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Número 18 - 16 de enero, 2004
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César vidal manzanares

PNEUMATOLOGIA DEL JUDEO-CRISTIANISMO PALESTINO DEL S. I
Otras manifestaciones del Espíritu Santo (III)

Aparte de los fenómenos señalados, las fuentes hacen referencia a otro tipo de manifestaciones que fueron recibidas por la comunidad judeo-cristiana como procedentes del Espíritu Santo aunque, al parecer, no resultaran tan frecuentes como las anteriores.

La primera es la visión extática

El libro de los Hch contiene el relato de dos de estas visiones (7, 55 ss; 10-11). La primera de ellas está referida al linchamiento de Esteban y la segunda a Pedro y el problema de la entrada de los gentiles en la comunidad. Que ambas recogen sucesos históricos es, a nuestro juicio, difícil de poner en duda.

En el caso de Esteban, Lucas está utilizando una fuente y, dado que en la misma aparece la expresión "Hijo del hombre" como título relacionado con Jesús por única vez fuera de los Evangelios, se obtiene la impresión de que la misma debió ser muy antigua y, posiblemente, en arameo.

En relación con la visión de Pedro, el relato nos resulta mucho más interesante no sólo porque tiene también todos los visos de recoger un relato histórico sino porque además nos deja de manifiesto la influencia que este tipo de manifestaciones tenía en el judeo-cristianismo palestino. Según se menciona, Pedro tuvo una visión en la que se le mostraba que no debían ponerse impedimentos para la entrada de gentiles en la comunidad.

La coincidencia de este hecho con la llegada de unos hombres que deseaban establecer un contacto de este tipo desembocó finalmente en la conversión de un militar llamado Cornelio y su familia. Cuando Pedro tuvo que rendir cuentas de sus actos a la comunidad judeo-cristiana, la base de su argumentación residió en la visión del Espíritu (11, 12ss) y el elemento de convicción definitivo se produjo al tener lugar otra manifestación pneumática, esta vez relacionada con la glosolalia (11, 15 ss). Cabe la posibilidad de que el problema de la entrada de los gentiles se hubiera planteado en el seno de la comunidad con anterioridad, si tenemos en cuenta que ésta ya había comenzado su expansión por Samaria (Hch 8, 4 ss), pero, en cualquiera de los casos, la decisión final se tomó, al menos en parte, a impulsos de manifestaciones que los judeo-cristianos consideraron procedentes del Espíritu.
Que este tipo de experiencias eran relativamente frecuentes -incluso fuera del judeo-cristianismo palestino- y que se pretendía otorgarles un peso decisorio específico (aunque no siempre con éxito), es algo que se desprende del caso de Pablo.

En 2 Cor 12 narra precisamente una visión extática y de algo muy similar podría hablarse en relación con Gál 1, 11 ss. Son ambos fenómenos posiblemente paralelos a los descritos en Hch 16, 6-7. Sin entrar a profundizar en la naturaleza de los mismos, no obstante, no puede negarse su veracidad así como el impacto que produjeron en los que vivían aquellas experiencias.

Tampoco podemos excluir la posibilidad de que las mismas marcaran rumbos de no pequeña relevancia posterior como fue el caso de la apertura prepaulina a los gentiles o la elaboración de alguno de los viajes misioneros de Pablo.

Apariciones

Finalmente, existió otro tipo de manifestación de este signo que sólo se produjo en los primeros tiempos del movimiento pero que tuvo una decisiva influencia en la configuración del mismo y, muy posiblemente, en evitar su desintegración tras la muerte de Jesús.

Nos estamos refiriendo al fenómeno de las apariciones de aquel como resucitado. Nos referiremos a esta problemática al tratar el tema del pensamiento escatológico de los judeo-cristianos, con todo podemos adelantar que, desde nuestro punto de vista, no puede negarse que existió una convicción de la realidad de las mismas y que la experiencia se extendió, según una tradición muy antigua, a varios centenares de personas (1 Cor 15, 6) de las cuales muchas vivían todavía a mediados de la década de los cincuenta. En dos casos muy significativos por su influencia posterior, los de Pablo y Santiago, el hermano de Jesús, tal experiencia provocó incluso una conversión a la fe en este último (1 Cor 15, 7-8), aunque existía con anterioridad una clara animadversión, cuando menos profunda incredulidad, en relación con el mismo (Jn 7, 5; Hch 8).

Conclusiones

Del examen de este tipo de experiencias -que en no poca medida debieron marcar también la articulación de una concepción determinada sobre el Espíritu Santo en cuanto tal- se desprende que la creencia en el mismo revistió una importancia que muy difícilmente puede exagerarse en el seno del judeo-cristianismo palestino. Factor indiscutible en el afianzamiento de esta fe lo constituyó la manifestación de una serie de fenómenos que se interpretaron como relacionados con la misma y entre los que se pueden señalar la glosolalia, las profecías, las sanidades y las visiones. Que los mismos se consideraron como parte integrante de la dinámica del colectivo puede desprenderse de la forma en que se extendieron por áreas como las del judeo-cristianismo extra-palestino y el paulinismo.

Que disfrutaron de una enorme importancia puede deducirse de la manera en que influyeron en la toma de decisiones trascendentes para el futuro del colectivo así como en la articulación de una especie de corpus especial al que se conoce como "profetas" y al que ya nos referimos en el c. VII. Pero antes de seguir con este análisis, vamos a examinar la visión que la comunidad judeo-cristiana en Palestina tenía sobre la forma de recibir el Espíritu Santo.

(CONTINUARÁ)

César Vidal Manzanares es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, 2004, España.
  
 
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