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ORIGEN
DOMÉSTICO DE LA VIOLENCIA (I):
Maltrato de género
y maltrato a la infancia
En anteriores artículos de Psicoayuda
he expuesto los temas de la violencia en los ámbitos
laboral y de la manipulación sectaria. Para seguir
con esta serie de artículos sobre tan actual tema,
no podía faltar una mención a la violencia
de género sobre la mujer y el maltrato a la infancia,
ambos tipos de violencia englobados bajo la denominación
genérica de violencia doméstica y de actualidad
diaria en las noticias de sucesos en todos los medios de
comunicación.
Como introducción al tema del
origen doméstico de la violencia, podemos empezar
citando al prestigioso profesional de la salud mental, el
Dr. Luis Rojas Marcos, que en el prólogo de su libro(1) “Las
semillas de la violencia” nos dice lo
siguiente:
“Las semillas de la violencia se siembran en los primeros
años de vida, se cultivan y desarrollan durante la
infancia y comienzan a dar sus frutos malignos en la adolescencia...La
agresión sádica se produce sobre todo en situaciones
de cautiverio, cuando la víctima, incapaz de escapar
de su verdugo, es dominada por fuerzas físicas o psicológicas
superiores.
Esta condición se da con especial frecuencia dentro
del recinto impalpable de la familia. De hecho, los seres
humanos tenemos una alta probabilidad de ser torturados física
y mentalmente en la esfera privada del hogar, a manos de
alguien supuestamente querido, de un miembro de nuestro propio
clan.
Dentro del seno familiar, las mujeres y los niños
han sido las víctimas tradicionales de la agresión
maligna. Su menor fortaleza física les hace objetos
más fáciles de explotación y de abuso.
Por otra parte, a lo largo de los siglos, muchos principios
culturales han impuesto la subyugación casi absoluta
de la mujer al hombre y de los pequeños a sus mayores”.
En efecto, las indudables virtudes emocionales, afectivas,
morales y educativas de socialización y preparación
para la vida que tiene la familia, así como su valor
de protección frente a las agresiones externas mediante
el apoyo incondicional entre sus miembros, se quiebra en
ocasiones cada vez más frecuentes, dando lugar a situaciones
de auténtica indefensión, situaciones de indefensión
invisibles desde el exterior.
Esta invisibilidad se explica por uno de los rasgos característicos
del perfil del hombre violento considerado como maltratador,
ya que representa una imagen social opuesta a la que tiene
en el ámbito privado, de tal forma que fuera de casa
puede ser educado, alegre, amable, seductor, solidario, atento
y respetuoso, mientras que en el seno de la familia se muestra
violento(2).
Continuará.
(1) Luis Rojas Marcos: “Las semillas de la violencia”.
Ed. Espasa Calpe. 1995, Madrid.
(2) Ángeles Álvarez: “Para mujeres maltratadas”.
Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid. 2001, Madrid.
© Francisco
Gómez Moreno 2003. Licenciado en Psicología
y Psicoterapeuta en ejercicio. Profesor de Consejería
del Centro de Estudios Teológicos CET-CARISMA. |