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Número 20 - 30 de enero, 2004
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CÉsar vidal manzanares

La angelologia del judaísmo (I)
Antiguo Testamento, apócrifos y escritos pseudoepigráficos

Al igual que otros movimientos del judaísmo coetáneo, el judeo-cristianismo palestino del s. I contó con una angelología y una demonología propias. Con todo, la misma, comparada con la de aquellos, presenta características así como una relevancia determinadas que nos obligan a proceder a su examen específico. En este artículo y los siguientes, trazare­mos, en primer lugar, un breve panorama de la angelología y demonología judías, y después expondremos la visión de los ángeles de Dios y de los demonios que aparece en el judeo-cristianismo palestino.

Aunque la afirmación rabínica de que el origen de la angelología judía se encuentra en Babilonia (TalPal, Rosh. Hasha 56d; Gen. R. 48) exija matizaciones, no cabe duda de que buen número de las ideas conectadas en el judaísmo con esta área de la teología tiene raíces orientales de origen iranio y mesopotámico. M. Hengel ha mostrado también cómo buen número de las sagas de los dioses paganos fueron reinterpretadas a la luz de escritos del Antiguo Testamento e influyeron en la configuración de la angelología.

Ciertamente, los libros del canon judío del Antiguo Testamento recogen numerosas referencias a los ángeles. Ya hemos hablado en otro artículo acerca del Angel de Yahveh y hay también referencias antiguas a la creencia en ángeles en otros pasajes del Antiguo Testamento (Sal 89, 5 y 7) a los que, ocasionalmente, se denomina "hijos de Dios" (Job 1, 6; 38, 7; posiblemente Gn 6). Incluso de ciertas fuentes parece desprenderse una cierta jerarquía entre ellos (Is 6, 1; Sal 104, 4). Ciertas plagas que se interpretan como juicios divinos se atribuyen a ellos (2 Sm 24, 16; Zac 1, 7-17). Se afirma que protegen a los siervos de Dios (2 Re 6, 17; Sal 34, 7; Is 3, 9). Aparecen también datos sobre aquellos ángeles que participan en combates cuyo lugar está en el ámbito espiritual (Dn 10, 1 ss y 12, 1 ss), y se menciona específicamente el nombre de Gabriel (Dn 8, 16; 9, 21) y de Miguel (Dn 10, 13 y 21; 12, 1).

EL DIABLO

A pesar de lo que ocasionalmente suele afirmarse en el sentido de que la figura del Diablo es una invención tardía que no aparece originalmente en la Biblia, lo cierto es exactamente lo contrario. No es ajeno el Antiguo Testamento a la figura del Satán, un ser angélico, cuyas características principales son las de acusar a los siervos de Dios (Job 1, 6; Zac 3, 1), tentarlos con la finalidad de causarles daño (Job 2, 3; 1 Cr 21, 1) y someterlos a pruebas (Job 2, 3-5) que los lleven a apartarse de Dios. Satán puede causar enfermedades y desgracias de todo tipo (Job 1-3) pero sólo hasta donde Dios lo permite (Job 1, 12; 2, 5-6).

Pese a lo anterior, y en términos generales, la angelología vetero­testamentaria no parece excesivamente desarrollada. Son muy escasas (y poco concretas) las referencias a la jerarquía angélica; salvo en Daniel no aparecen nombres angélicos; sus funciones son limitadas; apenas está esbozado el tema de la caída de los ángeles o de su actuación en el curso de la historia, etc.

deuterocanónicos

Dentro de los deuterocanónicos, el tema de los ángeles no está mucho más desarrollado que en el canon hebreo. Salvo las referencias contenidas en el Segundo libro de los Macabeos relativas a las apariciones de ángeles al frente del ejército judío (2 Mac 10, 29; 11, 8-10; 3, 25), que incluso cuentan con antecedentes, puede decirse que el papel de los ángeles no es muy relevante. La única excepción a esta perspectiva la representa el libro de Tobías o Tobit. En el mismo no sólo se otorga un papel trascendental al arcángel Rafael (5-12), auténtico co-protagonista del escrito, sino que construye buena parte del argumento en torno al demonio que asesinaba a los pretendientes de Sara (8, 1 ss).

ESCRITOS PSEUDOEPIGRÁFCOS

Un panorama diferente es el que observamos en los escritos pseudoe­pigráficos. En relación a éstos hemos limitado nuestro estudio a aquellos que son anteriores al s. I d. de C., o que dentro del s. I pueden ser datados en una fecha coetánea al surgimiento del cristianismo.y en Qumrán.

