| ¿Ha
enterrado la ciencia a Dios?
¿HA ENTERRADO LA CIENCIA A DIOS?,
por John C. Lennox, Editorial CLIE,
CALLE Galvani 113, 08224 Terrassa (Barcelona) teléfono
93-7881669. Año 2003. 141 páginas.
En la introducción a este libro
Eliseo Vila afirma que “los contenidos del Evangelio
que predicamos siguen intactos y continúan manteniendo
para nuestra sociedad contemporánea el mismo valor
de respuesta que tuvieron en el contexto de nuestros antepasados.
Lo único que hace falta es incorporarlos a la rueda
del progreso”.
Es exactamente lo que hace John C. Lennox.
Profesor de matemática pura, Lennox compagina su actividad
académica con obras de divulgación bíblica.
El libro que nos ofrece la Editorial CLIE ha sido traducido
muy bien por Elena Flores de Sanz.
Opina el autor que la “idea de
que cada avance científico es un clavo más en
el ataúd de Dios está muy extendida entre el
público”.
El hecho de que esa idea negra esté
extendida no quiere decir que sea verdadera ni que tenga el
soporte de la razón. Los métodos de la ciencia
y los de la religión son radicalmente diferentes. Por
razón de su contenido y de su materia no tienen nada
en común, sino que sus modos de conocimiento son tan
desemejantes que no hay entre ellos puntos de analogía
o de provechosa comparación.
Los siete capítulos que componen
el libro de Lennox discurren por las verdades apuntadas. Para
el autor, la fe en Dios no es un mal a eliminar, como pretende
la ciencia más radicalmente atea. Muchas figuras ilustres
de la ciencia estarían de acuerdo en que Dios nos ha
entregado dos libros, el de la Naturaleza y la Biblia. Científicos
como Galileo, Kepler, Pascal, Boyle, Newton, Faraday, Babsbage,
Mendel, Pasteur, Kelvin y Clerk Maxwell eran creyentes cristianos.
“Su fe en Dios, lejos de ser un estorbo para su ciencia,
resultó ser la principal inspiración para ella”.
La última frase que Lennox escribe
en ¿HA ENTERRADO LA CIENCIA A DIOS? es bella y está
apoyada por toda la razón que pueda existir en el Universo.
Dice: “No hay muchas opciones; en el fondo sólo
dos. O bien la inteligencia humana debe en última instancia
su origen a la materia inconsciente y carente de propósito,
o bien hay un Creador. Es extraño que algunos afirmen
que la inteligencia les lleva a preferir la primera opción
a la segunda”.
Las grandes acciones de Dios no pueden
estar limitadas ni dependen de teorías científicas
que se suceden, se contradicen y se eliminan. Dios se manifiesta
en la revelación histórica, en la Biblia, y en
la experiencia religiosa del individuo.
Juan de Rabat
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