| Pongamos que Martin Luther King fuera gitano evangélico en España.
Cuando irrumpió a las nueve en punto de la mañana del pasado ocho de enero en el templo de la Iglesia Evangélica de Filadelfia en el Parque de San Isidro en el barrio madrileño de Carabanchel, al alto funcionario municipal que acompañaba al concejal de distrito, desde luego, le sobraba el pitillo encendido entre los dedos. Pero son cosas del estigma del poder, ese aire de chulería propio de los guardianes del orden en eminencia cuando salen disparados del coche oficial resueltos a lo que sea, sobre todo, si es algo fácil y la gente se deja. Por ejemplo, mandar demoler de golpe un par de locales de la Iglesia Protestante.
El lugar era sagrado para los fieles de la iglesia, creyentes de etnia gitana, el colectivo, bien a pesar de los pesares oficiales, más numeroso en el campo protestante en España. Más de mil lugares de culto y cien mil creyentes confesantes. Aleluya. Un respeto.
Sobraba igualmente el inusitado despliegue de agentes y dotaciones de la Policía Municipal, incluidos perros y un furgón de caballos. Alguien quien no pudo contener que se le escapara en voz baja la palabra "inquisición" fue educadamente correspondido por el silencio que otorga por parte de quienes le pudieron oír. 25 años después, la Constitución Española consagra las dos Españas en materia de religión. Clarísimamente. Santo Dios, van a proceder a la demolición de dos templos. ¡que se abarrotan de fieles cada día!!! El "delito": no son católicos.
Las autoridades ni siquiera tuvieron el detalle de esperar a una orden judicial.
También era lugar sagrado el santo templo del Dios vivo en Carabanchel, Madrid, que en la mañana del pasado día 8 de enero el alto funcionario que no apagó el cigarro confundió con un barracón "ilegal" para los creyentes protestantes madrileños payos que quisimos darnos el madrugón en una mañana fría de niebla para solidarizarnos a la intemperie en el parque de San Isidro con nuestros hermanos gitanos.
Enrique Blanco y los demás responsables de la Iglesia de Filadelfia se desvivieron en dar gracias a Dios por el apoyo de los hermanos y hermanas payos, y también de los representantes de la prensa.
Un miembro de la iglesia, armado con su guitarra en su estuche, aguanta a pie firme en la calle la llegada de los demolidores, armado con la cruz del templo. Frente a él, un guardia municipal apostado frente a la iglesia se protege de lo único que tiene que protegerse: del frío.
Español, gitano y protestante. garantía segura de ser ciudadano de tercera en este Madrid de nuestros pecados para los espíritus de carne y hueso que, con la ayuda del Señor, luchamos por sobrevivir, que no es poco. Por una vez en la vida, la Iglesia Protestante era la noticia del día en Madrid. Aleluya.
Lo que pasó después dejémoslo para el análisis de los historiadores. De repente, los responsables de la Iglesia de Filadelfia optaron por dar marcha atrás en el legítimo -¡¡¡y cristiano!!!- ejercicio de los derechos ciudadanos de sus representados- y aceptaron la demolición de los dos templos sin que los representantes municipales les garantizasen por escrito -¡¡¡como Dios manda!!!- la dotación sustitutoria de sendos lugares de culto dignos.
"Sencillos como palomas", es verdad, pero antes "astutos como serpientes", recomienda el Señor Jesús en el Evangelio (Mateo 10:16). A la Iglesia de Filadelfia, mucho más querida en ambientes de creyentes payos de lo que sus miembros y sobre todo sus responsables quizá piensen, le falta. ¡visión política! Sí, aleluya, ¡¡¡visión política!!! Gloria a Dios.
Pobre Mariano Blázquez, secretario ejecutivo de nuestra FEREDE. Su c ompromiso, adornado con dosis excelsas de bravura y la dignidad -virtudes evangélicas lamentablemente no muy frecuentes entre nosotros- no sirvieron de nada. Filadelfia. todavía no está madura. Sus líderes, ay, confunden la intercesión con la reivindicación.
La lucha por los derechos civiles -y el de asociación religiosa es uno de ellos, y en modo alguno el menos relevante- no es cosa ajena al Evangelio, sino todo lo contrario.
Es probable que quizá lo sea "in pectore" alguno de sus líderes actuales, pero está claro que aún no se ha destapado, porque a la Iglesia de Filadelfia le falta su Martin Luther King.
Payo o gitano, católico o protestante -o musulmán, o agnóstico.-, todos los españoles debemos ser iguales ante la ley. Ese el fundamento del Estado democrático de derecho. Naturalmente laico.
Todos iguales. Ahí estamos. Por más cómodos que resulten el martirologio y la dinámica del lamento, Dios no quiere ciudadanos resignados de segunda.
Escucho la voz de MLK: "I had a dream. ", "Tuve un sueño". Le veo no negro y estadounidense, sino gitano y español. El resto del discurso -uno de los sermones sin duda más emblemáticos de todos los tiempos.- fluye por sí solo.
Filadelfia. tendría que acabar siendo toda España. ¿Aleluya?
Manuel López Rodríguez, es periodista, director de la revista FOTO ,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid
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