La creencia en los ángeles y una muy desarrollada angelología que suele incluir referencias a los demonios y a su caída, así como a sus actividades presentes, ocupan un lugar muy relevante en 1 Enoc (s. II a. de C.) . Entre los datos sobre angelología cabe destacar: 6ss se hace referencia a la caída de los ángeles, en 13 se describe la intercesión de Enoc por Azazel y en 18-22, se ofrece el relato de un viaje por la tierra y el sheol en el curso del cual Enoc describe a los ángeles, da el nombre de los arcángeles (Suruel, Rafael, Raguel, Miguel). â. En 2 Enoc 18, 7 se señala como hay ángeles caídos que yacen bajo tierra y se los divide en cuatro grupos: su principe, Satanail, aparentemente en el quinto cielo; los vigías que tuvieron relaciones con las mujeres de Ermon; los ángeles apóstatas del segundo cielo y, posiblemente, los condenados "bajo tierra". Muchos de ellos esperan aún salvación y suplican a Enoc (2 Enoc 8) que interceda por ellos.

El Apocalipsis de Sofonías (s. I a. de C. - s. I. d. de C.) proporciona un papel muy relevante a los ángeles. Estos anotan las obras de los hombres (3), llevan las almas de los malvados al castigo eterno (4), el vidente se une a ellos en su viaje (8), los ve conversar con los patriarcas del Antiguo Testamento (9), etc.

En Jubileos (s. II a. de C.) se describe cómo el ángel de la presencia escribe la historia de Moisés (1, 27 ss), la creación de los ángeles (2, 2 ss), la caída de los ángeles que mantuvieron relaciones sexuales con seres humanos (5, 1 ss) así como su castigo y la destruc­ción de su descendencia (5, 3ss), las oraciones de Noé para enfrentarse con los demonios (10, 1-14), etc.

El Martirio y la Ascensión de Isaías (s. II a. de C. - IV d. de C.) presenta muy posiblemente interpolaciones cristianas, quizá de corte gnóstico. Con todo, parece que, sustancialmente, su angelología es judia. Especialmente, la demonología es de considerable importancia.

El jefe de las fuerzas del mal es llamado Sammael (1, 8; 2, 1; 5, 15 ss), Beliar (1, 8 ss; 2, 4; 3, 11; 5, 1) y Satán (2, 2; 5, 16) en una forma que parece indistinta. De manera secundaria se le denomina Malkira (1, 8. Rey del mal) y Matanbukus (2, 4. Don de desolación?).

La Vida de Adán y Eva (s. I d. de C.) presenta también una angelología muy elaborada. En las cuatro teofanías del texto griego (ApMos 8, 22, 33, 38) Dios aparece acompañado de querubines o ángeles. Estos llevan a cabo los deseos de Dios (Ap Mos 22, 3; 38, 4) e incluso puedan llegar a ser más compasivos que El (ApMos 27, 4). Los ángeles están agrupados en rangos (ApMos 36, 1) de los que los más importantes son los querubines (ApMos 22; 36, 3) y los serafines (ApMos 33, 3; 37, 3).

Se menciona por su nombre a cuatro ángeles de los cuales el más importante es Miguel (ApMos 40, 2). Satanás aparece como un ángel caído (Vita 12-16), que busca destruir a los hombres (Vita 17, 1) disfrazándose de ángel de luz (Vita 9, 1 y 3; 12, 1). Lleva al hombre a transgredir la ley de Dios (Ap Mos 25, 4; 28, 3; Vita 12, 1) y es el responsable de diversas enfermedades (ApMos 8; Vita 34) y de la muerte (ApMos 14, 2; 2, 4).

En cuanto a los Testamentos de los Doce Patriarcas (c. 250 a. de C. salvo las interpolaciones cristianas) siguen esta misma tónica que ya hemos apreciado en las obras señaladas con anterioridad.

Los ángeles que instruyen a los justos (Tes de Rubén 5, 3; Tes de Isacar 2, 1; Tes de Judá 15, 5) se hallan presentes en el primer cielo, donde son instrumento de castigo de los inicuos (Tes de Leví 3, 2-3). En el segundo cielo, se hallan los espíritus de Beliar y en el tercero los arcángeles que ofrecen ante Dios un sacrificio incruento. El ángel de paz permite a Israel enfrentarse con sus enemigos (Tes de Dan 6, 5).

De la misma manera, se habla de un ángel que intercede a favor de Israel (Tes de Leví 5, 6) y que guía a Leví y Judá (Tes de Leví 5, 4).

 

CONTINUARÁ



César Vidal Manzanares es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, 2004, España.
  
 
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