| Ser
cristiano en la sociedad secular Para muchos cristianos no es fácil
comunicar su fe en medio de una sociedad secularizada. Incluso
para muchos pastores y sacerdotes, entre otras cosas, porque
en muchos ambientes secularizados se da un rechazo del profesional
de la religión. De ahí la importancia de la concienciación
de los laicos para la evangelización en la sociedad
secularizada. La sociedad cuestiona cada vez más los
discursos religiosos y los cuestiona con su simple pasividad
e indiferencia ante ellos. Y no todo es culpa del receptor.
Gran parte del problema proviene también de los cristianos
que quieren comunicar a la sociedad su vivencia de la fe. Mucho
del discurso de la Iglesia y de los creyentes, es un discurso
que queda en lo abstracto, en lo puramente teórico en
un mundo que demanda compromisos prácticos. Por eso
lo ven como ininteligible y como un discurso que no hace frente
a los problemas profundos del hombre de hoy. De ahí que
la Iglesia debería cambiar su discurso y que el cristiano
debería reformular sus expresiones, sus ideas, sus conceptos
e imágenes para que fuera un discurso acorde con las
necesidades del hombre actual.
Aunque la palabra es tan importante en todo el contexto bíblico,
hay que afirmar que no son sólo las palabras las que
van a ir mostrando al Dios de la misericordia y de salvación,
sino que el cristiano debe hacer vida en él estas palabras
y convertirlas en convicciones que se encarnen en la realidad
y que devengan en compromisos con el hombre mismo: compromisos
de justicia, de solidaridad y de preocupación por el
dolor de los hombres. Un discurso precioso sobre Dios, pero
que esté de espaldas al dolor de los hombres, más
puede alejar que acercar al hombre de la sociedad secular a
la experiencia del Dios de la misericordia, del amor y del
perdón. La práctica de la justicia y del compromiso
con los débiles, son vitales para el testimonio cristiano.
Tenemos que seguir los estilos de vida y las prioridades de
Jesús, quien tanto se preocupó por los oprimidos
y los que quedaban tirados de forma inmisericorde al margen
de la sociedad. Él no sólo predicó una
salvación escatológica, sino que se manchó las
manos como buen samaritano.
De ahí que el campo de misión del cristiano
no se encuentre solamente en el interior de las iglesias,
sino que el cristiano debe estar allí donde está el
conflicto, allí donde está la problemática
social, allí donde mejor se expresan las profundas
inquietudes del hombre de hoy. Los lugares donde se da la
mayor fractura social deberían ser el campo de misión
prioritario de los creyentes. Y aquí el laico solidario
y evangelizador podría tener una ventaja tremenda.
El laico, más que como un profesional de la religión,
se puede pasear como un hombre en compromiso, un agente de
liberación en medio de un mundo en conflicto. De ahí que
los pastores y sacerdotes deberían aceptar como misión
preferente y prioritaria, la formación de laicos que
puedan ser agentes de evangelización comprometida
en los lugares de conflicto, así como en los centros
de trabajo y allí donde por su formación y
profesión pudieran abarcar diferentes campos o áreas
sociales donde mostrar un cristianismo en acción.
Nuestra acción debe desenvolverse allí donde
luchan y sufren las personas a las que queremos servir y
comunicar un mensaje de esperanza. Nadie se atrevería a negar, leyendo a los profetas
y reflexionando sobre la vida de Jesús, que la denuncia
de la maldad y de la opresión, así como la
lucha por la justicia y el servicio a los marginados y excluidos
de la historia, es parte integrante del anuncio del Evangelio. De ahí que yo a veces diga que la Evangelización
comporta tres facetas igualmente importantes: el anuncio,
la denuncia y la acción social evangelizadora en busca
de la justicia y de la dignificación de las personas. Juan
Simarro Fernández, licenciado en Filosofía,
escritor y director de Misión Evangélica Urbana
de Madrid.
© J. Simarro, 2003, Madrid, España. IR
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