| Origen doméstico de la violencia (III)
Actuando ante la violencia doméstica
En el artículo anterior de psicoayuda sobre el origen doméstico de la violencia, describí brevemente la naturaleza, funcionamiento y objetivo de la violencia de género, presentando el llamado ciclo de la violencia doméstica como principal dificultad que las mujeres víctimas de esta situación sufren a la hora de afrontar el conflicto. En efecto, la secuencia tensión-agresión-conciliación-arrepentimiento funciona como una auténtica atadura en la que las víctimas quedan atrapadas sin fuerzas ni determinación para salir.
De hecho, la mayor parte de denuncias por violencia se ponen en la fase de tensión-agresión pero cuando ésta llega a su fin, con muestras de falso arrepentimiento por parte del maltratador, la víctima retira dicha denuncia, por lo que no suele llegar hasta sus últimas consecuencias judiciales. Esto explica, en parte, porqué las mujeres que denuncian y mantienen su denuncia por malos tratos, lo hacen después de soportar muchos años el maltrato, y con mayor frecuencia durante el proceso de separación y divorcio ya iniciado. Es un momento crítico, en el que se producen un mayor número de asesinatos por violencia de género (la lógica homicida del maltratador que llega hasta sus últimas consecuencias es que “si no es para mí, no es para nadie”).
Otro aspecto que dificulta a la víctima el afrontar la situación es la protección que hace de la imagen familiar, evitando así el sentimiento de vergüenza social al pensar que la familia puede sufrir más daño si con la denuncia todo sale a la luz. La presión familiar de “darle una nueva oportunidad” al maltratador y la dependencia económica de la mujer son otras dificultades mencionadas en la literatura sobre el tema.
Pero una de las razones más fuertes, a mi juicio, es el menoscabo de la estima propia, el continuo daño psicológico que producen las humillaciones, el auténtico terror a sufrir palizas o que las amenazas de muerte se conviertan en realidad.
Una respuesta eficaz a este grave drama pasa por una actuación decidida de los poderes públicos con el desarrollo de un plan integral de lucha contra la violencia de género, mediante leyes y los correspondientes recursos presupuestarios que permitan dar un abordaje integral del problema. Concretamente:
Desde el punto de vista preventivo, es preciso incidir sobre los aspectos culturales del problema, con una educación en valores que defienda la igualdad del hombre y la mujer como sujetos de pleno derecho, diferentes pero a la vez iguales en dignidad, combatiendo desde la escuela y la familia las actitudes machistas que están en el fondo de la violencia de género.
Desde el punto de vista asistencial, con centros de acogida y programas de atención integral de las víctimas, con asistencia médica, psicológica, social y legal. Sin olvidar a los maltratadores: es preciso dar la oportunidad a los hombres maltratadores de aprender a resolver sus conflictos de forma alternativa no violenta, mediante asesoramiento y terapia. Sin justificar de modo alguno la actitud y conducta del maltratador, es preciso comprender que muchos de estos hombres tuvieron desde su infancia una educación machista, con modelos de aprendizaje social inadecuados para la solución de conflictos. Programas de atención al maltratatador ya están en marcha y con resultados esperanzadores.
Francisco Gómez Moreno es
licenciado en psicología y psicoterapeuta. Profesor de consejería del Centro de Estudios Teológicos CET-CARISMA .
© Francisco Gómez Moreno, ProtestanteDigital.com, 2004. |