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Habel:
todo es Vanidad
Hebel es el nombre artístico
de un querido músico y amigo. Su apodo, además
de sonar bien, no es otra cosa que un término hebreo
con varios significados, a saber: vapor, vanidad, neblina,
suspiro, sin sentido. Como se observa, todos los conceptos
poseen algún tipo de relación. Y es que decir
que la vanidad es una reacción vacía no sorprende
a nadie. Pero curiosamente, ninguno nos salvamos de agarrarnos
en mayor o menor medida al humo de lo presuntuoso, pues
el desear que los demás nos admiren, halaguen, idolatren
o simplemente lean nuestros artículos sobre la vanidad
no deja de ser algo muy nuestro.
Nos podemos volver avaros, deshonestos,
malvados (me refiero a convertirnos en algo peor aún
de lo que ya somos), o hasta traidores y embusteros con tal
de poseer una imagen molona. Todos sabemos de lo que hablo,
pues estas actitudes nos resultan tan cotidianas que en ocasiones
me planteo si no será el deseo de ser reconocido el
motor que mueve el mundo. Es una duda… Pero de lo que
sí estoy seguro es que ese orgullo destructor nos
puede llevar también a ser caritativos, eruditos,
pastores o intercesores entre otros nobles menesteres. Podemos
convertirnos en todas estas cosas tan loables tan sólo
para reforzar una falta de autoestima que quizás debería
haber mamado más de lo que Dios dice de nosotros en
lugar de entregarnos al poder corrosivo del “que dirán”.
Sí había algo que enfurecía al Cristo
de los evangelios era precisamente el hacer el bien por vanidad
religiosa: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante
de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera
no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en
los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta
delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas
y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto
os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des
limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” (Mateo
6, 1-3). La religión esclaviza, pero la religión
por vanidad esclaviza cien veces.
Y es que a pesar de las nítidas palabras de Jesús
seguimos buscando el reconocimiento de los otros, como si
la nueva vida que emana de la redención fuese un desfile
de modelos. Pero en el extraño Reino de Dios no existen
políticos que besan niños ante las cámaras,
ni famosos que visitan hospitales con un séquito de
fotógrafos. No, aquí no hay nada de eso. O
al menos no debería haberlo, pues así de raro
es el evangelio. Un estilo de vida donde sólo el reconocer
a otros (sin el “NOS” delante) es fuente de bendición.
Pues la vanidad como fin se convierte precisamente en eso… en
nuestro fin.
Como en una de las canciones de Hebel,
al dar rienda a nuestro oscuro “yo”, de repente se corta el río
de la unción y “la muerte empieza a morar en
tu interior y un gran muro oculta la fealdad y pestilencia
de un corazón que se pierde sin ver la luz, encerrado
en el calabazo donde no hay lugar para la inocencia”.
La vanidad es traidora porque se disfraza de identidad cuando
sólo es vapor de corrupción, o dicho en palabras
de Jesús: “todo el que quiere salvar su vida,
la pierde; y todo el que pierde su vida por mí y el
evangelio, la salva”(Marcos 8, 35). Lo que el Maestro
está diciendo es que lo único que puede hacernos
libres de verdad es Dios mismo. Nada más.
El caminar
cristiano es una consecuencia de la redención
y nunca un instrumento para nada. Mírate y evalúa
si hay algo de esto en ti. Yo en mí si lo veo, y quiero
seguir viéndolo para poder quitármelo de encima.
Porque el asqueroso humo de la vanidad no se evapora cerrando
los ojos ni tampoco con caretas antigás.
No podrás arreglarlo lanzándote al suelo porque
enseguida la habitación se llenará de gases
tóxicos y habrás perdido tu existencia en una
condición de probrecillo. Sólo decidiendo creer
lo que Dios dice de ti podrás “besar las nubes,
besar el cielo y volar, surcar los aires, unirte al cielo
y escapar” (Hebel). Sólo así.
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Luis Marián trabaja en Madrid
como documentalista en la Universidad Carlos III,
y Coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al
diálogo con los no creyentes. |
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