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Número 21 - 15 de febrero, 2004
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Sergio de LIs

Hermenéutica y poesía
Juan Solé (*)

Ben F. Stahl

Los que lean los dos tomos antológicos de la obra poética e himnológica de Mariano San León tendrán además el premio de leer el prólogo escrito por otro poeta, Santos García Rituerto, compilador de esta antología. Este prólogo no es un complemento protocolario, sino un monumento hermenéutico en el que lo sentimental y lo objetivo no pierden el paso, dejándonos una pauta viva para que la lectura no se disperse por las trochas inseguras que llevan a la incomprensión y al olvido.

Hallar, en la huella de cada verso, al poeta, su vivir, su circunstancia, es una manera de ir a donde él iba, de sentir lo que él sentía. «Sólo así, dice Julián Marías, pueden interpretarse rectamente esos gestos humanos que son las palabras escritas».

Es necesario no sólo leer sino también interpretar y comprender, para que el ideario y lo estrófico de la poesía tengan efectos vitales. ¡Leer y comprender a Mariano San León es crecer en la humildad del dolor hacia adentro, para surgir con el servicio humilde hacia fuera, con la alegría de hacerlo todo bajo la gracia de Dios!

Mariano San León, poeta, hacedor de poesía, no es un desdoble independizado del ensoñador, del teólogo. Teología y poesía eran en él una mismidad puesto que ambas eran radicales para él: raíces de su 'ser' y de su 'hacer'. Más aún, raíces de lo que él quiso ser y hacer, en la voluntad de Dios.

Teología y poesía para Mariano San León eran como los carriles ferroviarios separados por leve distancia, unidos por fuertes traviesas, paralelos siempre, llevando el tren de la verdad a través de un mundo necesitado de ella, hacia una estación término, remota, acaso, pero segura: El Reino de Dios.

Podemos remedar a Ortega diciendo del poeta, lo que él decía del intelectual puro, a saber: que no es el resultado de una elección personal. Si alguien desea inscribirse en la lista humana como poeta es acaso el primer indicio de que, por el momento, no lo es. El poeta surge a la luz y al viento de la realidad humana, desde el limo eterno donde sus raíces absorben las sustancias nutricias de su ser y de su hacer.

La virtualidad de la idea poética se conjuga con la palabra, que es su forma y ésta va uncida a la vida que es su realidad. Si no es así, no hay poeta, no hay poesía...

Porque etimológicamente, poesía es 'hacimiento' y el poeta es 'hacedor'. De ahí que en última instancia podemos decir que poeta en verdad, sólo hay uno: ¡Dios! Dios el Hacedor de todo y poesía pura, suprema, incondicionada la obra toda de Dios compilada en dos estróficos, grandes y sencillos:
«Tú creaste todas las cosas»
«Tú nos has redimido»

Toda la poesía mana de ésto y todo poeta auténtico tiene su raíz esencial en el Poeta Eterno, que es el que ES y el que HACE todas las cosas conforme a su voluntad y las sustenta con la Palabra.

Mariano San León, lo sabía. De ahí su respetuoso trato de la palabra, don de Dios al hombre que aplicaba su pulcritud. De ahí su sencillez retórica propia del que sabe bien que «todas las cosas», aún la noble gestión poética, «están desnudas y abiertas ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta». Y, acaso de ahí también aquella dicción castellana, sonora y queda a la vez, con la que ponía como un cifrado musical al verbo de su discurso.

¡Más poetas! Hay un déficit de poesía, como una diáspora de poetas. Se está tratando a cualquier cosa (esto es: a Mammon) como si fuera Dios. Las cosas, fungibles en sí, no pueden suplir la presencia del Dios eterno y presente; en una sociedad así, aunque se llame cristiana, es posible, versificar, rimar, parear y metaforizar, es posible idear, imaginar y dar forma a un poema, pero no hace poesía que responda poéticamente a la poesía de Dios ¡Parece como si a la par que la tierra se desertiza, se despoetiza el hombre, seducido hacia las cosas... !

(*) Este texto fue leído el 13 de junio de 1986 en la iglesia en C/ Teruel, 22, Barcelona, con motivo de la presentación de la obra citada al principio (Publicado en el nº 204 de Edificación Cristiana. Fotografía, selección y resumen: Sergio de Lis)

 
mARTEs
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