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Número 22 - 15 de febrero, 2004
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MANUEL LÓPEZ

Cabezas tapadas

“ Es cosa divertida de considerar que haya gentes en el mundo
que habiendo renunciado a todas las leyes de Dios y de la naturaleza,
se las han hecho ellos mismos, a las cuales obedecen exactamente,
como, por ejemplo, los soldados de Mahoma,
los ladrones, los heréticos, etcétera. (...).”
- Pascal, “Pensamientos”, 286a.

“El salario del algodón”, esta obra magistral del fotógrafo cordobés Juan Vacas, una de mis fotos preferidas, muestra a un grupo de mujeres de espaldas, con las cabezas cubiertas con sombreros de paja. Son jornaleras. Están en un campo de algodón de la campiña cordobesa. Son la pura representación de la población activa de España en su estadio básico. Esta foto emblemática de la Andalucía profunda está datada en 1970.

Esta obra, todo un clásico de la fotografía, se me antoja cada día más moderna en su clasicismo, más vibrante en su significación, más actual en su intemporalidad.

Hay en esta foto algo no por obvio menos misterioso e inquietante: las mujeres están vueltas de espaldas a la cámara y, por extensión, al observador. Posan anónimas. Pero la lectura de la imagen no debe pasar por alto la significación justo de lo que no se ve, las caras. Las cabezas están, en efecto, tapadas, pero para protegerse del sol; las caras están lógicamente descubiertas.

Las mujeres, con los cuerpos erguidos, nos dan la espalda, pero muestran su identidad de frente, exactamente en la misma dirección que el observador. El guiño es total. Aquí hay arte, señoras y señores.

Lo que, gracias a Dios, no hay, es motivación moral o religiosa alguna en el uso de los sombreros. Faltaría más.

¡Cuán lejos está la bendita normalidad -y el benéfico efecto protector del sol y el viento- del humilde sombrero popular de paja del terror atávico del estigma carcelario del burka o el signo externo de “posesión” de la mujer por el varón del hiyab , el velo islámico!

Frente a la intolerable instrumentación del velo islámico en la mujer como símbolo de la hegemonía de un “sistema” -los hombres que, en el nombre de Mahoma, controlan las conciencias- , el sombrero de paja se revela como una prenda popular eminentemente “civil” y “laica". No hay la menor motivación moral o religiosa en el hecho de taparse la cabeza -por antojo o necesidad; no por imposición- con un sombrero de paja,...

Lo trágico del integrismo islámico es que consagra por la fuerza un concepto medieval como es “sometimiento al varón”. Pero más patético es que todos sepamos de perfectamente de qué se está hablando cuando se habla de ”sometimiento”.

La acusación de ”islamofobia” a quienes se oponen a imposiciones en la esfera de las costumbres como es la tiranía del velo se cae por su propio peso. Los “sabios” del Informe Stassi sobre cuya opinión se fundamenta la ley antivelo francesa son personas de intachable trayectoria democrática y reconocido compromiso con los derechos humanos.

Las leyes de los fanáticos de las “guerras santas” (no sólo los integristas islámicos, también los “cruzados”), los señores de la usura (el sistema que manda, la banca, a ver) o los ejecutivos del control mental de las sectas (no pocas, pretendidamente “cristianas”) son una amenaza sangrante, absolutamente intolerable para la sociedad.

Integración equivale a “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. Dios nos creó iguales. ¡A su imagen y semejanza!

La religión, en su sitio: el corazón de las personas que optan por creer. Ahí es donde debe estar, y ha de verse libremente expresada en las conductas personales, que no silenciada y escondida a la fuerza bajo los velos...

Las mujeres musulmanas tienen, por descontado, todo el derecho del mundo a taparse la cabeza. Pero a condición de que fuera por decisión propia, no porque si no lo hacen sus “señores amos” las muelan a palos, las repudien y acaben lapidándolas.

Manuel López Rodríguez, es periodista, director de la revista FOTO ,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid
© Fotos del autor.

 
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