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La
pasión, según Bach
Salía
de viaje algo tarde para mi congreso, nervioso y con prisa
pero dispuesto a disfrutar por una vez de la música
que más me gusta, sin mi prole de bárbaros
que me imponen sus estruendosas depravaciones musicales
en los viajes. Escuchaba “La Pasión según
S. Mateo”, de J. S. Bach; me la sé casi de
memoria, pero cada vez que vuelvo a ella me trae un nuevo
mensaje, una nueva riqueza. De repente, para mi desesperación,
vi que el tráfico estaba cortado; dos coches habían
chocado frontalmente.
Me paré en el arcén y
fui a ayudar. Varias chicas estaban temblando de nervios,
pero nadie tenía nada grave; su coche había
salido de una casa cercana, un prostíbulo, y no habían
visto al otro coche. Eran todas extranjeras; una de ellas
tenía una contusión en un hombro; mientras
la atendía, pensaba en la odisea que habría
recorrido hasta aquí, qué situación
habría dejado en su país, qué esperanza
habría puesto en este lado del mundo, me preguntaba
si habría iniciado su actividad aquí engañada
o bien consciente de lo que le esperaba; seguí pensando
en la miseria de quienes compran la dignidad de una chica
por precio, o de quienes se lucran de esto; tampoco, pensé,
podría aprobar la decisión de esta chica, me
acordaba de las palabras de Jesús a la adúltera: “ni
yo te condeno”, pero también “no peques
más”.
A las chicas se les veía incómodas de que
la gente que se acercaba las identificase con el club cercano.
Cuando llegó la guardia civil, su nerviosismo fue
en aumento; pensé que podría ser porque tenían
problemas de papeles y, en efecto, les pidieron su identificación.
Seguía preguntándome qué historia tendría
detrás la chica a la que estaba atendiendo; un guardia
civil le pidió la documentación y, al abrir
su cartera, se me abrió toda su historia: una foto
menuda, un niño moreno, de mirada clara, su hijito.
Una pequeña foto: todo un mundo.
Llegó una ambulancia y seguí mi camino. Seguía
sonando “La Pasión” de Bach; otra vez
me traía un nuevo mensaje: muchos compraban por precio
la dignidad de aquella chica, muchos despreciaban su oscura
vida, pero su dignidad y su vida no tenían precio,
su coste era inmenso: toda la sangre de Jesús.
X. Manuel
Suárez es médico y escritor
© X. M. Suáres, ProtestanteDigital.com, 2003, España |
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