| PNEUMATOLOGIA DEL JUDEO-CRISTIANISMO PALESTINO DEL S. I
La recepción del Espíritu Santo
Como vimos en el apartado anterior, la acción del Espíritu Santo era considerada de enorme relevancia en el seno del judeo-cristianismo palestino. El hecho de que además se asociaran con fenómenos como los descritos sin duda acentuaba esos aspectos. Pero los mismos no parece que fueran concebidos como exclusivos de una élite (salvo, quizá, el caso de los profetas) sino más bien como una posibilidad abierta a todos los que se volvieran hacia Jesús.
Pero las manifestaciones pneumáticas resultaron mucho más amplias. Se produjeron fenómenos como la glosolalia, las visiones y las curaciones. Estos últimos incluso eran lo suficientemente claros todavía en el s. III como para impulsar a los rabinos a prohibir tajantemente -precisamente porque no negaban su veracidad- las curaciones realizadas en el nombre de Jesús y como para que los cristianos gentiles las siguieran utilizando como argumento apologético.
En el s. I, Santiago consideraba que lo normal era que se produjeran de forma habitual y en tal sentido había instruido a sus ovejas. Aquella visión no quedó limitada al judeo-cristianismo palestino. Por el contrario, se consideraba que formaba parte tan esencial del mensaje que las fuentes contienen referencias a manifestaciones similares en el judeo-cristianismo extrapalestino y paulino. En este último, los escritos del apóstol se refieren a este tipo de fenómenos generalmente de forma autobiográfica y se hace frecuente referencia incluso a la forma en que fueron presenciados por los destinatarios de las epístolas. Los efectos de tal visión resultaron de enorme relevancia. En primer lugar, se produjo un rechazo ante la idea de identificarse con ciertos sectores del pueblo judío, precisamente los que habían empujado a Pilato a ordenar la ejecución de Jesús (circustancia esta, no obstante, que, posiblemente, se hubiera dado igualmente sin este tipo de manifestaciones).
Por otra parte, sin embargo, también se contempló como inaceptable la asunción de la tesis de un cambio violento de la sociedad injusta que los rodeaba. Cuando Santiago, inmerso en una situación que se deterioraba progresivamente, contempla el panorama social, ordena a sus correligionarios que esperen en Dios, que tomen como ejemplo al Jesús no-resistente y que se centren en una vida que gira en torno a manifestaciones espirituales entre las que destacan las sanidades milagrosas, sin ceder al riesgo de la apostasía (Sant 5, 7-20).
Esta actitud la hallamos tanto en el judeo-cristianismo extrapalestino (1 Pe 2, 13-14 y 4, 1-11) como en Pablo (Rom 13, 1 ss). Ni siquiera el autor de Apocalipsis -que veía las fuerzas demoníacas que actuaban tras la Roma imperial- se atrevió a poner su confianza en otra cosa que en la venida de Jesús como Rey de reyes y Señor de señores. Desde su punto de vista, los que creían en Jesús poseían la clave para comprender la historia y sabían que en ella se manifestaba poderosamente el Espíritu Santo para todos aquellos que se volvían hacia Jesús.
No sólo eso. Eran testigos de que aquel actuaba de manera continuada en medio de personas que, antes de su unión al colectivo, nunca hubieran podido pensar en tal posibilidad. Visto el entorno con esta perspectiva, todo lo que se salía de esta vivencia concreta carecía de importancia. Sustentaban tal actitud no sobre razones de tipo práctico o realista, sino sobre una experiencia pneumática. Centrados en ella, fortalecidos por ella, en busca de ella y esperanzados a causa de ella, vivían en un estado espiritual que los situaba en otra dimensión. Puede que para muchos investigadores -cristianos incluidos- tales perspectivas deban ser calificadas como alienantes. Pero eso implica emitir un juicio de valor "metahistórico" que no llega a entender la situación histórica en su contexto real y que, al mismo tiempo, impide calibrar correctamente una vivencia histórica concreta en sus justos parametros.
Buena muestra de la veracidad del punto de vista que sustentamos es el repetido número de colectivos cristianos - aunque no sólo pertenecientes a esta corriente religiosa - que se han visto impulsados por una perspectiva fundamentalmente pneumática de la realidad, obviando otras ópticas analíticas como irrelevantes. Lo que es indiscutible históricamente no es el carácter positivo o negativo de la vivencia sino el hecho de que muchas personas, al enfrentarse con ella, debieron escoger entre las escuelas judías –y éstas incluyeron en el momento de la guerra con Roma también a los zelotes- o una forma de judaísmo que confesaba que el mesías ya había llegado y que buena prueba de ello eran las manifestaciones del Espíritu Santo que se daban en su seno. Aquellos hijos de Israel, en un momento histórico decisivo para la historia de su pueblo, convencidos de la presencia del mismo Dios en medio de ellos y de la veracidad de Su manifestación, optaron por la segunda alternativa.
César Vidal Manzanares
es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, 2003, España. |