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Número 10 - 7 de noviembre, 2003
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Psicoayuda
Francisco Gómez Moreno

Ayudando en las secuelas de las sectas (II)

Un adepto (consultar artículo "Métodos coercitivos de manipulación sectaria") empieza a desligarse de la secta cuando acontecimientos vitales o accidentales a nivel personal o familiar prueban el escaso o nulo interés genuino que los demás miembros del grupo y en especial el líder tienen en su bienestar. El inquebrantable adepto comienza a recibir mensajes rechazantes hacia su persona, produciendo las primeras fisuras en un sistema cerrado en el que se había instalado cómodamente.

Cuando al fin el adepto toma la difícil decisión de abandonar el grupo sectario, nos encontramos con una persona solitaria, con angustia y depresión clínicas que dibujan un oscuro cuadro de ataduras emocionales. Las capacidades cognitivas están disminuidas y el rendimiento intelectual, académico y laboral también. La personalidad es inhábil para la solución de problemas y toma de decisiones por sí misma. Sin amigos, con ruptura familiar, problemas financieros, laborales y sociales acuciantes, el adepto sectario es un juguete roto, abusado y explotado, que necesita tratamiento clínico y rehabilitación de la personalidad en la medida del tiempo de permanencia en la secta destructiva y el grado de implicación en ella.

Según la Dra. Mª Angeles Jiménez Tallón1 como “psicopatologías más frecuentemente encontradas en los ex - adeptos están la psicosis reactiva esquizoafectiva, determinada por la aparición de episodios psicóticos de duración variable, los trastornos postraumáticos por estrés, los trastornos disociativos atípicos, ansiedad inducida por relajación y déficits cognitivos con dificultades de concentración, déficits de memoria. Otros trastornos y alteraciones en sujetos que abandonan sectas coercitivas y tratan de reintegrarse en la sociedad son depresión reactiva a la pérdida de amigos y valores, aparición de problemas anteriores a la secta no resueltos, dificultad para enjuiciar y tomar decisiones, sentimiento de culpa por lo hecho en la secta y por lo que se ha dejado de hacer fuera, miedo al castigo y a ser etiquetado como alguien esotérico, bajo nivel de autonomía y capacidad de adaptación a la vida cotidiana, resentimiento, desconfianza en sí mismo por haberse dejado manipular, sentimiento de soledad...”. Ante este sombrío panorama, es fundamental dar apoyo y transmitir esperanza a la persona que sufre, pero ¿Qué podemos hacer?. Veamos:

CÓMO AYUDAR DESDE EL ENTORNO
A LA VICTIMA DE MANIPULACIÓN SECTARIA:

  1. Cuidar la relación de ayuda. Se trata de víctimas de abusos que han sido explotados emocional, financiera y/o sexualmente por lo que se les hace muy difícil confiar en alguien que les ayude. Hay que echar grandes dosis de paciencia con ellos hasta consolidar una relación de ayuda firme que soporte la presión de los sentimientos y las circunstancias cambiantes.
  2. Distinguir la experiencia religiosa de la experiencia sectaria, no confundiendo los conceptos. No olvidar que el sectario ha buscado por caminos equivocados respuestas a inquietudes universales legítimas en todo ser humano y que pueden encontrar sana respuesta en la religión, por lo que debemos identificar los valores trascendentes de la persona y respetarlos, no dejándole desnudo frente al mundo al cuestionar su sistema de valores y creencias religiosas como un todo insano.
  3. Apelar de forma persistente al sentido de responsabilidad emocional de la persona. Hay que evitar el riesgo de victimización por la experiencia de explotación y abuso de que ha sido objeto. Es fundamental cuidar este aspecto de aceptación sin culpa de la propia responsabilidad, ya que la recuperación psicológica empieza cuando el adepto empieza a aceptar como un hecho su experiencia de abuso, asumiendo la responsabilidad de los propios errores que haya podido cometer.
  4. Animar a la autonomía personal y al fortalecimiento de la propia autoestima. Las sectas atrapan a sus adeptos por el lado afectivo de su personalidad, más que por el lado intelectual. Les ofrecen cariño y aceptación en tiempos de crisis, angustia y soledad. Se crean lazos de dependencia afectiva que socavan la autoestima de la persona haciéndola sentir insegura, indecisa y torpe, y en esa medida más dependiente del grupo sectario. Por ello hay que animar constantemente a la autonomía personal y al desarrollo de una autoestima que permita a la persona mantener un sentido de dignidad personal ante experiencias de abuso.
  5. Animar a buscar ayuda profesional para el tratamiento del cuadro psicopatológico. En la medida que la persona víctima de abuso presente sufrimiento mental e incapacidad para seguir adelante con una vida normalizada es preciso buscar ayuda profesional y animar al paciente a que se someta a tratamiento.
1 Dra. Mª Angeles Jiménez Tallón: “Trastornos psicopatológicos más usuales provocados por los grupos coercitivos”. Revista Española de Drogodependencias, 22 (4) pp. 281-292. 1997.

© Francisco Gómez Moreno 2003. Licenciado en Psicología y Psicoterapeuta en ejercicio. Profesor de Consejería del Centro de Estudios Teológicos CET-CARISMA de la Comunidad Bautista de Madrid.
 
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