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Evan–fibios
Maestría absoluta en el insolidario pero efectivo
arte, tan de nuestro tiempo, de nadar y guardar la ropa.
Por principio, da la razón a todos; bueno, hace ver
como que da la razón a todos. Pero la verdad es que
no consta que jamás se haya comprometido abiertamente
con una postura clara, ya fuera sobre temas menores como
la aprobación del programa de actividades de la iglesia
para el año entrante o temas “fuertes” como
qué hacer con casos de homosexualidad en la iglesia.
Anfibio. Anfibio… evangélico, claro está.
O sea, que lo mismo nada que camina, según le convenga...
© Manuel López Rodríguez, Madrid, España.
Predicación
No falla: la vida de los grandes
hombres suele estar jalonada de historias pequeñas.
En cierta ocasión, una mujer acudió con su
hijo a ver Gandhi con un ruego especial:
-Mahatma, convence a mi hijo de que coma menos dulce, que
es malo para su salud…
Ella esperaba una prédica instantánea, pero
Gandhi permanecía callado.
Al cabo de un buen rato, habló.
–Vuelve dentro de quince días…
Cuando volvieron, el maestro expuso al chico con todo lujo
de detalles los riesgos de comer dulce.
La mujer no pudo evitar el reproche:
–Mahatma, vivo lejos y me has hecho volver. Bien podrías
haber convencido al chico de que dejase de comer dulce cuando
vine hace dos semanas…
–Te equivocas –respondió Gandhi–.
Primero tenía que quitarme yo mismo el hábito
de comer dulce…
Lo dicho: una historia pequeña desemboca en una lección
magistral…
“Amonestar o hacer observaciones a alguien para persuadirle
de algo” –la definición que de la voz ”predicar” da
el Diccionario– suena a disco rayado.
Predicar ¡con el ejemplo!, no sólo con el discurso,
debería ser no una opción, sino exigible a
todo orador evangélico.
Preguntad a los hijos de creyentes que han dejado de acudir
a la iglesia…
Manuel López Rodríguez,
es periodista, director de la revista FOTO,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid
© Manuel López Rodríguez, Madrid, España.
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