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Número 17 - 9 de enero, 2004
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Historias sin cuento
MARIO ESCOBAR

El avivamiento inesperado (Gales)

Los zapatos del predicador brillaban bajo la luz de los focos aquella calurosa noche de Verano. Desde abajo, a pocos metros de la plataforma, mis ojos se mantenían fijos en los negros y relucientes zapatos que paseaban de un lado a otro para detenerse de vez en cuando en un pequeño púlpito provisional. Entonces lo dijo, uso esa palabra, que en aquella época yo no conocía, pero al pronunciarla su melódica voz se quebró, cómo un gemido que salía de lo profundo de sus entrañas directamente. ¡¡AVIVAMIENTO!!

En España nunca ha habido un avivamiento. A no ser que entandamos como avivamientos los movimientos monásticos de Cluny y el Cister, los cátaros catalanes o el movimiento erasmista del siglo XVI.

Hace ya algunos años Alfonso Ropero comentaba en su libro Teología Bíblica del Avivamiento: “El avivamiento viene a remediar, cuando viene, una situación imposible de ser mantenida por más tiempo. Entonces el Espíritu vuelve a soplar sobre las cenizas...y la Iglesia experimenta una primavera espiritual”. Por eso el avivamiento siempre es inesperado.

En 1904 en una pequeña iglesia de New Quay del País de Gales (Reino Unido). Un grupo de jóvenes se dirigía a una reunión de oración, durante el camino empezaron a cantar por las grises calles del pueblo que les llevaban a la capilla. Evan Roberts, un minero de corta edad sintió algo especial en aquel breve paseo. Mientras oraba escuchó la voz de Dios anunciando una gran cosecha de almas en las verdes praderas de Gales. Aquel grupo de jóvenes comenzó una serie de cultos y campañas al aire libre, en unos meses miles de personas recibieron a Cristo como su salvador personal.

En una artículo de Miss Holoak, un político de la época, se puede leer: “En cinco meses de avivamiento (escribe el doctor Philipps) se han unido a las iglesias de 100.000 a 120.000 personas...Puedo afirmar que se sostienen el 75% de las conversiones (dice el rector Edwards, de Cardiff)...Puedo añadir que a menudo han demostrado ser más fieles aquellos que habían caído más bajo. En cuanto a la caída de los otros, creo que se debe -humanamente hablando- a la negligencia de los cristianos que no se han interesado lo bastante por ellos después de la conversión”.

La transformación de la sociedad galesa hunde sus raíces en este avivamiento que como un fuego se extendió a todas las clases sociales y las denominaciones del país. El sueño de generaciones se disipó desde plazas, parques y púlpitos, produciendo un nuevos despertar.

Hoy todavía resuena en mi cabeza el sonido del órgano eléctrico llamando a las personas a la conversión y recuerdo la gran cantidad de hombres y mujeres que caminaron hacia el frente en aquel caluroso verano del 78. ¿Quién se atreverá a comenzar el próximo avivamiento?



Mario Escobar Golderos es licenciado en historia y director de las revistas “Historia para el debate” y “Kerigma".

 
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