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Manuel Suárez, médico, escritor y líder evangélico
Este hombre, que les adelanto que es inquieto –muy inquieto- es de apariencia y forma de ser, más que tranquila, bondadosa y algo socarrona. Nació en 1955 en la ciudad de Santiago de Compostela, y ahora vive en Ourense. Como médico, especialista en Endocrinología, un día el director del hospital de la sanidad pública en que estaba le pidió que se integrase dedicando más horas (algo que muchos desearían) y presentó su renuncia. Le dijo: “Dios te ha usado para que diese un paso que yo no era capaz de dar”. “Se quedó estupefacto”, nos dice en una sonrisa.
Piensa que fue una gran decisión, ya que se dedicó a una consulta particular que le va bien, permitiéndole disponer de tiempo para sus muchas “otras cocupaciones”, como es ser escritor (le publicaron el relato "O meu clon" en el Colegio de Médicos en un concurso De relatos cortos), trabajar como Consejero de Medios de Comunicación del Consello Evanxélico Galego (el CEG, representante de las iglesias evangélicas ante la Xunta de Galicia) y ser miembro activo de una iglesia de Asambleas de Hermanos en Ourense.
Y es que a Manuel esto de la actividad política le viene desde pequeño, como la fe en Jesús. Siendo creyente desde chico, participó en 1977 en la reconstitución del Partido Galeguista, el mismo que dotó a Galicia de autonomía en la República. Antes, durante la dictadura, fue delegado en la Facultad de Medicina y participó en todas las “movidas” estudiantiles.
Pregunta.-
¿Cómo te fue en esta “doble militancia” espiritual y política?
Respuesta.- Hace poco, nos reunimos por los 25 años de licenciatura y un compañero me recordaba que yo iniciaba mis intervenciones en las asambleas estudiantiles diciendo: “Eu, coma cristián, penso que…”; por esto mismo me ofrecieron en alguna ocasión unas bofetadas. No me fue mal, fui candidato en las primeras elecciones democráticas, y en el año 1985 fui elegido secretario general de mi partido.
P.- ¿De qué forma ha influido tu experiencia de fuerte compromiso social, como político y como médico, en tu visión del cristianismo?
R.- No me he acercado al cristianismo desde la política, sino al revés. Llegué a la política sin complejos, convencido de que no debo tener compartimentos que escapen a la soberanía de Dios.
En mi experiencia política he descubierto que sobran estrategias pero faltan ideas y personas dispuestas a analizar la realidad y proponer formas de cambiarla; ahí deben estar cristianos. Nuestro complejo de minoría es castrante: nuestro valor en la sociedad no está en cuántos somos, sino en quiénes somos y qué ofrecemos.
En una ocasión hablé en un mitin multitudinario en Euskadi; participaron personajes bien conocidos, pero la persona más importante fue un hombre menudo que no habló en todo el acto pero se llevó la más grande ovación: era el Sr. Leizaola, presidente del Gobierno Vasco en el exilio; su valor estaba en que, siendo durante los años de la dictadura líder de un pequeño grupo de exiliados sin poder real, tuvo el coraje de mantener viva la llama de la identidad política de su pueblo y sus instituciones, y eso fue importantísimo cuando llegó la transición.
Así podemos ser los cristianos: una muy pequeña minoría “exiliada” pero con un valor enorme en la historia de nuestra sociedad. Pero necesitamos cristianos con realismo, que tengan claro que a veces hay que optar por soluciones que no son ideales, pero ayudan a mejorar la realidad. Necesitamos cristianos dispuestos a mojarse y en su caso equivocarse, pero inmunes al escepticismo, un pecado que me deprime. Cristianos que no autolimiten su campo de influencia: si nos limitamos al trabajo con marginados (y ojo, que no desdeño esta labor, que he trabajado con presos), nuestra influencia será también marginal.
P.- Ya que estamos hablando de fe y política, ¿qué me dices de un personaje y persona tan controvertido como George Bush?
R.- Bush es mi hermano, su Dios es mi Dios y acierte o yerre en sus decisiones políticas (y creo que el tiempo le dará la razón en alguna de sus decisiones controvertidas), ha tenido el coraje de proclamar su fe en público, no avergonzarse de su conversión, creer en la pertinencia de su fe en los asuntos públicos y comprometerse con lo que dice.
