| No
eches a Jesús de su fiesta
Cada año que se acerca la Navidad
hay en mí, lo confieso, cierta aversión. Durante
muchos años he sentido unas ganas inmensas de desaparecer
en estas fechas, o de pasarlas en vaqueros y camiseta, y
cenar huevos fritos con patatas. Si no fuera creyente lo
haría así. No obstante creo que no soy la única
que he tenido estos sentimientos. Dialogando de ello con
creyentes han expresado estos mismos sentimientos, aunque
somos, creo, una minoría.
Algunos aluden a la falta de rigor
histórico en la celebración de la Navidad.
Por ejemplo que Jesús no nació en Diciembre,
sino en septiembre. Es decir un puro convencionalismo. Por
otra parte, elementos como el árbol de Navidad, objeto
de origen pagano, exactamente proveniente de los pueblos
nórdicos, que colgaban las cabezas de sus enemigos
de ellos; o el Papá Noel o Santa Claus, importado
de la cultura anglosajona, o sin ir más lejos incluso
los Reyes Magos, aunque tengan su protagonismo en al nacimiento
de Jesús. Todo esto son añadidos y mezclas
al verdadero significado de la Navidad.
A esto hay que añadir las celebraciones sin sentido.
Las empresas organizan comidas de empresa, las familias se
reúnen, aunque no se vean nunca, aunque no haya ningún
tipo de relación; hay abundancia de comida, de bebida,
de regalos, de juguetes para los niños, con gastos
más allá del presupuesto… El consumismo
se dispara, los comercios no dan abasto, la decoración,
los colores y las luces….En definitiva, los excesos
y abusos simplemente y con la excusa de que es NAVIDAD. Luces,
pero también sombras de la Navidad.
Yo me pregunto y
te pregunto: ¿Cómo celebras
tú la Navidad?
Si eres cristiano celébrala como tal, pero si no
lo eres están de más las celebraciones. Seamos
consecuentes. Si durante todo el año no somos creyentes,
no intentemos celebrar una fiesta eminentemente cristiana.
Es como el que nunca pisa una iglesia, no quiere saber nada
de “religión”, pero luego bautiza a sus
hijos, y hacen la comunión, y la boda “por la
iglesia”.
Si eres verdadero cristiano sabes que
el autor de la Navidad es Jesús. Que la Navidad celebra el nacimiento más
importante de la historia: el nacimiento de Jesús,
Dios hecho hombre, en un humilde y pobre pesebre de Belén.
Celebramos este nacimiento porque con él vino la salvación
para la humanidad, la esperanza, la fe y el amor. Pero los
excesos, en mi opinión, no son coherentes con el espíritu
cristiano. Ni siquiera en los regalos de los niños.
Es verdad que los sentimientos y los
afectos están
a flor de piel; los recuerdos nos hacen más sensibles…Las
ausencias de los que ya no están con nosotros se hacen
más patentes. Deseamos estar con los seres más
queridos. Es por esta razón que el índice de
depresiones y suicidios aumenta en Navidad.
Está bien que expresemos el cariño y el amor
en Navidad. Navidad es tiempo de amar, es tiempo de perdonar,
es tiempo de dar….Pero es Dios el creador del amor,
porque Dios es amor, y el nacimiento de Jesús es la
máxima expresión del amor de Dios al ser humano,
porque nació para morir y resucitar para nuestra salvación.
La
Navidad es un tiempo apropiado- puesto que la gente está sensible
y abierta a escuchar hablar de Jesús- para compartir
el verdadero sentido de esta fiesta, para recordar que celebramos
el nacimiento más trascendente de la historia de la
humanidad. Lo más importante de la Navidad es que
podamos ser diferentes en medio de la corriente de luces
y consumismo que la envuelve y que nos quiere arrastrar.
Celebremos el cumpleaños de Jesús, pero ¡cuidado
con echarle fuera de su propia fiesta! Jesús es el
verdadero protagonista de la Navidad y por lo tanto, el que
no debe faltar en nuestros hogares, en nuestras relaciones,
en nuestras iglesias y en nuestros trabajos.
Repito la pregunta: ¿Cómo celebras tú la
Navidad? ¿Te atreves a ser diferente?
Asun Quintana es pastora de Asamblea
Cristiana en Madrid y Redactora-jefe de ACPress
© A. Quintana, Ventana Abierta, ProtestanteDigital.com,
2003 (España)
|