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Número 11 - 14 de noviembre, 2003
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Historias sin cuento
MARIO ESCOBAR

Teatro de Oro y Contrarreforma

III - Religiosidad popular, superstición y adoctrinamiento


Uno de los propósitos de la Contrarreforma siempre fue dar pasos hacia un paulatino adoctrinamiento de las masas populares, muchas veces regidas por las más burdas supersticiones.

El aspecto religioso de la sociedad española en la Edad Moderna es inequívoco. El miedo a la muerte, mucho más cercana que en la actualidad, al infierno, a los demonios y todo tipo de seres diabólicos, a la brujería, las fuerzas de la naturaleza y el propio futuro, actuaban como reforzadores de la búsqueda de lo trascendente. Naturalmente esta búsqueda no se hacía por los medios oficiales, dictados por la Iglesia Católica y las autoridades civiles.

Las blasfemias eran algo común en la sociedad de la época, a lo que hay que unir la falta de asistencia a misa o el escepticismo hacia algunas doctrinas de la Iglesia Romana.

La Iglesia Católica realizó un verdadero esfuerzo educativo, no sólo desde el terreno de la represión, fomentando la edición de libros de vida de santos, la beatificación y canonización de varias personas. Otra de las ideas más difundidas por el clero fue el culto a la virgen, la creación de nuevas cofradías, la promulgación de nuevas fiestas religiosas y la prohibición de otra de carácter pagano.

El control del clero y la feligresía fue más riguroso, se crearon nuevos confesionarios que evitaban el contacto físico. Las imágenes religiosas se potenciaron con la intención de aumentar la devoción. Todas las medidas religiosas no impidieron que sobrevivieran costumbres e ideas supersticiosas. La Inquisición no se empleó a fondo para erradicar la brujería , dato que resulta curioso dado su gran afán por terminar con toda ortodoxia.

El pueblo cansado y agotado de sus innumerables sacrificios, buscaba desesperadamente cualquier cosa que pudiera entretenerlo. Al no poder acceder a la literatura, los toros, algunas fiestas populares, los bailes y el teatro fueron sus únicas válvulas de escape, pero antes de hablar de esto estudiemos brevemente como eran lo líderes religiosos en la Edad Moderna y su influencia social.

El Teatro: de expresión popular a instrumento de adoctrinamiento de la Iglesia Católica.

Los comienzos del teatro en la Europa cristiana tienen como origen la devoción religiosa. Los gremios de artesanos comenzaron por organizar pequeñas representaciones religiosas para celebrar algunas de las más significativas fiestas cristianas como: la Pasión, Reyes y Navidad. Las obras teatrales también trataban sobre misterios religiosos (concepción virginal, Trinidad, Purgatorio) y vidas de santos.

Como es natural los diferentes gremios competían entre si para realizar las representaciones más espectaculares, lo que llevó a una lenta profesionalización de los actores, que en principio se dedicaban de forma voluntaria a ellas. Los autos, las danzas, bailes y otros tipos de entretenimientos se fueron complicando, lo que exigía más tiempo y dedicación.

La Iglesia Católica no tardó mucho en reglamentar y potenciar esta forma popular de representación religiosa, ya que vio en ella un medio para adoctrinar a las masas. De esta forma, las sencillas historias bíblicas o las edificantes vidas de santos, formaban a la gente sencilla. No olvidemos que los oficios religiosos se hacían en latín, y que la formación religiosa del pueblo no pasaba de la memorización de algunas sencillas oraciones, el Credo y poco más.

Naturalmente la Iglesia Católica condenaba el teatro secular y contribuyó a su persecución. En el año 1600 Felipe III pone fin a la prohibición de montar espectáculos teatrales, promulgada por Felipe II en el año 1582. En este caso vemos una discrepancia entre las autoridades religiosas y civiles, lo que anuncia una futura pérdida de poder de las primeras.

Aunque el estado concedieses libertar de formar compañías, estas estaban sujetas a varias condiciones de carácter religioso. La temporada teatral la regía el calendario religioso. Comenzaba con la Pascua de Resurrección y terminaba el martes de Carnaval. Después de esto las compañías se preparaban para las representaciones de la fiesta del Hábeas.

Los cómicos y actores tenían fama de gente irreverente e inmoral, por lo que en la legislación del 1587, que regulaba la participación de las mujeres en las compañías teatrales, se exigía que estas estuvieran casadas o fueren menores de padres dedicados al teatro.

Todas los tipo de compañías, gangarilla, cambaleo, garnacha, bojiganga y farándula, llevaban diferentes autos religiosos, que de una manera directa adoctrinaban a la gente sencilla.

Aunque la Iglesia Católica no logró prohibir las representaciones teatrales en las corralas, presionó para que hombres y mujeres estuvieran separados y prohibió a sus sacerdotes asistir a ellas.

Los textos eran censurados. Primero existía la propia censura realizada por el autor de comedias , después venía la censura eclesiástica y la obra podía llegar a ser prohibida e inscrita en los índices de libros prohibidos. Aunque el rigor se ponía más en los contenidos doctrinales que morales.

El libro de Calderón de la Barca, La Dama Duende, aunque es una clara obra de capa y espada, encierra alguna de las costumbres y creencias de la época. De echo la obra es una burla a los supersticiosos. En un principio el criado, Cosme, es el más supersticioso, lo que realza las ideas supersticiosas de las clases humildes, pero hay varias escenas en las que el protagonista Don Manuel también se contagia de ellas.

Otro de los rasgos de la obra nos muestra la reclusión de la mujer, su falta de derechos y los rígidos principios morales, basados en la religiosidad. Durante la obra se ve la lucha de la lógica racional del amo contra la superstición de su siervo. Calderón echa por tierra las supersticiones, en el Discurso Tercero, página 75, se burla de los que creen en las supersticiones.

Algunos estudiosos han sugerido que detrás de este libro puede estar la defensa al Conde-Duque de Olivares, que había sido acusado de ejercer una influencia maléfica sobre el rey. La defensa estaría motivada por el interés de calderón por entrar en la secretaría del valido. De todas formas lo que destaca es como un autor literario utiliza su obra para transmitir una postura cristiana y racional, frente a otra supersticiosa.

El teatro fue sin duda un transmisor de valores y por tanto un instrumento directo e indirecto de adoctrinamiento de la población.

1 En Trento se crearon fiestas religioso como: El Ángel Custodio (29 septiembre). También se elevó el rango de otras como el día de San José.
2 Algunas de las prohibidas fueron el Carnaval y ciertas procesiones pidiendo lluvia o contra epidemias.
3 Ricardo García Carcel en su libro: La Cultura del Siglo de Oro , dice con respecto a la actitud hacia la brujería: “La razón quizá sea que la Inquisición debió ocuparse de otros problemas ideológico-religiosos más inquietantes...”
4 El autor de comedias era el director de la compañía. También se le denominaba maestro de hacer comedias. Muchas veces él mismo no las escribía, tan sólo las dirigía y producía.




Mario Escobar Golderos es licenciado en historia y director de las revistas “Historia para el debate” y “Kerigma"

 
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