| Cuerpos
en la orilla Sobre la húmeda arena, aparecen
yertos los restos de jóvenes hombres que aferrados a
una quimera apostaron todo lo que tenían en pos de una
ilusión. Pero la vida, al repartir sus cartas, les jugó una
mala pasada, regalándoles un billete de ida hacia una
muerte trágica. Entre olas heladas y espuma blanca van
llegado a su destino. Amargo final para tanta lucha.
Desde el pasado mes de octubre, el mar del que tantas veces
escribo y al que tantas veces recurro, se ha convertido en
un lugar de luto donde aparecen sin vida cuerpos anónimos
de quienes desearon llegar hasta el otro lado del estrecho.
Vienen en busca de trabajo, anhelando hallar un mejor futuro
para ellos y los suyos. Desgraciadamente muchos no logran
conseguir tan ansiado sueño, pues el mar, cual enemigo
implacable, les siega la existencia ofreciéndoles
un beso frío y mortal. Les asaltó una tempestad, tomándolos por sorpresa.
Cayó la noche y ateridos pensaron ilusoriamente que
el temporal cesaría dándoles una tregua para
así poder alcanzar tierra firme. Se equivocaron. Por
desgracia la realidad es a veces demasiado cruel. Poco a poco, los sueños se desvanecerían entre
el oleaje. Oscuras horas, minutos, momentos de angustia que
quedarán sepultados por siempre en la inmensidad del
océano. La misma playa que hace escasamente tres meses aparecía
plagada de sombrillas multicolores, hoy se viste de cilicio
ante la desventura que llega arrastrada hasta su orilla,
cuerpos desfigurados que te hacen sentir conmoción
e impotencia. Sé que en alguna parte alguien llorará amargamente
estas pérdidas. Ausencias que poseen nombres propios,
desconocidos para nosotros, pero apreciados por quienes han
de vivir separados de ellos. Ayer, en una de esas playas ofrendaron flores, la arena
quedó salpicada por diversos ramos que muchos llevaron
como señal de duelo. Lo vi de lejos, emocionada, pensando
en quienes desde la distancia mirarán hacia esta bahía
y pese a todo el infortunio que les persigue, seguirán
deseando alcanzar la costa, atravesar el estrecho y conseguir,
con algo de suerte, llegar a este "semiparaiso" y
ser un poco mas libres.
Yolanda Tamayo es colaboradora de
la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2003, España
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