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Número 16 - 19 de diciembre, 2003
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Asun Quintana

No eches a Jesús de su fiesta

 

Cada año que se acerca la Navidad hay en mí, lo confieso, cierta aversión. Durante muchos años he sentido unas ganas inmensas de desaparecer en estas fechas, o de pasarlas en vaqueros y camiseta, y cenar huevos fritos con patatas. Si no fuera creyente lo haría así. No obstante creo que no soy la única que he tenido estos sentimientos. Dialogando de ello con creyentes han expresado estos mismos sentimientos, aunque somos, creo, una minoría.

Algunos aluden a la falta de rigor histórico en la celebración de la Navidad. Por ejemplo que Jesús no nació en Diciembre, sino en septiembre. Es decir un puro convencionalismo. Por otra parte, elementos como el árbol de Navidad, objeto de origen pagano, exactamente proveniente de los pueblos nórdicos, que colgaban las cabezas de sus enemigos de ellos; o el Papá Noel o Santa Claus, importado de la cultura anglosajona, o sin ir más lejos incluso los Reyes Magos, aunque tengan su protagonismo en al nacimiento de Jesús. Todo esto son añadidos y mezclas al verdadero significado de la Navidad.

A esto hay que añadir las celebraciones sin sentido. Las empresas organizan comidas de empresa, las familias se reúnen, aunque no se vean nunca, aunque no haya ningún tipo de relación; hay abundancia de comida, de bebida, de regalos, de juguetes para los niños, con gastos más allá del presupuesto… El consumismo se dispara, los comercios no dan abasto, la decoración, los colores y las luces….En definitiva, los excesos y abusos simplemente y con la excusa de que es NAVIDAD. Luces, pero también sombras de la Navidad.

Yo me pregunto y te pregunto: ¿Cómo celebras tú la Navidad?

Si eres cristiano celébrala como tal, pero si no lo eres están de más las celebraciones. Seamos consecuentes. Si durante todo el año no somos creyentes, no intentemos celebrar una fiesta eminentemente cristiana. Es como el que nunca pisa una iglesia, no quiere saber nada de “religión”, pero luego bautiza a sus hijos, y hacen la comunión, y la boda “por la iglesia”.

Si eres verdadero cristiano sabes que el autor de la Navidad es Jesús. Que la Navidad celebra el nacimiento más importante de la historia: el nacimiento de Jesús, Dios hecho hombre, en un humilde y pobre pesebre de Belén. Celebramos este nacimiento porque con él vino la salvación para la humanidad, la esperanza, la fe y el amor. Pero los excesos, en mi opinión, no son coherentes con el espíritu cristiano. Ni siquiera en los regalos de los niños.

Es verdad que los sentimientos y los afectos están a flor de piel; los recuerdos nos hacen más sensibles…Las ausencias de los que ya no están con nosotros se hacen más patentes. Deseamos estar con los seres más queridos. Es por esta razón que el índice de depresiones y suicidios aumenta en Navidad.

Está bien que expresemos el cariño y el amor en Navidad. Navidad es tiempo de amar, es tiempo de perdonar, es tiempo de dar….Pero es Dios el creador del amor, porque Dios es amor, y el nacimiento de Jesús es la máxima expresión del amor de Dios al ser humano, porque nació para morir y resucitar para nuestra salvación.

La Navidad es un tiempo apropiado- puesto que la gente está sensible y abierta a escuchar hablar de Jesús- para compartir el verdadero sentido de esta fiesta, para recordar que celebramos el nacimiento más trascendente de la historia de la humanidad. Lo más importante de la Navidad es que podamos ser diferentes en medio de la corriente de luces y consumismo que la envuelve y que nos quiere arrastrar.

Celebremos el cumpleaños de Jesús, pero ¡cuidado con echarle fuera de su propia fiesta! Jesús es el verdadero protagonista de la Navidad y por lo tanto, el que no debe faltar en nuestros hogares, en nuestras relaciones, en nuestras iglesias y en nuestros trabajos.

Repito la pregunta: ¿Cómo celebras tú la Navidad? ¿Te atreves a ser diferente?

 

Asun Quintana es pastora de Asamblea Cristiana en Madrid y Redactora-jefe de ACPress

© A. Quintana, Ventana Abierta, ProtestanteDigital.com, 2003 (España)

 
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