| PNEUMATOLOGIA
DEL JUDEO-CRISTIANISMO PALESTINO DEL S. I
Otras manifestaciones del Espíritu Santo (III) Aparte
de los fenómenos señalados, las fuentes hacen
referencia a otro tipo de manifestaciones que fueron recibidas
por la comunidad judeo-cristiana como procedentes del Espíritu
Santo aunque, al parecer, no resultaran tan frecuentes como
las anteriores. La
primera es la visión extática
El libro de los Hch contiene el relato de dos de estas
visiones (7, 55 ss; 10-11). La primera de ellas está referida
al linchamiento de Esteban y la segunda a Pedro y el problema
de la entrada de los gentiles en la comunidad. Que ambas
recogen sucesos históricos es, a nuestro juicio,
difícil de poner en duda.
En el caso de Esteban, Lucas está utilizando una
fuente y, dado que en la misma aparece la expresión "Hijo
del hombre" como título relacionado con Jesús
por única vez fuera de los Evangelios, se obtiene
la impresión de que la misma debió ser muy
antigua y, posiblemente, en arameo.
En relación con la visión de Pedro, el relato
nos resulta mucho más interesante no sólo
porque tiene también todos los visos de recoger
un relato histórico sino porque además nos
deja de manifiesto la influencia que este tipo de manifestaciones
tenía en el judeo-cristianismo palestino. Según
se menciona, Pedro tuvo una visión en la que se
le mostraba que no debían ponerse impedimentos para
la entrada de gentiles en la comunidad.
La coincidencia de este hecho con la llegada de unos hombres
que deseaban establecer un contacto de este tipo desembocó finalmente
en la conversión de un militar llamado Cornelio
y su familia. Cuando Pedro tuvo que rendir cuentas de sus
actos a la comunidad judeo-cristiana, la base de su argumentación
residió en la visión del Espíritu
(11, 12ss) y el elemento de convicción definitivo
se produjo al tener lugar otra manifestación pneumática,
esta vez relacionada con la glosolalia (11, 15 ss). Cabe
la posibilidad de que el problema de la entrada de los
gentiles se hubiera planteado en el seno de la comunidad
con anterioridad, si tenemos en cuenta que ésta
ya había comenzado su expansión por Samaria
(Hch 8, 4 ss), pero, en cualquiera de los casos, la decisión
final se tomó, al menos en parte, a impulsos de
manifestaciones que los judeo-cristianos consideraron procedentes
del Espíritu.
Que este tipo de experiencias eran relativamente frecuentes
-incluso fuera del judeo-cristianismo palestino- y que
se pretendía otorgarles un peso decisorio específico
(aunque no siempre con éxito), es algo que se desprende
del caso de Pablo.
En 2 Cor 12 narra precisamente una visión extática
y de algo muy similar podría hablarse en relación
con Gál 1, 11 ss. Son ambos fenómenos posiblemente
paralelos a los descritos en Hch 16, 6-7. Sin entrar a
profundizar en la naturaleza de los mismos, no obstante,
no puede negarse su veracidad así como el impacto
que produjeron en los que vivían aquellas experiencias.
Tampoco podemos excluir la posibilidad de que las mismas
marcaran rumbos de no pequeña relevancia posterior
como fue el caso de la apertura prepaulina a los gentiles
o la elaboración de alguno de los viajes misioneros
de Pablo.
Apariciones
Finalmente, existió otro tipo de manifestación
de este signo que sólo se produjo en los primeros
tiempos del movimiento pero que tuvo una decisiva influencia
en la configuración del mismo y, muy posiblemente,
en evitar su desintegración tras la muerte de Jesús.
Nos estamos refiriendo al fenómeno de las apariciones
de aquel como resucitado. Nos referiremos a esta problemática
al tratar el tema del pensamiento escatológico de
los judeo-cristianos, con todo podemos adelantar que, desde
nuestro punto de vista, no puede negarse que existió una
convicción de la realidad de las mismas y que la
experiencia se extendió, según una tradición
muy antigua, a varios centenares de personas (1 Cor 15,
6) de las cuales muchas vivían todavía a
mediados de la década de los cincuenta. En dos casos
muy significativos por su influencia posterior, los de
Pablo y Santiago, el hermano de Jesús, tal experiencia
provocó incluso una conversión a la fe en
este último (1 Cor 15, 7-8), aunque existía
con anterioridad una clara animadversión, cuando
menos profunda incredulidad, en relación con el
mismo (Jn 7, 5; Hch 8).
Conclusiones
Del examen de este tipo de experiencias -que en no poca
medida debieron marcar también la articulación
de una concepción determinada sobre el Espíritu
Santo en cuanto tal- se desprende que la creencia en el
mismo revistió una importancia que muy difícilmente
puede exagerarse en el seno del judeo-cristianismo palestino.
Factor indiscutible en el afianzamiento de esta fe lo constituyó la
manifestación de una serie de fenómenos que
se interpretaron como relacionados con la misma y entre
los que se pueden señalar la glosolalia, las profecías,
las sanidades y las visiones. Que los mismos se consideraron
como parte integrante de la dinámica del colectivo
puede desprenderse de la forma en que se extendieron por áreas
como las del judeo-cristianismo extra-palestino y el paulinismo.
Que disfrutaron de una enorme importancia puede deducirse
de la manera en que influyeron en la toma de decisiones
trascendentes para el futuro del colectivo así como
en la articulación de una especie de corpus especial
al que se conoce como "profetas" y al que ya
nos referimos en el c. VII. Pero antes de seguir con este
análisis, vamos a examinar la visión que
la comunidad judeo-cristiana en Palestina tenía
sobre la forma de recibir el Espíritu Santo.
(CONTINUARÁ)
César Vidal Manzanares
es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, 2004, España.
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