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Ecumenismo de palabras
Finalizando la escena III en el acto V de “Troilo y Cressida”, el drama de Shakespeare que tiene como fondo la guerra de Troya, Troilo responde a las quejas de Pándaro: “Palabras, palabras, simples palabras; nada que venga del corazón”. He recordado este bello texto literario a propósito de unas declaraciones realizadas a mediados de enero por la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales referidas al ecumenismo en España.
La Comisión, presidida por el obispo católico de Bilbao Ricardo Blázquez decía que “la semana de oración por la unidad es una preciosa ocasión para que todos los cristianos nos impliquemos en la tarea de ser una sola familia sin divisiones”.
¿De verdad creen los obispos católicos que los protestantes somos parte de la familia religiosa que ellos constituyen? Si la respuesta fuera afirmativa tendríamos que denunciarlos por maltrato familiar.
Las relaciones ecuménicas inventadas en nuestro país por la jerarquía católica a partir del Concilio Vaticano II nunca llegaron a despertar esperanzas entre los protestantes españoles. La jerarquía católica nos ofreció sólo papeles escritos, declaraciones altisonantes, intenciones que nunca se concretaron. Nada hicieron los obispos por curar antiguas heridas. No contribuyeron a disipar las ideas anti-protestantes arraigadas en la sociedad española. Cuando en 1992 se firmaron Acuerdos de Cooperación entre el Estado y las iglesias protestantes, no hubo un solo obispo católico, ni uno, que se congratulara públicamente por aquél logro, que llegaba tarde y mal.
Jamás se ha visto un gesto de la jerarquía católica a favor de los protestantes.
Siempre han callado ante nuestros problemas.
Como acaba de ocurrir.
Los obispos emitieron el comunicado abogando por la unidad de los cristianos el 15 de enero. Una semana antes, el 8 del mismo mes, el Ayuntamiento de Madrid procedió al derribo de dos templos protestantes enclavados en el barrio de Carabanchel. La razón sin razón del Ayuntamiento se basaba en que aquellos templos ocupaban un lugar que se les había asignado provisionalmente. Cuando llegaron las máquinas de derribo, en los templos quedaban algunos fieles que habían pernoctado allí toda la noche.
Nada se tuvo en cuenta. Los templos fueron destruidos. ¿Qué hizo la jerarquía católica de Madrid para impedir el atropello? Absolutamente nada. El cardenal Antonio María Rouco ha tenido y sigue teniendo mucha influencia en el Ayuntamiento de la capital. Pero el hombre no levantó un solo dedo a favor de los protestantes maltratados. Ni siquiera el meñique de la mano derecha, de la que más se beneficia.
¿Y pretende el obispo de Bilbao que todos seamos una familia, ellos y nosotros? Hay familias que causan un dolor más cruel que el hierro.
Vuelvo a Shakespeare: “Palabras, palabras, simples palabras; nada que venga del corazón”.
© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com,
2004 (España) |