| Un
ejemplo a seguir Cuando en el año 1969, un
astronauta llamado Amstrong pisó por primera vez suelo
lunar, alguien exclamó una mítica frase que se
ha repetido desde entonces, decía algo así: “Un
pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para
la humanidad.” Cuando el pasado Domingo día 7,
se encomendó para el ministerio pastoral a la primera
mujer perteneciente a Asamblea Cristiana, rememoré aquella
frase, pensando que ese paso que Asunción Quintana daba
podía ser visto como el pequeño ascenso de una
mujer en la iglesia, pero es sin duda alguna un gran paso para
todas las mujeres cristianas, y para el resto del pueblo creyente. Durante años, la mujer ha estado relegada a tareas
específicas dentro del ámbito eclesial. Labores
honrosas todas ellas, pero en muchas ocasiones han sido funciones
determinadas, quedando excluidas de otras que se atribuían
solo y exclusivamente a los hombres. Es realmente positivo
comprobar como estas costumbres van cambiando y como hoy
en día -al menos en mi iglesia- podemos ser protagonistas
de actos como éste del cual escribo. Y no es que nos
hayamos subido al tren de la modernidad, ya que desde sus
inicios en Asamblea Cristiana se ha tenido en cuenta el ministerio
pastoral sin distinción de sexo. Me alegra que por
fin esto se vea realizado. Esta encomendación ha sido totalmente diferente a
otras tantas que he podido presenciar, el hecho de ser una
mujer la que accede a este nombramiento ha matizado, con
grata diferencia, un acto cargado de emotividad. Asunción Quintana ha abierto una brecha por la que
un halo de luz se nos cuela en favor de nosotras las féminas,
una luz mediante la cual poder ver más claramente
cuán importantes somos dentro del cuerpo de Cristo.
Nos ha regalado, sin saberlo, la oportunidad de trazar nuestros
ministerios mas allá de lo que hasta ahora creíamos
posible, y con certeza sé que muchas hermanas comenzarán
a plantearse si realmente pueden servir a Dios desde un púlpito. Me consta que el ministerio pastoral no es algo que se pueda
tomar a la ligera, sé del arduo trabajo que conlleva
liderar una iglesia. Pero al igual que ellos, los hombres,
pueden solícitamente prestar tales servicios al pueblo,
nosotras las mujeres no debemos quedar exentas de tales funciones. Hoy desde aquí mis felicitaciones para ella, una
mujer que además de ser madre, consejera, amante esposa
y poseedora de tantos otros atributos, toma la vara de mando
de una iglesia que la estima y ama por ser tal cual es, sencilla,
llena de amor hacia el prójimo y sobre todo... valiente. Gracias Asun.
Yolanda Tamayo es colaboradora
de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2003, España
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