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Número 15 - 12 de diciembre, 2003
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Yolanda Tamayo

Un ejemplo a seguir

Cuando en el año 1969, un astronauta llamado Amstrong pisó por primera vez suelo lunar, alguien exclamó una mítica frase que se ha repetido desde entonces, decía algo así: “Un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad.” Cuando el pasado Domingo día 7, se encomendó para el ministerio pastoral a la primera mujer perteneciente a Asamblea Cristiana, rememoré aquella frase, pensando que ese paso que Asunción Quintana daba podía ser visto como el pequeño ascenso de una mujer en la iglesia, pero es sin duda alguna un gran paso para todas las mujeres cristianas, y para el resto del pueblo creyente.

Durante años, la mujer ha estado relegada a tareas específicas dentro del ámbito eclesial. Labores honrosas todas ellas, pero en muchas ocasiones han sido funciones determinadas, quedando excluidas de otras que se atribuían solo y exclusivamente a los hombres. Es realmente positivo comprobar como estas costumbres van cambiando y como hoy en día -al menos en mi iglesia- podemos ser protagonistas de actos como éste del cual escribo. Y no es que nos hayamos subido al tren de la modernidad, ya que desde sus inicios en Asamblea Cristiana se ha tenido en cuenta el ministerio pastoral sin distinción de sexo. Me alegra que por fin esto se vea realizado.

Esta encomendación ha sido totalmente diferente a otras tantas que he podido presenciar, el hecho de ser una mujer la que accede a este nombramiento ha matizado, con grata diferencia, un acto cargado de emotividad.

Asunción Quintana ha abierto una brecha por la que un halo de luz se nos cuela en favor de nosotras las féminas, una luz mediante la cual poder ver más claramente cuán importantes somos dentro del cuerpo de Cristo. Nos ha regalado, sin saberlo, la oportunidad de trazar nuestros ministerios mas allá de lo que hasta ahora creíamos posible, y con certeza sé que muchas hermanas comenzarán a plantearse si realmente pueden servir a Dios desde un púlpito.

Me consta que el ministerio pastoral no es algo que se pueda tomar a la ligera, sé del arduo trabajo que conlleva liderar una iglesia. Pero al igual que ellos, los hombres, pueden solícitamente prestar tales servicios al pueblo, nosotras las mujeres no debemos quedar exentas de tales funciones.

Hoy desde aquí mis felicitaciones para ella, una mujer que además de ser madre, consejera, amante esposa y poseedora de tantos otros atributos, toma la vara de mando de una iglesia que la estima y ama por ser tal cual es, sencilla, llena de amor hacia el prójimo y sobre todo... valiente.

Gracias Asun.



Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2003, España
  
 
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