Me identifico con la izquierda, pero admiro mucho más a un hermano como Bush que a un hermano que guarda su fe para la privacidad y se muere de miedo por no ser suficientemente progre para que los demás le acepten. Pero en público siempre me partiré la cara tanto por uno como por el otro: los dos son mis hermanos y eso está por encima de todo lo demás.
P.- Eres parte de la Junta Directiva del CEG. Desde esta plataforma, unida a tu práctica médica, ¿cómo ves que la sociedad española actual nos percibe a los cristianos evangélicos o protestantes?
R.- Tengo curas y monjas entre mis más incondicionales pacientes, pero algunos de ellos (curiosamente ni curas ni monjas) dejaron de venir a mi consulta al saber que era protestante: persiste el sambenito. Pero me preocupa más que la sociedad ni nos perciba: somos buenos chicos, y no desafinamos ¡pero hay que desafinar!
Siento que en la reciente concentración contra el derribo de los templos de nuestros hermanos gitanos de Madrid ellos acabaron cediendo para no quedar de revoltosos; pues aplaudo el consejo en contra de Mariano Blázquez y me remito al espléndido escrito de Manuel López sobre el tema o a la impecable carta a El País de Jorge Fernández.
En el acto de firma del convenio del CEG con la Xunta, Fraga apeló impertinentemente a las indicaciones del papa. Como mis hermanos callaban, me dispuse a contestarle pero me paré ¿por reparo ante Fraga? no, por cierto, sino por recelo a que mis hermanos se asustasen y se echasen atrás desdiciéndome. Esto hay que mejorarlo.
P.- Como médico, escritor y hombre político te mueves en un mundo intelectual ¿Crees que el hecho intelectual es superfluo, necesario o indiferente en la vida cristiana?.
R.- La cabeza nos la puso encima Dios, no el diablo. En Rom.12 Dios nos manda que nos renovemos mediante la transformación de nuestro entendimiento: está apelando a nuestro intelecto.
Un amigo endocrinólogo católico me dijo en Praga, ante un ídolo: “si yo aplicase mi cabeza, mi entendimiento a mi religión, dejaría de creer”. Le contesté que estaba perdido, que no podía seguir con esa esquizofrenia, que leyese la Biblia y descubriría que no tenía que cortarse la cabeza para creer de verdad. Me da miedo que algunos hermanos piensen como mi amigo.
P.- Entonces, ¿por qué crees que existe en general una visión negativa del hecho intelectual entre los cristianos, de que la mente apaga el Espíritu?
R.- Como dijo mi admirado Josep Grau, algunos evangélicos hacen exaltación de la ignorancia. No obedece esto a una visión bíblica, sino a una tradición humana, que cree que el corazón es más proclive a Dios que la mente (olvidan que “engañoso es el corazón”).
Y
o también tenía miedo de que trabajar el intelecto pudiese amenazar mi fe; en el fondo, me parecía más fácil amar a Dios con todo mi corazón y con toda mi alma, que con toda mi mente. Doy gracias a Dios por la ayuda de mi hermana Maribel y de los GBU para sacarme de ese error.
Por cierto, para cultivar el intelecto no es imprescindible ir a la universidad: la prueba la tenemos en uno de nuestros más grandes intelectuales al que tuve el honor de conocer, el hermano Juan Solé. Pero para cultivar el intelecto hay que trabajar y prepararse con seriedad. Por ejemplo, no se puede improvisar por sistema los sermones sin prepararlos, porque me parece un fraude al Espíritu y a los hermanos.
P.- En qué forma crees que influyó la renovación de pensamiento de la Reforma en España? ¿Piensas que estamos en una situación similar?
R.- La apertura a la Biblia liberó las mentes y permitió una nueva visión del mundo; abrió nuevos horizontes. Lo fantástico de la Reforma es que lanzó a todos los creyentes a desarrollar todas sus capacidades en todos los ámbitos, rompiendo la separación entre lo sagrado y lo laico. Y esto produjo transformaciones revolucionarias. El diablo ha trabajado para que no se valore como se debe la decisiva influencia de la Reforma en el progreso de la Historia.
Desgraciadamente, España depuró los focos de protestantismo. Dios, Señor de la Historia, se lo hizo pagar bien caro con siglos de miseria como pueblo.
