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Con
la Música a otra parte
Entiendo que el arte no tiene confesión
ni necesidad de arrepentimiento y por eso, a pesar de que yo
también lo digo, no acabo de ver del todo expresiones
del tipo: “música cristiana” ó “literatura
del mundo”. Más bien tendríamos que referirnos
a música o cine de temática cristiana o religiosa.
Sobre todo porque el maniqueísmo conceptual se hace
aún más insufrible cuando uno se da un garbeo
por cualquier librería de temática religiosa
y descubre los pasajes del horror teológico que se pueden
hallar bajo títulos piadosos.
Pero
ese no es el tema. El motivo de esta reflexión parte de la alusión a los músicos
cristianos (haciendo hincapié en la banda P.O.D.) que
Protestante Digital recoge esta semana. Y me alegro enormemente
que muchos redimidos hayan decidido saltar a las calles, a
los oídos y en definitiva a las almas de aquellos que,
de momento, no tienen ninguna intención de pisar
una iglesia.
Eso demuestra que en el cuerpo
de Cristo nos necesitamos unos a otros. Y es que en el último siglo, sobre todo
en las distintas artes, los cristianos sufrimos una especie
de atrofia en cuanto a órganos externos se refiere.
Sí, porque resulta increíble ver como cualquier
congregación, por pequeña que sea, tiene a
sus virtuosísimos artistas. Todos damos gracias a
Dios por esos músicos que cantan alabanzas de puertas
hacia dentro, son necesarios y muchos nos resultan de enorme
inspiración, pero preguntémonos: ¿Alguien
los conoce de puertas hacia afuera?
Seamos sinceros, en la España
de hoy no serán
muchos los que entren a una iglesia para oír las letras
retadoras de nuestros artistas evangélicos. En estos
momentos los hispanohablantes tenemos déficit de nuestros
propios P.O.D., Evanescence y Audio Adrenaline. Y no digamos
ya un Bono, el carismático líder de U2, quien
ha dado lugar a que la portada del TIMES se preguntara: “¿Puede
Bono salvar el Mundo?”. Y es que el músico irlandés,
además de encabezar el movimiento de condonación
de la deuda externa, ha sido capaz de convencer al mismísimo
Paul O´Neill, Secretario del Tesoro de EE.UU., para
que le acompañase a visitar in situ la repugnante
miseria de África. No sabemos si sirvió de
mucho, pero el desafió cristiano ahí quedó: “Jesucristo
dijo: Alimentad a los hambrientos y me alimentaréis
a mí. No podemos negarles a otros lo que reclamamos
para nosotros” fue el directo reto de Bono hacia el
señor O´Neill(1).
El vocal y compositor de U2 menciona
explícitamente
a Jesucristo en varias de sus canciones, aunque rehuye de
los religiosos, los legalistas y de aquellos que ven en su
denominación, historia y tradiciones el camino de
la salvación. El impacto que cientos de miles inconversos
han recibido en los conciertos de U2 ha despertado inquietudes
espirituales que de otro modo nunca hubieran llegado a ellos.
El ejemplo práctico de Bono, las profundas odas a
la Gracia de Dios y los interminables Aleluyas que desfilan
por el escenario pueden considerarse como un inédito
llamamiento de redención en los tiempos que corren.
El “ahora es tiempo de salvación, ahora es tiempo
de volverse a Dios” o las oraciones y letras del tipo “para
la verdadera batalla final ya venció Jesús” -Sunday
Bloody Sunday- deben ser una inspiración para aquellos
grupos musicales que no se han planteado dar el salto a los
Pubs, los callejones, los Campus Universitarios y en definitiva
a aquellos lugares olvidados por la iglesia intramusical
e intratodo.
Bono no es Dios ¡¡¡y además fuma
como Hans Rookmaker!!!, pero todos nos necesitamos, y el
mundo hispanohablante necesita artistas, futbolistas, literatos,
periodistas, obreros, amas de casa, pintores, taxistas, y
todo tipo de personas que no se avergüencen de Cristo
allí donde estén desplegando su vida, su trabajo,
su arte... su todo, porque la capacidad de despliegue ya
es un don divino en sí mismo. Me alegro por quienes
ya lo hace y trascienden ante los ojos ajenos con todas las
imperfecciones que puedan llevar consigo... ¡para eso
está la Gracia!. Me despierta la ilusión ver
a artistas como Kesia, a aquellos que se arriesgan a este
viaje espiritual con todo lo que conlleva. Necesitamos más
Bonos, más valientes dispuestos a impactar a una generación
confusa y a confrontarse con espíritus religiosos
que no pueden concebir que el arte de los Hijos de Dios reavive
la escarcha de la noche. Seguiremos velando, pero queremos
más.
(1)http://www.elpais.es/suplementos/eps/eps2002_06_16/p1.html
Luis Marián trabaja en
Madrid como documentalista en la Universidad Carlos III,
y Coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al
diálogo con los no creyentes. |
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