| ¿Compartiendo
soledades?
De mis soledades vengo y a mis soledades
voy, decía Machado. Y cantaba un sentir hondo
del ser humano. También el famoso psiquiatra Erich
From lo expresó escribiendo “Nacemos y morimos
solos, y en medio hay un paréntesis en el que buscamos
vivir en compañía para olvidar nuestra terrible
soledad”.
La Navidad se ha convertido, en mano de la sociedad actual,
en un negocio lucrativo. Pero es precisamente cuando más
se habla de amor, de amistad, de buenos sentimientos y de
calor familiar cuando más resalta el vacío que
existe bajo la máscara sonriente del teatro navideño.
La felicidad no se alquila por unas horas o días.
Por eso el ser humano, en su aislamiento actual, llama alegría
y compañía a un simple compartir las soledades.
Como la protagonista de la película “Casablanca”
decía a Humphrey Bogart (“aunque me mientas,
dime que me amas”) el ser humano actual pide “Aunque
me engañes, hazme sentir que no estoy solo”.
En medio de esta maraña de soledades entrelazadas
que se buscan sin encontrarse, uno de los contenidos del mensaje
y la vida de Jesús son más reales que nunca.
Uno de sus nombres, en la profecía del libro de Isaías,
es Emmanuel: Dios CON nosotros. No lejos de nosotros, ni por
encima de nosotros, ni ante nosotros.
Dios con nosotros significa que Aquel que no experimenta
la soledad nos ama hasta el punto de acercarse a nosotros,
una humanidad condenada a la soledad eterna para ofrecerle
una vida junto a él, CON él. Aunque ese acercamiento
de Dios-Jesús a nuestra realidad incluyese el llegar
a morir a manos de nosotros mismos, la jauría de lobos
solitarios y esteparios de Herman Hesse.
Dios con nosotros debe, sin embargo, llegar
a ser Dios conmigo. “A nadie que
viene a mí yo le hecho fuera”, diría
algo más de treinta años después el niño
judío que nació en Belén, cuando llegó
a afirmar también ser Dios mismo. Y los discípulos
que le encontraron en el camino a Emaús tras su muerte,
sin darse cuenta de que era El, comentaron al descubrir quién
era: “¿No ardía nuestro corazón
mientras le escuchábamos?” Jesús es quien
no nos rechaza, quien da cobijo y calor al alma humana.
No se trata de adoptar una religión o pertenecer a
una u otra Iglesia, algo igual de vacío e inútil;
sino pedirle a El que limpie y llene con su presencia el pesebre
de tu corazón. Para que puedas decir que Dios, realmente,
es contigo. Un milagro, vamos.
Y a partir de ese instante, mantengámonos asidos a
su mano extendida; que ya nunca nos dejará solos mientras
nosotros no la soltemos. Por este milagro hecho en nuestras
vidas trabajamos y vivimos, además de muchos otros,
los que realizamos este magazine de ProtestanteDigital.
En Su esperanza le deseamos, con todo nuestro corazón,
la mejor de las fiestas: que su alma no esté nunca más
solitaria, y que pueda disfrutar y compartir a Jesús
como el Padre y amigo eterno con otros. |