Los ojos, dicen, son el espejo del alma. ¿Has sabido leer,
en la portada de la revista, lo que estos ojos decían? ¿has
entendido el grito callado de esclavitud y miedo? No es fácil.
Estamos rodeados de ojos que nos miran y que no vemos. Muchos nos
quieren hablar de encierros que, invisibles o no, pasan desapercibidos
a nuestra perspectiva. Aprendamos a mirar a los que nos rodean de
corazón a corazón.
Lo esencial es invisible a los ojos. Sólo se ve bien con
el corazón (Antoine de Saint Exupery)
Porque Dios no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo
que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón
(1 Samuel 16:7).
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