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Número 20 - 27 de enero, 2004
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JUan simarro

Las vacas de Basán

Las vacas de Basán en la Biblia son todo un símbolo. A veces lo pasamos por alto porque no estamos acostumbrados a captar o interpretar el fuerte simbolismo de la Biblia. Los pastos de Basán eran los mejores. Sus vacas engordaban y vivían en la abundancia. Eran el símbolo de lo bien cuidado, de lo bien alimentado, de la gordura y del lustre. Sin embargo, en el libro del profeta Amós, en el capítulo cuatro y en sus versículos del uno al tres, se toma el nombre y el simbolismo de vacas de Basán , para condenar y criticar a los insolidarios, a los opresores, a los que oprimen y marginan a los pobres y a los menesterosos. Así dice el texto: “ Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros señores: traed, y beberemos. Jehová el Señor juró por su santidad: He aquí vienen sobre vosotros días en que os llevarán con ganchos, y a vuestros descendientes con anzuelos; y saldréis por las brechas una tras otra, y seréis echadas del palacio, dice Jehová”.

Quizás por usarse el nombre simbólico vacas de Basán, esta acusación tan fuerte ha pasado un poco desapercibida. ¿Quiénes serían hoy las vacas de Basán? Sin duda que los acumuladores del mundo. Los que insolidariamente amplían sus graneros y aumentan los números de sus cuentas corrientes, los ricos necios de la parábola de Jesús que en Amós son representados simbólicamente por las vacas de Basán.

En la versión de la Biblia “Dios habla hoy”, se traduce así: “Escuchen esto, aristócratas damas, flor y nata de Samaria, que oprimen a los pobres y maltratan a los necesitados”. Lo que pasa es que lo de aristócratas damas, se centra en el mundo de la mujer y parcela la realidad. Lo de aristócratas damas parece que pasa el problema del mundo al lujo y al brillo de estas damas derrochonas. Y para mí se queda un poco corto para la mentalidad del hombre de hoy. Quizás la crítica no se deba parcializar en la mujer, aunque Amós se centrara en esta línea con sus vacas de Basán.

La traducción que hace José L. Sicre, es más dura, pero siguiendo la línea de la crítica a las derrochonas traduce: “Escuchad estas palabras, señoronas de El Escorial, las que veraneáis en Mallorca y en Marbella”. Realmente apuntan todos los traductores al problema del lujo insolidario representado de forma especial en la mujer derrochona, lujosa e insolidaria. Lo que sí va más lejos Sicre es en la continuación de la traducción. Sigue traduciendo así y lo podéis comparar con la traducción Reina Valera que está al inicio del artículo: “Oprimís a los pobres, explotáis a los obreros, y sólo os interesa daros la buena vida. Llegará un día en que os rodearán con fusiles, a vuestros hijos con bayonetas, y os subirán en camiones de animales camino del destierro. – Oráculo del Señor” - . Am. 4:1-13.

Ya esta forma de traducir llegaría más al hombre de nuestros días, comprenderíamos mejor a qué se refiere el texto y cuál es el alcance de su crítica y de su condena. Es un texto bíblico que se conoce poco, pero que para la búsqueda de la justicia en el mundo, para que hubiera un mejor reparto de bienes sobre el planeta tierra y para para que se llegara a una mayor solidaridad y trato igualitario entre los hombres, se debería resaltar más y comentarlo desde los púlpitos con más frecuencia.

Quizás el texto se podría reproducir hoy de una manera libre que englobara tanto el lujo de los hombres como el de las mujeres. Yo hoy reproduciría este texto de Amós, teniendo en cuenta los posicionamientos de Jesús en el Nuevo Testamento. Por tanto ya no hablaría de ganchos para arrastrar a los adultos, ni de anzuelos para enganchar a sus hijos, como habla la versión reina Valera, ni hablaría tampoco de fusiles ni de bayonetas como habla la traducción de Sicre. Yo lo dejaría hoy en algo como esto: “Escuchad esta sentencia, acumuladores del mundo, los que disfrutáis tanto de grandes yates como de ranchos enormes como si toda la tierra con sus bienes fuera sólo vuestra. Os paseáis por el mundo como amos y señores. Vuestros capitales sólo buscan intereses o paraísos fiscales sin preocuparos de que hay tanta gente sin trabajo, sin tierra y sin recursos. No sólo oprimís y explotáis, sino que matáis. Los desequilibrios económicos que creáis hacen que mueran por el hambre o la subalimentación miles y miles de niños y adultos. Y a vosotros, en cambio, sólo os interesa gastar, acumular heredades, usar los mejores restaurantes, comer y beber como si estuvierais solos en medio de la tierra. El grito de los que habéis empobrecido se levantará contra vosotros y os irán acercando a las proximidades del sepulcro, porque la justicia algún día debe abrirse camino. Por egoísmo propio, para evitar violencias en un mundo desigual, compartid. Deberíais ser expulsados del mundo y aniquilados. Pero no queremos vuestra muerte, sino vuestro arrepentimiento y cambio que implica, necesariamente, el compartir y redistribuir vuestros bienes entre los desheredados del mundo. Sólo así alcanzaréis el perdón, dice el Señor, amparo de los hambrientos y defensor de los oprimidos.”

Se quedaría, así, en un texto más flojo que el de Amós. Quitaríamos del mundo los fusiles y las bayonetas, los ganchos y los anzuelos... y pediríamos a gritos la conversión de los ricos y acumuladores del mundo, el cambio de la mente de los opresores. La violencia de la que habla Amós, sólo la dejaríamos como el Oráculo del Señor. Sólo Él sabrá si ha de dársele cumplimiento.

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía,
escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, Madrid, España.
  

 
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