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Una madre suicida
Un estudio sobre las motivaciones de los terroristas suicidas palestinos muestra que, en contra de lo que pensamos, muchos de ellos no proceden de una situación económica peor ni tampoco tienen un bajo nivel cultural ni una mayor observancia religiosa. Se indica que el dato más destacable es su adhesión ciega a lo que consideran la causa de su pueblo.
Cualquier atentado suicida me conmueve y se me hace inexplicable e inaceptable, tanto por las víctimas como por el suicida, pero los dos últimos me han dejado aún más perplejo: a Reem Salih al Rayashi, de 21 años, madre de dos hijos, la vimos en un video previo a su atentado; ¿es posible que su adhesión a su pueblo pudiese más que sus lazos de madre? Me es imposible responder con tranquilidad.
Se puede analizar este dramático acto desde varias perspectivas, pero les invito a hacerlo desde otra visión no analizada, la de quienes la enviaron a la muerte: ¿De qué está hecho el corazón del dirigente de Hamas –su líder espiritual en persona– que la envió al suicidio? ¿Cuál es su poder moral para decidir sobre la vida y la muerte de sus propios compatriotas? ¿Cómo se puede enviar a la muerte a una madre de dos niños y seguir apareciendo como libertador de su pueblo? ¿Cómo se puede utilizar con fines políticos la grabación de la imagen de esa madre? Su regazo estaba preparado para abrazar a sus dos pequeños, no la metralleta que vimos en el video.
A primeros de año un hermano de Iyad al-Masri murió en un enfrentamiento con soldados israelíes; unos días después sucedió lo mismo con un primo suyo. Iyad, de 17 años, decidió entonces presentarse ante una organización terrorista palestina para ofrecerse como suicida. Es tremendo, quizás su desesperación podría dar alguna luz sobre su decisión; pero ¿qué hay en el corazón del dirigente que le proporcionó el cinturón explosivo? ¿Cómo se puede enviar fríamente a la muerte al hijo de una familia que acaba de perder en una semana a otros dos chicos? Estos heroicos dirigentes ¿pensaron en aquel padre, aquella madre? Nos dicen que su madre no llora ya: está sola en un rincón y no habla, no puede. Pero algunos de esos líderes de la Intifada tienen a sus hijos estudiando cómodamente fuera del país, sostenidos por los dineros desviados corruptamente a sus cuentas en el extranjero.
Acude a la memoria el texto de Mt 23.4: “atan pesadas cargas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”. Que algún día su pueblo los sepa desenmascarar; ese día empezará a conquistar su futuro.
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Manuel Suárez es es médico y miembro de la Junta Directiva del Consell Evanxélico Galego.
© Manuel Suárez, ProtestanteDigital.com, 2004. |
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