| Fundamentalismo
laico No quiere
el señor Chirac, y con él más o menos
la mitad de los franceses, que se haga ostentación
de la propia confesión religiosa, ni proselitismo
en ningún lugar público, en defensa del laicismo.
Sin embargo, el laicismo no es la negación de la
religiosidad, sino la separación de la Iglesia(s)
y el Estado, con una relación de mutuo respeto.
El
laicismo de Chirac es tan fundamentalista como el de
quienes querrían obligar a llevar pañuelo
en la cabeza a la iraní Segirin Ebadi que recogerá el
Premio Nobel de la Paz.
Unos son fundamentalistas religiosos, que imponen a
una persona el vestirse de la forma que “ellos” creen
que es la correcta. El otro es un fundamentalista laico,
creando una indumentaria universal agnóstica,
religiosamente aséptica, a la vez que lleva la
separación Iglesia/Estado a la anulación
de la Iglesia por parte del Estado. Porque una Iglesia,
cualquier iglesia o confesión, tiene su sentido
de ser en el ”proselitismo” o predicación
de las propias convicciones; de la misma forma que un
partido político tiene un proyecto ideológico
inseparable de la meta de propagarlo cuanto más
mejor, salvo que no se crea realmente en las propias
ideas. Predicación o “proselitismo” entendido
como el derecho a la libre expresión de las propias
ideas y razones.
Desde luego, el trasfondo de la yihab o velo islámico
nos parece una agresión a la dignidad de la mujer,
pero hay mujeres que así lo quieren, como hay
monjas y curas célibes y con hábito, o
roqueros que se atraviesan a piercings y tatuajes en
esa religión que es la moda, su moda; a lo cual
tiene todo el derecho. Mientras las consecuencias no
sean graves e irreversibles, y no se entre en lo ilegal
(léase ablación genital y otras barbaridades
semejantes) estamos ante la elección personal
de la libertad de cada cual a escoger su mejor o peor
camino.
El auténtico trasfondo es que este tipo de laicismo
rígido en el fondo está cargado de una
profunda antireligiosidad, que lleva a una persecución
de todo lo que se parezca a una búsqueda o relación
auténtica con Dios. El Papa laicista acaba gobernando
-en nombre de la laicidad- la fe, la moral y su expresión
pública. La Inquisición laicista termina
impidiendo creer más allá de la intimidad
silenciosa del alma; y las Cruzadas laicistas prohiben
que se diga nada que cuestione las ideas arreligiosas
de la modernidad.
Creemos en un laicismo en el que todos los seres humanos
son iguales, al margen de sus creencias. Libres de expresarlas,
sean o no correctas para el resto, mientras no las impongan
y se limiten a vivirlas, aunque sea en público
(por cierto, no estaría de más que aquellos
islámicos que defienden la el uso de la yihab
en Europa exijan lo mismo en cuanto a los símbolos
religiosos en los países árabes, en los
que se puede ir a la cárcel por poseer o regalar
una Biblia).
Pedimos que el Estado legisle en bien de los ciudadanos,
y que la Iglesia(s) puedan desarrollar su acción propia
en la esfera espiritual en bien de sus feligreses, sin interferencias
mutuas ¿Será esto posible?
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