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Muerte
de los “sin alimento” ‘Jesús
les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis
la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre,
no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne
y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en
el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida,
y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y
bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el
Padre, asimismo el que me come, él también
vivirá por mí. Este es el pan que descendió del
cielo; no como vuestros padres comieron el maná,
y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.’ (Juan
6:53-58) Uno de los más graves problemas
(y hay muchos) que se dan en el planeta Tierra tiene que ver
con la alimentación. De hecho podríamos considerar
a la alimentación como a un paradigma de lo que el ser
humano es y de lo que nuestro mundo es: Una contradicción
en sí mismo. Hay lugares en los que la escasez de alimentos
es tan grande que a duras penas si tienen para suplir las necesidades
básicas del organismo, de manera que los cuerpos famélicos
deambulan cual apariciones fantasmales buscando aunque sea
un mendrugo de pan para sostener la vida. Aquí se trata
de una inanición involuntaria en la que el hambre, voraz
como ella sola, ha irrumpido sin ser requerida en la desabastecida
mesa. En otros lugares hay cuerpos famélicos también,
pero no por falta de alimentación sino por abundancia
de la misma: Son los cada vez más numerosos casos de
anorexia presentes en los países ricos. Es ésta
una inanición voluntaria en la que se invita al hambre
a sentarse en el sitio presidencial de la opulenta mesa. Los
cuerpos escuálidos del primer caso son un grito desgarrador
contra las injusticias y desigualdades de esta vida y de este
mundo; los cuerpos escuálidos del segundo caso son otro
grito desgarrador también, pero contra el vacío
y el desquiciamiento interno de las personas. Lo primero tiene
que ver con estructuras económicas y políticas
opresoras, lo segundo con desajustes profundos en la identidad
personal. Si el rostro inhumano del Tercer Mundo se refleja
en los rostros hundidos y los senos enjutos, el del Primer
Mundo tiene su reflejo en una figura similar, solamente que
los protagonistas allí no llevan ropa y el color de
su piel es oscuro mientras que los protagonistas aquí visten
ropa de marca y son blancos de piel. Así son los hijos
de estos dos Mundos: esqueléticos los unos por falta
de comida física, esqueléticos por falta de alimento
espiritual los otros. ¡Todo un compendio de estos dos
Mundos que componen nuestro mundo!
APero no se detienen aquí los trastornos por los problemas
con la alimentación; recientemente las autoridades sanitarias
de los Estados Unidos han levantado la voz de alarma ante el
incremento de casos de obesidad en ese país. De continuar
así pronto será una nación de gordos,
independientemente del color de la piel. Si antiguamente se
podía definir a un español como a alguien bajito,
con bigote e invariablemente crispado, pronto se podrá definir
a un estadounidense como a alguien rollizo u orondo ¡gordinflón!
como las esculturas de Fernando Botero. Recuerdo que cuando
yo era niño toda la obsesión de mi madre era
que comiera para ponerme gordo, pues en su mentalidad había
una relación directa entre gordura y salud. Era una
mentalidad equivocada pero comprensible, pues su generación
había vivido la dura experiencia de la guerra civil
y de la posguerra con el hambre y las penurias de aquellas
décadas, de manera que tenían una obsesión
por la comida. Por eso crecí con la sensación
de no estar totalmente sano, dada mi delgadez, al no alcanzar
los parámetros de mi madre. Después comprendí que
no necesariamente estar gordo es estar sano; de hecho lo opuesto
puede ser la verdad. Por lo menos eso es lo que dicen los entendidos
en USA, donde la obesidad galopante no obedece a una reacción
opuesta a la calamidad sino a todo un desorden en la dieta.
Lo malo es que los europeos y particularmente los que vivimos
en países mediterráneos estamos copiando sus
malos procedimientos, cuando tenemos una dieta, la mediterránea,
que es de las más saludables del mundo. Pero en fin,
los seres humanos somos así: Desechamos lo demostradamente
bueno como algo menospreciable y aprobamos lo manifiestamente
malo como si fuera lo más sublime. O sea, tontos de
remate.
Pero los gordos de USA, por más increíble
que parezca, tienen su contraparte en el Tercer Mundo, pues
allí también hay otros gordos, aunque su gordura
se debe no a desórdenes en la dieta sino a la inexistencia
de dieta alguna. En efecto, uno de los síntomas que
aparecen en la inanición es el edema (hinchazón
debido al fluido) lo que provoca que las personas en grave
situación por falta de alimentación tengan
la tripa hinchada. Es un síntoma que por lo visto
no está del todo bien entendido, pero su presencia
está ahí y en el caso del adulto presupone
un mal pronóstico. Gordos y gordos. Gordos evitables
y gordos inevitables; gordos por exceso y gordos por defecto;
gordos de la abundancia y gordos de la escasez; gordos del
desorden y gordos de ningún orden. Y tanto unos como
otros, firmes candidatos a una muerte prematura, aunque los
primeros tienen mucha ventaja para posponerla por razón
de vivir donde hay hospitales, medicinas y médicos.
Es decir, al igual que los famélicos, los gordos del
Primer y del Tercer Mundo son todo un extracto de este mundo,
de sus contradicciones y miserias. ¡Cuántos trastornos relacionados con la alimentación!
Y eso que solamente hemos mencionado un par de ellos. Pero
hay otra alimentación que está provocando más
trastornos aún, si cabe. Me refiero a la que alimenta
nuestro cerebro, nuestra mente, nuestro interior. No es en
vano que una de las palabras que se usan para definir las
distintas opciones que la TV presenta es menú. Es
también la palabra que se usa en el mundo de las computadoras,
en Internet, cuando se nos muestran las posibilidades a elegir.
Sí, esos son menús, menús para el intelecto,
menús para el corazón; algunos contienen dietas útiles,
otros dietas superfluas y otros dietas mortíferas.
Los hay incluso que son una mezcla de los tres, aunque el
veneno no pierde su eficacia por estar fusionado con lo bueno,
más bien al contrario. El texto bíblico arriba citado hace referencia a
un menú, a un alimento para el interior; es un alimento
necesario (‘Si no coméis... no tenéis
vida’), genuino (‘verdadera comida... verdadera
bebida’) y beneficioso (‘el que come de este
pan, vivirá eternamente’). No es una cosa sino
una Persona; es Jesucristo. Un alimento que no se come con
el sentido físico del gusto sino con el apetito de
la fe. Ven a él y nútrete.
Wenceslao Calvo es conferenciante
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2003, Madrid, España.
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