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Número 14 - 5 de diciembre, 2003
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A corazón abierto...
JUAN ANTONIO MONROY

Nos están tomando el pelo

El 3 de enero de 1979 se firmó en Roma una serie de acuerdos entre el Estado español y el Estado vaticano. El artículo II del Acuerdo sobre Finanzas establecía que “el Estado (español) se compromete a colaborar con la Iglesia católica en la consecución de su adecuado sostenimiento económico”.


¡ Y vaya si ha colaborado! El periodista Juan G. Bedoya, especializado en estos temas, escribió en el diario “El País” que España financia las actividades de la Iglesia católica con más de medio billón de las antiguas pesetas al año. Añadía que “sólo en salarios para los 33.440 profesores de religión el presupuesto es de 100.000 millones de pesetas. Otros 21.000 millones van a parar al sostenimiento de la burocracia diocesana, 67 diócesis y unas 22.500 parroquias.

Si el Estado estima que debe hacerlo, que le entregue a la Iglesia católica todas las reservas que pueda tener el Banco de España. Pero que piense el Estado en ese millón de españoles que profesan otras creencias, protestantes, musulmanes y judíos, que están discriminados respecto a la Iglesia católica.

En noviembre de 1992 el Estado español firmó varios acuerdos de cooperación con las iglesias evangélicas representadas en la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE). Once años después de la firma de esos Acuerdos, cuando se han cumplido 23 años de la ley de libertad religiosa de 1980, lo firmado por el Estado ha quedado en papel mojado. El proceso iniciado con la firma de los Acuerdos no sólo se ha parado, sino que está dando marcha atrás. Medio millón de evangélicos practican una religión distinta a la católica. Estos españoles, que cumplen con todos los deberes a los que están sujetos el conjunto de los ciudadanos, continúan siendo discriminados en temas como la financiación pública, la enseñanza de la religión en las escuelas, la atención de enfermos en los hospitales, cuarteles, cárceles, etcétera. Y de dinero, nada. Ya estamos cansados de pedir que se aplique a las iglesias evangélicas una de las dos modalidades que disfruta la Iglesia católica: o bien una subvención directa del
Estado, teniendo en cuenta, naturalmente, nuestra situación minoritaria en la sociedad, o que se incluya una casilla más en el impreso que regula el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y que los españoles destinen a nuestras iglesias lo que estimen conveniente.

Lo solicitamos al gobierno socialista presidido por Felipe González. Llevamos ocho años recordándoselo al gobierno del Sr. Aznar. Nada de nada. Ni uno ni otro. Ni aquél, ni este.

El actual gobierno ni nos toma en serio. Los que están algo más abajo dicen que el tema depende de los que están arriba. Los que están arriba se hacen los suecos. Entre unos y otros no están tomando el pelo.

¿Qué hacer?

Algo se me ocurre, pero no se si funcionará:

Denunciar el tema ante todos los medios de comunicación. Si es preciso, acudir al programa televisivo CRÓNICAS MARCIANAS o a la revista INTERVIÚ.

Presionar a los partidos políticos. Redactar un informe claro, conciso, bien documentado. Enviarlo a todos los representantes en el Congreso y en el Senado. A las Embajadas diplomáticas abiertas en Madrid. Llevar a cabo una ofensiva en la prensa internacional. Insistir en las alturas del Gobierno. Continuar aporreando la puerta. Llegar el Rey, a quien haga falta.

Si nada de esto funcionara, queda un último recurso: un número determinado de líderes evangélicos, elegidos entre los más gorditos, que se declaren en huelga de hambre frente al ministerio de Justicia.

A ver qué pasa..

© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2003 (España)

 
mARTEs
JOSÉ DE SEGOVIA
De par en par
JUAN SIMARRO
Orbayu
MANUEL LEÓN
dLirios
Luis Marián
Letra pequeña
MANUEL LÓPEZ
La voz
CESAR VIDAL
Claves
WENCESLAO CALVO
Íntimo
YOLANDA TAMAYO
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