| Evan–gélidos Definirles abiertamente como “sepulcros blanqueados” (Mt.
23:27) es sin duda fuerte, políticamente incorrecto,
pero… cierto. Todo en ellos es fachada; por dentro, corazones de piedra.
Inevitablemente, te recuerdan el versículo del “metal
que resuena o címbalo que retiñe…” (1
Cor. 13:1). Acuden “religiosamente” al culto; es más,
actúan como “propietarios” de las iglesias –y
es que en muchos casos, en efecto, lo son–. Lo tienen
todo: el certificado de la ortodoxia, la llave de las esencias
doctrinales, las pautas de la liturgia… en su manifestación
más mecánica y distante. Como el mármol,
son tan distinguidos y suntuosos como… fríos.
Manuel López Rodríguez,
es periodista, director de la revista FOTO,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid
© Manuel López Rodríguez, Madrid, España. E.T. Recordaba vagamente haber oído
hablar de él, pero ignoraba por completo la ingente
producción literaria –miles de artículos
y bosquejos de sermones, la mayoría inéditos– que
dejó a su muerte Dardo Bruchez, más conocido
como “Epaminondas Talero”. Su hija Alicia, a quien conocí en el reciente Encuentro
de Escritores de Alcalá, me regaló un librito
sorprendente, extraordinario, que leí de un tirón:
“La vida de Juan Bueno”. Epaminondas Talero se
retrata como uno de los escritores cristianos más sinceros
y valientes que conozco. A los misioneros les describe como
“Esos elegantes deportistas del Evangelio que jamás
dicen lo que ganan”.
Manuel López Rodríguez,
es periodista, director de la revista FOTO,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid
© Manuel López Rodríguez, Madrid, España.
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