E s p e c i a l e s
Número 15 - 12 de diciembre, 2003
  E D I T O R I A L

NOTICIAS

Internacional
España
Sociedad
Ciudades
España @l día

NEWS
From Spain
International
  HEMEROTECA
Especiales
Recortes de prensa
Números atrasados
Buscar

DOCUMENTOS
Históricos
Legales
Comunicados

INTERACTIV@
Tu opinión
Cartas
Libro de visitas
Chat
Foros

Recomendar

Agregar a favoritos
Página de inicio
¿Quiénes somos?
Patrocinada por:
Alianza
Evangélica
Española
miembro de:
European
Evangelical
Alliance
World
Evangelical
Alliance
dLirios y troyanos
Luis Marián

Los otros grafittis de Satán

“El mundo no está en peligro por las malas personas
sino por aquellas que permiten la maldad”,
Albert Einstein

El marketing del diablo es mucho mejor que el de Dios. Si uno quiere levantar expectativas respecto a un poema, película, o canción, mejor poner la palabra “Satán” en lugar del vocablo “Dios”, o no digamos ya en el lugar de “Jesucristo”. Bueno, si se quiere subir las ventas de la obra también se puede usar un truco: incluir términos divinos si se acompañan de otros del tipo “embuste” “oculto” “manipulación” u otras palabras susceptibles de paráfrasis agnóstica.

Una pintada realizada por satanistas en una iglesia ofrece más comentarios entre nosotros que la noticia de la restauración de un toxicómano por medio del Espíritu Santo. Y no es que lo de las pintadas sea para ignorarlo, pero ante estos sucesos muchos se olvidan de ser prácticos y empáticos y se enganchan al morbo de enarbolar las oscuridades del demonio provocando el deterioro espiritual de ingenuos oyentes… con lo que la actitud se convierte en una especie de exposición telebasuril de estilo evangelical. Los actos vandálicos nos recuerdan de nuevo que nos encontramos dentro de un mundo lleno de violencia, injusticias, prejuicios y pintadas en todo tipo de fachadas físicas y etéreas. No hay que olvidar que cuanto más desinteresadamente nos preocupemos por los necesitados y la sociedad en general, más propensos estaremos a la persecución y al rechazo, e incluso puede que más cercanos al despertar y avivamiento de la propia iglesia, porque la realidad es que eso del ghetto es tan cómodo como anticristiano. El caso es que nos encontramos ante una cuestión anatómica: cuanto menos nos miremos el ombligo más grafittis de todo tipo veremos en las paredes de nuestras iglesias, casas y vidas en particular. Lutero decía que si se acostaba sin haber recibido confrontación durante un día entero es que algo había fallado en su comportamiento. El autor de la carta a los hebreos es aún más contundente: “Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado” (12, 3-5). Toma tomate.

En ocasiones los propios creyentes, con nuestros espavientos y morbo, somos los principales promotores de los fans de Lucifer, somos –como se publicaba en esta revista- los mejores relaciones públicas de Halloween, y los que hemos visto grafittis en iglesias, no queremos hacer de abogado (sección merchandising) del diablo.

Los cristianos sabemos -o deberíamos saber- que además de lo que vemos con nuestros ojos existen también entes espirituales, que además son los verdaderos enemigos de nuestra lucha -Efesios 6,12-. Es tal la bíblica locura de esta creencia que para muchos creyentes la demonología está considerada un tema tabú de principio a fin. Sin embargo, para otros cristianos, se convierte en una fascinación enfermiza y nada bíblica de la que ya César Vidal nos avisa en su artículo “Magia y fe”. En ambos casos (movidos en ocasiones por contrareacciones doctrinales más que por un estudio riguroso de la Palabra) gana el de abajo.

Satanás tiene muchas caras, y la más llamativa es esa de los Marilin Mason y cruces invertidas, esa es la que emociona a muchos, pero siempre me ha asaltado una convicción: un satanista está más cerca de conocer a Dios que el indiferente postmoderno (muchísimo más numerosos estos segundos), y es que el satanista tiene inquietudes espirituales, el indiferente no; el satanista es más susceptible a ser reorientado, el indiferente no quiere orientación; el satanista sabe que Dios existe, al indiferente Dios da igual; el indiferente es tibio y no frío.

A menos que los pasotas espirituales hereden el Reino de los Cielos, el culto a Belcebú nos debe resultar tan espantoso como la adoración al dios Nadie o a Unomismo, y a lo que nos debe lanzar sobre todas las cosas es a velar en oración, buscar a Dios, ver si vamos por el buen camino, y no propagar sustos y aquelarres, que para eso ya está Stephen King. No nos inmunicemos todavía, recordemos que la sombra del Jesucristo sangriento y lloroso se alarga por igual sobre todos, incluso para el que no hace pintadas. Todos iguales, todos distintos, todos necesitados de la redención. Ojalá pronto nos escandalicemos también por la siguiente noticia: “Ciudadano impasible pasa por delante de una iglesia sin prestar atención al versículo de la puerta”. La aversión al Cristo tiene muchas caras y todas viven en el mismo lado.
  

Luis Marián trabaja en Madrid como documentalista en la Universidad Carlos III,
y Coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con no creyentes.

 
mARTEs
JOSÉ DE SEGOVIA
De par en par
JUAN SIMARRO
Orbayu
MANUEL LEÓN
dLirios
Luis Marián
Letra pequeña
MANUEL LÓPEZ
La voz
CESAR VIDAL
Claves
WENCESLAO CALVO
Íntimo
YOLANDA TAMAYO
. PUBLICIDAD


© 2003 Protestante Digital, España.
Las opiniones vertidas por nuestros colaboradores se realizan a nivel personal, pudiendo coincidir o no con la postura de la dirección.
Colabora: