| Puritano inteligente/ libertino mentecato
‘‘Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego." (Mateo 18:6-9)
Nos hemos despachado a gusto con ellos llamándolos de todo: Mojigatos, pacatos, puritanos, ridículos, gazmoños, hipócritas y no sé cuantos calificativos más. Hemos vaciado toda nuestra artillería y descargado todo nuestro arsenal dialéctico sobre la moral de los estadounidenses a cuenta del asunto de la hermana de Michael Jackson. Nos hemos reído de su estrechez, los hemos puesto en la picota del hazmerreír y de paso hemos visto, hasta la saciedad, el acto de la controversia, al que en España hemos evaluado desde la aprobación abierta hasta la consideración de inapropiado (esta palabra es muy socorrida en estos casos), si bien nunca condenándolo abiertamente. Y es que a este lado del Atlántico, acostumbrados como estamos a que un día sí y otro también aparezcan imágenes en la TV mucho más explícitas y duraderas que la que protagonizó la hermana de M.J., nos parece absolutamente normal lo que a ellos les ha asustado.
Por eso todo un coro de voces, inusualmente afinadas en la misma nota de descalificación, se han lanzado contra la censurada entrega de los Grammys que tuvo lugar unos días después. Podremos disentir entre nosotros en cuanto a la legitimidad de la guerra de Irak, o sobre si España debió o no participar en la misma, o sobre la legalidad y oportunidad del embargo a Cuba, y, si se me apura demasiado, hasta sobre la cuestión de la pena de muerte. Pero ¡cuidado! que nadie se atreva a salirse de la entonación marcada por la batuta en esta cuestión de la moral sexual; aquí no cabe disonancia y el veredicto en España es unánime: Estos estadounidenses son unos puritanos.
El problema es que los jueces no parecen ser competentes para juzgar a otros sobre esta materia, porque sería lo mismo que si un cerdo se pusiera a disertar sobre la diferencia entre la limpieza y la suciedad o que un topo pretendiera dar clases de astronomía o que un hipopótamo impartiera cátedra sobre el vuelo de las aves. Estando, como estamos, en España sumidos en un grave problema moral del que es un exponente máximo la telebasura, no creo que estemos capacitados para condenar lo que hacen otros al intentar evitar que esa misma basura salga por su televisión. Si los acusamos de hipocresía hemos de sopesar bien lo que decimos, porque la hipocresía puede ser nuestra, al tener un problema en casa que nos desborda y que a estas alturas no sabemos o no queremos o no podemos solucionar y del que sin embargo pretendemos ser instructores y monitores para otros. Hipocresía es procurar corregir a otros en lo que uno mismo necesita ser corregido. Hipocresía es pretender enseñar a otros en lo que uno mismo precisa ser enseñado. Hipocresía es querer curar a otros cuando hay un mal que hace estragos en uno mismo. Como dice el dicho español: ‘¡Maestro Quiñones que no sabía enseñar y daba lecciones.!'
Pero aquí hay algo más que hipocresía. Aquí hay estulticia (estupidez). Pues que el enfermo se burle del sano es estulticia; que el preso se ría del libre es estulticia, que el alumno suspendido satirice al aprobado es estulticia, que el derrotado se mofe del vencedor es estulticia.
Un autor antiguo escribió lo siguiente sobre el estado moral de una sociedad muy parecida a la nuestra, la de Roma:
‘La verdad es que los adoradores y amigos de estos dioses, de cuyos crímenes y vilezas tienen a gala el ser imitadores, en absoluto se preocupan de poner remedio al estado tan lamentable de infamias de su Patria. "Con tal que se mantenga en pie -dicen ellos-, con tal que esté floreciente y oronda por sus riquezas, gloriosa por sus victorias, o -lo que es más acertado- en una paz estable, ¿qué nos importa lo demás? Esto es lo que más nos importa: que todos aumenten sus riquezas y se dé abasto a los diarios despilfarros... que los pueblos prodiguen sus aplausos no a los defensores de sus intereses, sino a los que generosamente dan pábulo a sus vicios. Que no se les den mandatos difíciles, ni se les prohíban las impurezas... que las leyes pongan en guardia más bien para no causar daño a la viña ajena que a la vida propia; que nadie sea llevado a los tribunales más que cuando cause molestias o daños a la hacienda ajena, a su casa, a su salud o a su vida contra su voluntad; por lo demás, cada cual haga lo que le plazca de los suyos, o con los suyos, o con quien se prestare a ello; que haya prostitutas públicas en abundancia, bien sea para todos los que deseen disfrutarlas, o, sobre todo, para aquellos que no pueden mantener una privada. Que se construyan enormes y suntuosos palacios; que abunden los opíparos banquetes; que, donde a uno le dé la gana, pueda de día y de noche jugar, beber, vomitar, dar rienda suelta a sus vicios; que haya estrépito de bailes por doquier; que los teatros estallen de griteríos y carcajadas deshonestas, y con todo género de crueldades y de pasiones impuras. Sea tenido como enemigo público la persona que sienta disgusto ante tal felicidad. Y si uno intentara alterarla o suprimirla, que la multitud, dueña de su libertad, lo encierre donde no se le pueda oír; lo echen, lo quiten del mundo de los vivos.' (Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios II, 20).
Otro autor, español, describió así el estado de cosas en nuestra propia nación:
La envidia de la virtud
hizo a Caín criminal.
¡Gloria a Caín! Hoy el vicio
es lo que se envidia más.
(Antonio Machado, Proverbios y cantares)
Y finalmente tenemos las palabras de Jesús recogidas en el texto arriba citado, en el que avisa de las consecuencias de ser tropiezo para otros: Algo peor que ser arrojado al mar con una cuerda al cuello atada a una piedra de molino. Sí, hay un sentido en el que es imprescindible ser puritano, porque más vale ser puritano inteligente que libertino mentecato; es mejor ser puritano ridiculizado por los hombres pero aprobado por Dios, que libertino aplaudido por los hombres pero rechazado por Dios.
Wenceslao Calvo es conferenciante
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2004, Madrid, España. |