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Número 11 - 14 de noviembre, 2003
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dLirios y troyanos
LUIS MARIÁN

Con la Música a otra parte

Entiendo que el arte no tiene confesión ni necesidad de arrepentimiento y por eso, a pesar de que yo también lo digo, no acabo de ver del todo expresiones del tipo: “música cristiana” ó “literatura del mundo”. Más bien tendríamos que referirnos a música o cine de temática cristiana o religiosa. Sobre todo porque el maniqueísmo conceptual se hace aún más insufrible cuando uno se da un garbeo por cualquier librería de temática religiosa y descubre los pasajes del horror teológico que se pueden hallar bajo títulos piadosos.

Pero ese no es el tema. El motivo de esta reflexión parte de la alusión a los músicos cristianos (haciendo hincapié en la banda P.O.D.) que Protestante Digital recoge esta semana. Y me alegro enormemente que muchos redimidos hayan decidido saltar a las calles, a los oídos y en definitiva a las almas de aquellos que, de momento, no tienen ninguna intención de pisar una iglesia.

Eso demuestra que en el cuerpo de Cristo nos necesitamos unos a otros. Y es que en el último siglo, sobre todo en las distintas artes, los cristianos sufrimos una especie de atrofia en cuanto a órganos externos se refiere. Sí, porque resulta increíble ver como cualquier congregación, por pequeña que sea, tiene a sus virtuosísimos artistas. Todos damos gracias a Dios por esos músicos que cantan alabanzas de puertas hacia dentro, son necesarios y muchos nos resultan de enorme inspiración, pero preguntémonos: ¿Alguien los conoce de puertas hacia afuera?

Seamos sinceros, en la España de hoy no serán muchos los que entren a una iglesia para oír las letras retadoras de nuestros artistas evangélicos. En estos momentos los hispanohablantes tenemos déficit de nuestros propios P.O.D., Evanescence y Audio Adrenaline. Y no digamos ya un Bono, el carismático líder de U2, quien ha dado lugar a que la portada del TIMES se preguntara: “¿Puede Bono salvar el Mundo?”. Y es que el músico irlandés, además de encabezar el movimiento de condonación de la deuda externa, ha sido capaz de convencer al mismísimo Paul O´Neill, Secretario del Tesoro de EE.UU., para que le acompañase a visitar in situ la repugnante miseria de África. No sabemos si sirvió de mucho, pero el desafió cristiano ahí quedó: “Jesucristo dijo: Alimentad a los hambrientos y me alimentaréis a mí. No podemos negarles a otros lo que reclamamos para nosotros” fue el directo reto de Bono hacia el señor O´Neill(1).

El vocal y compositor de U2 menciona explícitamente a Jesucristo en varias de sus canciones, aunque rehuye de los religiosos, los legalistas y de aquellos que ven en su denominación, historia y tradiciones el camino de la salvación. El impacto que cientos de miles inconversos han recibido en los conciertos de U2 ha despertado inquietudes espirituales que de otro modo nunca hubieran llegado a ellos. El ejemplo práctico de Bono, las profundas odas a la Gracia de Dios y los interminables Aleluyas que desfilan por el escenario pueden considerarse como un inédito llamamiento de redención en los tiempos que corren. El “ahora es tiempo de salvación, ahora es tiempo de volverse a Dios” o las oraciones y letras del tipo “para la verdadera batalla final ya venció Jesús” -Sunday Bloody Sunday- deben ser una inspiración para aquellos grupos musicales que no se han planteado dar el salto a los Pubs, los callejones, los Campus Universitarios y en definitiva a aquellos lugares olvidados por la iglesia intramusical e intratodo.

Bono no es Dios ¡¡¡y además fuma como Hans Rookmaker!!!, pero todos nos necesitamos, y el mundo hispanohablante necesita artistas, futbolistas, literatos, periodistas, obreros, amas de casa, pintores, taxistas, y todo tipo de personas que no se avergüencen de Cristo allí donde estén desplegando su vida, su trabajo, su arte... su todo, porque la capacidad de despliegue ya es un don divino en sí mismo. Me alegro por quienes ya lo hace y trascienden ante los ojos ajenos con todas las imperfecciones que puedan llevar consigo... ¡para eso está la Gracia!. Me despierta la ilusión ver a artistas como Kesia, a aquellos que se arriesgan a este viaje espiritual con todo lo que conlleva. Necesitamos más Bonos, más valientes dispuestos a impactar a una generación confusa y a confrontarse con espíritus religiosos que no pueden concebir que el arte de los Hijos de Dios reavive la escarcha de la noche. Seguiremos velando, pero queremos más.


(1)http://www.elpais.es/suplementos/eps/eps2002_06_16/p1.html


Luis Marián trabaja en Madrid como documentalista en la Universidad Carlos III,
y Coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con los no creyentes.
 
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