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Ayudando
en las secuelas de las sectas (II)
Un
adepto (consultar
artículo "Métodos coercitivos
de manipulación sectaria") empieza a desligarse
de la secta cuando acontecimientos vitales o accidentales
a nivel personal o familiar prueban el escaso o nulo interés
genuino que los demás miembros del grupo y en especial
el líder tienen en su bienestar. El inquebrantable
adepto comienza a recibir mensajes rechazantes hacia su
persona, produciendo las primeras fisuras en un sistema
cerrado en el que se había instalado cómodamente.
Cuando al fin el adepto toma la difícil
decisión de abandonar el grupo sectario, nos encontramos
con una persona solitaria, con angustia y depresión
clínicas que dibujan un oscuro cuadro de ataduras
emocionales. Las capacidades cognitivas están disminuidas
y el rendimiento intelectual, académico y laboral
también. La personalidad es inhábil para la
solución de problemas y toma de decisiones por sí misma.
Sin amigos, con ruptura familiar, problemas financieros,
laborales y sociales acuciantes, el adepto sectario es un
juguete roto, abusado y explotado, que necesita tratamiento
clínico y rehabilitación de la personalidad
en la medida del tiempo de permanencia en la secta destructiva
y el grado de implicación en ella.
Según la Dra. Mª Angeles
Jiménez Tallón1 como “psicopatologías
más frecuentemente encontradas en los ex - adeptos
están la psicosis reactiva esquizoafectiva, determinada
por la aparición de episodios psicóticos de
duración variable, los trastornos postraumáticos
por estrés, los trastornos disociativos atípicos,
ansiedad inducida por relajación y déficits
cognitivos con dificultades de concentración, déficits
de memoria. Otros trastornos y alteraciones en sujetos que
abandonan sectas coercitivas y tratan de reintegrarse en la
sociedad son depresión reactiva a la pérdida
de amigos y valores, aparición de problemas anteriores
a la secta no resueltos, dificultad para enjuiciar y tomar
decisiones, sentimiento de culpa por lo hecho en la secta
y por lo que se ha dejado de hacer fuera, miedo al castigo
y a ser etiquetado como alguien esotérico, bajo nivel
de autonomía y capacidad de adaptación a la
vida cotidiana, resentimiento, desconfianza en sí mismo
por haberse dejado manipular, sentimiento de soledad...”.
Ante este sombrío panorama, es fundamental dar apoyo
y transmitir esperanza a la persona que sufre, pero ¿Qué
podemos hacer?. Veamos:
CÓMO AYUDAR
DESDE EL ENTORNO
A LA VICTIMA DE MANIPULACIÓN SECTARIA:
- Cuidar la relación
de ayuda. Se trata de víctimas de abusos
que han sido explotados emocional, financiera y/o sexualmente
por lo que se les hace muy difícil confiar en alguien
que les ayude. Hay que echar grandes dosis de paciencia
con ellos hasta consolidar una relación de ayuda
firme que soporte la presión de los sentimientos
y las circunstancias cambiantes.
- Distinguir la experiencia
religiosa de la experiencia sectaria, no confundiendo
los conceptos. No olvidar que el sectario ha buscado por
caminos equivocados respuestas a inquietudes universales
legítimas en todo ser humano y que pueden encontrar
sana respuesta en la religión, por lo que debemos
identificar los valores trascendentes de la persona y respetarlos,
no dejándole desnudo frente al mundo al cuestionar
su sistema de valores y creencias religiosas como un todo
insano.
- Apelar de forma persistente
al sentido de responsabilidad emocional de la persona.
Hay que evitar el riesgo de victimización por la
experiencia de explotación y abuso de que ha sido
objeto. Es fundamental cuidar este aspecto de aceptación
sin culpa de la propia responsabilidad, ya que la recuperación
psicológica empieza cuando el adepto empieza a aceptar
como un hecho su experiencia de abuso, asumiendo la responsabilidad
de los propios errores que haya podido cometer.
- Animar a la autonomía
personal y al fortalecimiento de la propia autoestima. Las
sectas atrapan a sus adeptos por el lado afectivo de su
personalidad, más que por el lado intelectual. Les
ofrecen cariño y aceptación en tiempos de
crisis, angustia y soledad. Se crean lazos de dependencia
afectiva que socavan la autoestima de la persona haciéndola
sentir insegura, indecisa y torpe, y en esa medida más
dependiente del grupo sectario. Por ello hay que animar
constantemente a la autonomía personal y al desarrollo
de una autoestima que permita a la persona mantener un sentido
de dignidad personal ante experiencias de abuso.
- Animar a buscar ayuda profesional
para el tratamiento del cuadro psicopatológico. En
la medida que la persona víctima de abuso presente
sufrimiento mental e incapacidad para seguir adelante con
una vida normalizada es preciso buscar ayuda profesional
y animar al paciente a que se someta a tratamiento.
1 Dra. Mª Angeles Jiménez
Tallón: “Trastornos psicopatológicos más
usuales provocados por los grupos coercitivos”. Revista
Española de Drogodependencias, 22 (4) pp. 281-292. 1997.
© Francisco Gómez
Moreno 2003. Licenciado en Psicología y Psicoterapeuta
en ejercicio. Profesor de Consejería del Centro de Estudios
Teológicos CET-CARISMA de la Comunidad Bautista de Madrid. |