| El
avivamiento inesperado (Gales)
Los zapatos del predicador
brillaban bajo la luz de los focos aquella calurosa noche
de Verano. Desde abajo, a pocos metros de la plataforma,
mis ojos se mantenían fijos en los negros y relucientes
zapatos que paseaban de un lado a otro para detenerse de
vez en cuando en un pequeño púlpito provisional.
Entonces lo dijo, uso esa palabra, que en aquella época
yo no conocía, pero al pronunciarla su melódica
voz se quebró, cómo un gemido que salía
de lo profundo de sus entrañas directamente. ¡¡AVIVAMIENTO!!
En España nunca ha habido un
avivamiento. A no ser que entandamos como avivamientos los
movimientos monásticos de Cluny y el Cister, los cátaros
catalanes o el movimiento erasmista del siglo XVI.
Hace ya algunos años Alfonso Ropero comentaba en
su libro Teología Bíblica del Avivamiento: “El
avivamiento viene a remediar, cuando viene, una situación
imposible de ser mantenida por más tiempo. Entonces
el Espíritu vuelve a soplar sobre las cenizas...y
la Iglesia experimenta una primavera espiritual”. Por
eso el avivamiento siempre es inesperado.
En 1904 en una pequeña iglesia de New Quay del País
de Gales (Reino Unido). Un grupo de jóvenes se dirigía
a una reunión de oración, durante el camino
empezaron a cantar por las grises calles del pueblo que les
llevaban a la capilla. Evan Roberts, un minero de corta edad
sintió algo especial en aquel breve paseo. Mientras
oraba escuchó la voz de Dios anunciando una gran cosecha
de almas en las verdes praderas de Gales. Aquel grupo de
jóvenes comenzó una serie de cultos y campañas
al aire libre, en unos meses miles de personas recibieron
a Cristo como su salvador personal.
En una artículo de Miss Holoak, un político
de la época, se puede leer: “En cinco meses
de avivamiento (escribe el doctor Philipps) se han unido
a las iglesias de 100.000 a 120.000 personas...Puedo afirmar
que se sostienen el 75% de las conversiones (dice el rector
Edwards, de Cardiff)...Puedo añadir que a menudo han
demostrado ser más fieles aquellos que habían
caído más bajo. En cuanto a la caída
de los otros, creo que se debe -humanamente hablando- a la
negligencia de los cristianos que no se han interesado lo
bastante por ellos después de la conversión”.
La transformación de la sociedad galesa hunde sus
raíces en este avivamiento que como un fuego se extendió a
todas las clases sociales y las denominaciones del país.
El sueño de generaciones se disipó desde plazas,
parques y púlpitos, produciendo un nuevos despertar.
Hoy todavía resuena en mi cabeza el sonido del órgano
eléctrico llamando a las personas a la conversión
y recuerdo la gran cantidad de hombres y mujeres que caminaron
hacia el frente en aquel caluroso verano del 78. ¿Quién
se atreverá a comenzar el próximo avivamiento?
Mario Escobar
Golderos es licenciado en historia y director de las revistas “Historia para el debate” y “Kerigma".
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