| Ausencias
También debes de saber
esto: que en los postreros días
vendrán tiempos
peligrosos. (2ª Tm 2:22) Echo de
menos muchas de las cosas que por causas diversas han ido
quedando atrás en mi vida. Aprecio como esta historia
mía va quedando desocupada de ciertos componentes
que en un pasado estuvieron fulgentes y llenos de protagonismo.
Hoy, descoloridos y sin formas concretas pertenecen al ayer. Hay
ausencias a las que con dolor y abnegación nos sometemos,
eludiendo la tristeza para no caer en su honda melancolía.
Sin embargo, hay ausencias que no llegan a producirse, huecos
que no se quedan vacíos por mucho que instemos a sus “ocupantes “para
que abandonen el lugar que invaden.
A veces te das cuenta que no por mucho desear algo esto
se llega a cumplir, en ocasiones sólo llegamos a
soñarlo. Hay en mi muchos más deseos de ausencias
que anhelos ausentes, o será por que lo ausente
es menos doloroso que aquello que en realidad ansío
deje de existir.
Me encuentro con demasiadas situaciones ingratas que descortésmente
se nos han acoplado en la rutina diaria. Las guerras, el
hambre, la tiranía de quienes se creen grandes sin
tener autoridad para doblegar a nadie ejerciendo un falso
poder.
Me encuentro con olores desagradables que me producen
repugnancia y desconcierto. Olores que llegan hasta mi,
hasta otros, disfrazados de hipócritas alabanzas,
esperanzadoras respuestas que en realidad son mentiras
utilizadas por el rey de la mentira.
Es por ello que intento no creer todo lo que cuentan las
voces que arremeten contra el ser humano en un sutil intento
de adormecer las mentes. Pretenden hacernos ver la necesidad
de guerras sin sentido que dejan tras de si un cúmulo
inmenso de miseria y dolor. Atropellos de quienes llevados
por la sinrazón aniquilan la dignidad del hombre
sometiéndolo a vejaciones viles.
Ese despreciable don de la superioridad, que bruscamente
subyuga a los más débiles con su continuo
golpeo de palabras altivas, frases cargadas de punzante
daño.
Son estas algunas de las muchas ausencias que quiero que
se produzcan, omisiones que dejarían tras su huida
una clara estela de paz. Me ilusiono pensando que algún
día mil pequeños resquicios quedaran desocupados,
que las guerras, los maltratos, el odio irracional del
hombre contra el hombre, terminarán sumergidos bajo
toneladas de olvido.
Cuando eso ocurra; asunto quimérico, la vida se
nos presentará de una forma diferente y el transitar
por ella será algo realmente maravilloso. Pensar
en la realización de esta idea es algo claramente
utópico, la manifestación del pecado en el
mundo y sus consecuencias no dejan que se proyecten deseos
tan ilusorios como este, pero me veo imposibilitada a la
renuncia de estos sueños, quizá por que renunciar
a ellos significaría tener que vivir admitiendo
una realidad demasiado cruda, y en determinados momentos
me cuesta asumir que en verdad el hombre es tan tremendamente
injusto.
Aún así, no dejo de tener esos deseos de
ausencias, alimentándolos con razonamientos esperanzadores,
instándoles a diario a que abandonen por fin sus
posiciones y den cabida a términos tan hermosos
como lo son el amor, la concordia, la libertad, DIOS...
Yolanda Tamayo es colaboradora
de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2004, España
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