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Número 16 - 19 de diciembre, 2003
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Psicoayuda
Francisco Gómez Moreno

ORIGEN DOMÉSTICO DE LA VIOLENCIA (I):
Maltrato de género y maltrato a la infancia

Ben F. Stahl

En anteriores artículos de Psicoayuda he expuesto los temas de la violencia en los ámbitos laboral y de la manipulación sectaria. Para seguir con esta serie de artículos sobre tan actual tema, no podía faltar una mención a la violencia de género sobre la mujer y el maltrato a la infancia, ambos tipos de violencia englobados bajo la denominación genérica de violencia doméstica y de actualidad diaria en las noticias de sucesos en todos los medios de comunicación.

Como introducción al tema del origen doméstico de la violencia, podemos empezar citando al prestigioso profesional de la salud mental, el Dr. Luis Rojas Marcos, que en el prólogo de su libro(1) “Las semillas de la violencia” nos dice lo siguiente:

“Las semillas de la violencia se siembran en los primeros años de vida, se cultivan y desarrollan durante la infancia y comienzan a dar sus frutos malignos en la adolescencia...La agresión sádica se produce sobre todo en situaciones de cautiverio, cuando la víctima, incapaz de escapar de su verdugo, es dominada por fuerzas físicas o psicológicas superiores.
Esta condición se da con especial frecuencia dentro del recinto impalpable de la familia. De hecho, los seres humanos tenemos una alta probabilidad de ser torturados física y mentalmente en la esfera privada del hogar, a manos de alguien supuestamente querido, de un miembro de nuestro propio clan.
Dentro del seno familiar, las mujeres y los niños han sido las víctimas tradicionales de la agresión maligna. Su menor fortaleza física les hace objetos más fáciles de explotación y de abuso. Por otra parte, a lo largo de los siglos, muchos principios culturales han impuesto la subyugación casi absoluta de la mujer al hombre y de los pequeños a sus mayores”.

En efecto, las indudables virtudes emocionales, afectivas, morales y educativas de socialización y preparación para la vida que tiene la familia, así como su valor de protección frente a las agresiones externas mediante el apoyo incondicional entre sus miembros, se quiebra en ocasiones cada vez más frecuentes, dando lugar a situaciones de auténtica indefensión, situaciones de indefensión invisibles desde el exterior.

Esta invisibilidad se explica por uno de los rasgos característicos del perfil del hombre violento considerado como maltratador, ya que representa una imagen social opuesta a la que tiene en el ámbito privado, de tal forma que fuera de casa puede ser educado, alegre, amable, seductor, solidario, atento y respetuoso, mientras que en el seno de la familia se muestra violento(2).

Continuará.


(1) Luis Rojas Marcos: “Las semillas de la violencia”. Ed. Espasa Calpe. 1995, Madrid.
(2) Ángeles Álvarez: “Para mujeres maltratadas”. Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid. 2001, Madrid.

© Francisco Gómez Moreno 2003. Licenciado en Psicología y Psicoterapeuta en ejercicio. Profesor de Consejería del Centro de Estudios Teológicos CET-CARISMA.

 
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