Estado laic–atólico
Una serie de visitas a centros públicos durante
estas últimas semanas –hospitales, aeropuerto,
un cuartel de la Guardia Civil, un tanatorio, un cementerio…– me
propinó una violenta inmersión forzosa en
la confesionalidad católica nada “solapada” del
Estado Español.
Los deseables >lugares de recogimiento<, esto es,
santuarios para >todos< los ciudadanos, no son tal.
Son capillas católicas y punto.
En el aeropuerto de Barajas, un Niño Jesús
en el altar, presidido por un Cristo crucificado, flanqueado
por una Virgen y… ¡una placa dedicada al fundador
del Opus Dei!
¿Estado laico han dicho? Eso, en Francia, Aquí,
ordenan los de San Josemaría…

 |
 |
Foto: Evelio Gª
Sepúlveda. "Vendedora de te". Mercado de camellos
de El
Cairo,1994. Publicada en FOTO, 05/2003.
|
 |
En nuestro entorno evangélico
abundan, como nadie ignora, los textos pretenciosos, grandilocuentes,
llenos de frases hechas, lugares comunes, reiteraciones
de lo obvio, con dosis a destajo de moralina. Sobran autores
"doctos" y faltan autores. proféticos.
Juan Antonio Monroy sigue siendo, gracias a Dios, una bendita
excepción en esta línea. Un texto que gana
con el tiempo es su discurso de clausura del VII Congreso
Evangélico Español (1997): "La España
evangélica, camino del siglo XXI".
A los historiadores de mañana les costará
Dios y ayuda explicarse por qué rayos las instituciones
evangélicas no han financiado una edición
masiva de este texto, el discurso programático más
completo de la historia de la España Protestante.
Uno de los aspectos que destaca Monroy es que "el siglo
XXI será el siglo de las mujeres".
Ahí estamos. 2003 terminó de manera esplendorosa
con la instalación de Asun Quintana como la primera
mujer pastora de una denominación, la Asamblea Cristiana,
que o mucho me equivoco o es la primera en España
en llenar un templo de mil personas, su congregación
matriz en Jerez.
¿Será 2004 el año de la equiparación
de la mujer en el campo protestante?.
"Año nuevo, vida nueva"...
Algún año. tendrá que ser.

“Enséñanos
de tal modo a contar nuestros días, que traigamos
al corazón sabiduría...” (Salmo 90:12).
Ahí estamos. Como nadie ignora, para Dios mil años
son como un suspiro (v. 4). Pero para nosotros los mortales,
no. Los años... van cayendo.
En estas fechas en las que tres de cada cuatro españoles
celebran la Navidad y el Año Nuevo de manera “políticamente
correcta” –al cuarto/a, ya ven, dice una encuesta
que no le gusta la Navidad– procede hacer balance del
año (y, ya de paso, no estaría mal hacerlo también…
de vida), todos los colectivos anuncian sus “Premios
del Año”. Bueno, todos, no. Las instituciones
protestantes, de puro “espirituales” –léase
reacias a tomar postura “terrenal”– parecen…
“extraterrestres”.
Asunto delicado donde los haya, sin duda, éste de
los premios. Por un lado, los premios nunca están libres
de la trampa de generar
dinámicas “raras” del tipo del “yo
te premio – tú me premias”. De otra parte,
no falta quien piensa que quien habla de premios lo que hace
es llamar la atención, postularse como candidato/a.
Para evitar uno y otro riesgo, una buena fórmula sería
la de crear unos “Premios España Protestante”
en una doble vertiente puertas adentro –por ejemplo,
para reconocer logros intelectuales y humanitarios de nuestros
jóvenes–, y puertas afuera para honrar a personas
y entidades que destaquen en campos que tengan relación
directa con el Evangelio –el Sermón del Monte,
vaya–.
Adiós, 2003. Ojalá que hayas sido el último
año de despedida triste, sin unos Premios Evangélicos...
Manuel López Rodríguez,
es periodista, director de la revista FOTO,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid
© Manuel López Rodríguez, Madrid, España.
|