La Reforma liquidó a la Edad Media, que acabó el 31 de octubre de 1517. Hoy, creo que estamos volviendo a una nueva Edad Media, con nuevos misticismos y culto a lo irracional. Oro para que levantemos nuestras cabezas, proclamemos sin complejos nuestra esperanza y que un día nuestros hijos puedan decir también de nuestra generación de creyentes: “Post tenebras, lux”.
P.- ¿Cómo crees que podría o debería impulsarse una intelectualidad evangélica en la España actual?
R.- Primero, tirando complejos; luego matando el escepticismo. Luego renunciando al papanatismo de pensar que lo ajeno es mejor.
En el terreno de la Historia, por ejemplo, he visto cómo muchos hermanos se derriten ante un historiador (que a veces ni lo es) no creyente y le ofrecen todo, como Ezequías a los embajadores de Babilonia –y después escriben lo que escriben–, pero cierran la colaboración a los historiadores creyentes, que los hay y buenos por todo el país.
Hay que fomentar foros en los que pensemos con libertad, sometendo la mente a la soberanía de Dios, con profundidad y sensibilidad. Foros en los que nos sepamos hacer las preguntas adecuadas, que es aún más difícil que dar las respuestas.
Vamos bien de devocionales, pero tenemos déficit de reflexión en sociología, antropología, arte, política, historia, ciencia…. Y tenemos instrumentos para dinamizar estos foros, como es esta revista de ProtestanteDigital, la Alianza Evangélica Española o los Grupos Bíblicos Universitarios.
P.- Tres deseos concretos que pedirías a Dios ahora mismo...
R.- Que cure el corazón de una hermana creyente que perdió este verano a su hijo. Que Carla, Denís e Israel, nuestros tres hijos, lleguen más alto que nosotros a los ojos de Dios. Que mi país y Europa entera se abran otra vez a la luz de la Biblia, que será la base de una renovación social y política.
Bueno, y que si el Señor no me concede esto último y hemos de entrar en decadencia, por lo menos que en Su gracia nos haga invadir por los islámicos, a ver si por fin me libro de tirar la basura y del mandil de cocinar con el que frecuentemente me veo.
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P.- Ya que has mencionado a tus tres hijos, sé que admiras a tu esposa…
R.- En efecto, estoy casado con la historiadora Eva Sierra, catalana, madre de nuestros tres hijos. Me empeño en decir que lo más importante que se está haciendo en mi casa es la tesis doctoral de Eva sobre el origen del Protestantismo en Galicia. Lo está abordando desde un gran rigor y un abordaje novedoso, pionero no ya por el tema sino por su metodología, que nos ayudará a colocarnos en nuestro sitio en la sociedad.
P.- ¿Cuál es tu personaje bíblico favorito y por qué?
R.- Josué. Porque no fue escéptico: cuando los otros diez espías volvieron muertos de miedo y de complejo de inferioridad ante los cananeos, él dijo con Caleb: “Los comeremos como pan”.
Porque peleó por mantener la fidelidad de su pueblo al plan de Dios, porque comprometió su vida por entero con su pueblo; y aún así, llegado el momento final, tuvo claro que su pueblo podría hacer lo que bien les pareciese, “pero –dijo– yo y mi casa serviremos a Jehová”.
Compromiso total con su pueblo, pero independencia personal de criterio; quiero aprender esto de Josué. Pero creo que Josué sufrió una cierta soledad; confieso que algo de eso siento también: con los no creyentes nunca consigo una catarsis de identificación plena, porque me noto diferente, y con los creyentes me siento a veces solo en mi sensibilización política. Hace unos años presenté ante creyentes un proyecto de acción política no partidaria; muchos lo aplaudieron, pero sólo uno se comprometió a iniciarlo.
Así es Manuel Suárez. Sentimiento e intelectualidad al servicio de Dios y de su pueblo, tanto del pueblo cristiano como del que se mueve al son del viento de las gaitas y de las olas de las rías gallegas, y que le llenan la consulta. Sumamos a él nuestra trompeta periodística, esperando que las murallas de Jericó que impiden el avance del mensaje libre de la Palabra de Dios caiganalgún día en España.
(c) ProtestanteDigital.com, 2004 (España).
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