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Número 18 - 16 de enero, 2004
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yolanda tamayo

Ausencias

También debes de saber esto: que en los postreros días
vendrán tiempos peligrosos. (2ª Tm 2:22)

Echo de menos muchas de las cosas que por causas diversas han ido quedando atrás en mi vida. Aprecio como esta historia mía va quedando desocupada de ciertos componentes que en un pasado estuvieron fulgentes y llenos de protagonismo. Hoy, descoloridos y sin formas concretas pertenecen al ayer.

Hay ausencias a las que con dolor y abnegación nos sometemos, eludiendo la tristeza para no caer en su honda melancolía. Sin embargo, hay ausencias que no llegan a producirse, huecos que no se quedan vacíos por mucho que instemos a sus “ocupantes “para que abandonen el lugar que invaden.

A veces te das cuenta que no por mucho desear algo esto se llega a cumplir, en ocasiones sólo llegamos a soñarlo. Hay en mi muchos más deseos de ausencias que anhelos ausentes, o será por que lo ausente es menos doloroso que aquello que en realidad ansío deje de existir.

Me encuentro con demasiadas situaciones ingratas que descortésmente se nos han acoplado en la rutina diaria. Las guerras, el hambre, la tiranía de quienes se creen grandes sin tener autoridad para doblegar a nadie ejerciendo un falso poder.

Me encuentro con olores desagradables que me producen repugnancia y desconcierto. Olores que llegan hasta mi, hasta otros, disfrazados de hipócritas alabanzas, esperanzadoras respuestas que en realidad son mentiras utilizadas por el rey de la mentira.
Es por ello que intento no creer todo lo que cuentan las voces que arremeten contra el ser humano en un sutil intento de adormecer las mentes. Pretenden hacernos ver la necesidad de guerras sin sentido que dejan tras de si un cúmulo inmenso de miseria y dolor. Atropellos de quienes llevados por la sinrazón aniquilan la dignidad del hombre sometiéndolo a vejaciones viles.

Ese despreciable don de la superioridad, que bruscamente subyuga a los más débiles con su continuo golpeo de palabras altivas, frases cargadas de punzante daño.

Son estas algunas de las muchas ausencias que quiero que se produzcan, omisiones que dejarían tras su huida una clara estela de paz. Me ilusiono pensando que algún día mil pequeños resquicios quedaran desocupados, que las guerras, los maltratos, el odio irracional del hombre contra el hombre, terminarán sumergidos bajo toneladas de olvido.

Cuando eso ocurra; asunto quimérico, la vida se nos presentará de una forma diferente y el transitar por ella será algo realmente maravilloso. Pensar en la realización de esta idea es algo claramente utópico, la manifestación del pecado en el mundo y sus consecuencias no dejan que se proyecten deseos tan ilusorios como este, pero me veo imposibilitada a la renuncia de estos sueños, quizá por que renunciar a ellos significaría tener que vivir admitiendo una realidad demasiado cruda, y en determinados momentos me cuesta asumir que en verdad el hombre es tan tremendamente injusto.

Aún así, no dejo de tener esos deseos de ausencias, alimentándolos con razonamientos esperanzadores, instándoles a diario a que abandonen por fin sus posiciones y den cabida a términos tan hermosos como lo son el amor, la concordia, la libertad, DIOS...


Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2004, España
  
 
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