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El
próximo atentado, en Europa
La continua
sangría de atentados en Irak muestra que los aliados
no tenían una previsión clara de lo que podría
ser la postguerra: su modelo de un Irak democrático
con libertades garantizadas, futuro paradigma para países
vecinos, era ideal, incluso para quienes se opusieron a
la intervención militar. Pero parece que están
renunciando a él y se contentarán con establecer
cuanto antes un gobierno autóctono estable; ¿cuál
es el problema?
Una importante parte de la opinión
pública europea, empezando por los medios de comunicación,
entiende que los aliados están pagando las consecuencias
de su intervención, que el pueblo iraquí no
les acepta y muestra así su rechazo a una invasión
extranjera; es, en fin, una respuesta anti-americana. Pero
la realidad nos trae hechos que no encajan de ningún
modo con esta fácil interpretación: ¿Cómo
debemos interpretar, entonces, el ataque a la sede de la
ONU? ¿no fue en la ONU en donde más violenta
oposición encontraron los planes de Bush? ¿Cómo
interpretar, entonces, los ataques selectivos a hoteles que
albergan periodistas? ¿no son los periodistas quienes
en sus crónicas muestran mayoritariamente la más
rotunda oposición a la política americana en
Irak? ¿Cómo interpretar, finalmente, el ataque
a la sede de la Cruz Roja-Creciente Rojo, el único
de este tipo en toda su historia?
La interpretación simple que citaba no explica de
ninguna manera estas acciones, y es sorprendente, imprudente
y temerario que nadie haya planteado estas preguntas públicamente.
¿Qué hay detrás de estos ataques? Odio
a los valores de Occidente, odio indiscriminado que no distingue
entre los europeos que apoyan a Bush y quienes le condenan,
odio proclamado y contagiado desde las mezquitas; no nos
engañemos: su enemigo no es ya el tío Sam imperialista,
sino los valores espirituales y culturales de Occidente,
y esto incluye las figuras de la ONU, la Cruz Roja y la libertad
de prensa, figuras que identifican, con razón, con
los valores cristianos de la cultura occidental.
En su cabeza
no cabe el laicismo, un fruto espiritual del protestantismo
(en un país de mayoría islámica,
el laicismo sólo se puede imponer por la fuerza, como
en Turquía). Como cristianos, no nos podemos conformar
con los análisis simples, reduccionistas : nosotros
sabemos que el problema está en el corazón
de las personas y los pueblos, que en este caso se manifiesta
en un conflicto de valores espirituales. No nos engañemos:
Europa (con su mayoritaria postura anti-yanqui) y los valores
cristianos de nuestra cultura de libertades y laicismo, están
en el punto de mira de los islamistas; el próximo
atentado de Al Qaeda lo veremos en Europa.
X. Manuel
Suárez es médico y escritor
© X. M. Suáres, ProtestanteDigital.com, 2003, España |
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