lo que el Jesús histórico pretendía,
es evidente que la fe cristiana carecería de base.
No es que resultara totalmente superflua, pero perdería
ese objeto que la predicación cristiana ha presentado
siempre como el objeto central de la fe”. Sin duda
que hemos perdido el objetivo central de la fe porque hemos
perdido la “realidad de Jesús de Nazaret” y
esta no es otra que la “realidad de Dios” en
el mundo. No tanto el cielo, la interioridad, ni el “más
allá” de un Dios lejano, sino el cambio o metanoia
de la presente realidad, transformación cósmica,
y un futuro que ya está presente. Adolf Holl comenta: “Para
quien tiene mas cerca el llorar que el reír, y a quien
además le suena el estómago, se trata de una
buena noticia, comprensible incluso para la inteligencia
mas sencilla. Pronto terminará la miseria, los mendigos
banquetearán con Abrahán, se aproximan los
días buenos, los últimos serán los primeros.
Todo esto se convierte en realidad bajo el nuevo reinado
universal, del que habla Jesús como Reino de Dios.” Sin embargo, seguiríamos dando una idea falsa del
mensaje de Jesús de Nazaret, si pensásemos que
un cristianismo lleno de legionarios celosos y organizados
puede presentar batalla frente a la masa de hielo. Si pensamos
que el fuego del cielo puede derretir los témpanos,
Dios no lo va hacer de esa manera. No son los hombres los
que edificarán ese reino, con su justicia o su apartarse
del mundo como lo creían los escribas y los esenios.
Y menos aún como lo creían los zelotes mediante
la violencia militar. En la actualidad, fue la misma teología
de la liberación la que permitía la fuerza.
Muy al contrario, el Reino de Dios nace espontáneamente
como la semilla que germina en la tierra (Marcos 4:28) o la
levadura que fermenta la masa. El hombre nada puede añadir,
sino que debe prepararse y recibirlo como un niño (Marcos
10:15). Las teologías humanistas de moda nada pueden
en asuntos de conversión y salvación porque
el movimiento de Jesús es movimiento de concentración,
queriendo llevar a todos a la salvación autentica de
Dios.
Manuel de León es pastor,
Presidente del Consejo Evangélico de Asturias, ha dirigido
la Revista "Asturias Evangélica" y ha publicado
“ORBAYU" una revista de investigación histórica,
cultural y sociológica del protestantismo en Asturias
© M. de León, 2003, Asturias, España. |
|