| Cisneros y la Reforma (IV)
Cisneros, Reforma y Biblia
En las últimas semanas hemos podido acercarnos a la vida y obra de dos de los personajes más trascendentales en la historia del cristianismo. Dos figuras antagónicas, pero con claros nexos en algunos temas fundamentales. Uno de esos temas es su profundo amor por las Sagradas Escrituras. En esta cuarto y último artículo acerca de “Cisneros y la Reforma” trataremos este nexo a la par que las diferencias que existieron en torno al mismo.
CISNEROS
El cardenal Cisneros manifestó en diversas ocasiones sus deseos de reforma, pero sabía que uno de los impedimentos fundamentales era la profunda ignorancia teológica y bíblica de los clérigos seculares y sus hermanos regulares. Por ello Cisneros hizo una declaración de intenciones ante el mismo rey Fernando: “Señor, mientras Vos ganáis reinos y formáis capitanes, yo trabajo para formar hombres que honren a España y sirvan a la Iglesia”.
La idea de crear una nueva universidad, donde la teología fuera la protagonista y donde las humanidades adquirieran un renovado protagonismo, a diferencia de las universidades de Salamanca y Valladolid en las que prevalecía el estudio del Derecho, obsesionaba la mente del cardenal. La creación de una escuela trilingüe, que fomentara los estudios del hebreo, griego y latín, pensaba Cisneros que era un paso imprescindible para la compresión de la Biblia.
En 1508 comenzó el primer curso universitario en la ciudad de Alcalá de Henares. Cisneros se encargó de traer a los mejores profesores de Europa, aunque algunos como Erasmo rechazaron la oferta.
Las palabras de Cisneros nos aclaran cual era su intención al publicar la Biblia Políglota cuando dice: “De suerte que todos pueden beber de las fuentes mismas el agua que salta a la vida eterna. Por eso he hecho imprimir esta Biblia en las lenguas originales, para que empiecen a revivir los estudios de las divinas letras, al presente medio muerto”.
El amor de Cisneros por las Sagradas Escrituras venía de lejos. Ya en su época de cautiverio en Uceda se dedicó a leer la Biblia. En Sigüenza, años más tarde, estudió el hebreo y caldeo con un rabino de la ciudad.
Gracias a sus conocimiento Cisneros reunió a los mejores filólogos para la traducción de la Biblia. Estudiosos de hebreo como Pablo Coronel, Alfonso Zamora y Alfonso de Alcalá. Para el griego Juan de Vergara, Demetrio Ducas y Hernán Núñez. En los latines destacó la mano de Lebrija.
La Biblia Políglota constaba de seis volúmenes, cinco de ellos componen los textos sagrados y el último un diccionario hebreo-caldeo, una gramática hebrea y la explicación de los nombres en los tres idiomas.
LUTERO
El reformador alemán ha constituido otro de los hitos de la traducción de la Biblia, aunque su concepto del estudio de las Sagradas Escrituras difería sustancialmente del de Cisneros.
La traducción de la Biblia al alemán no era algo novedoso a principios del siglo XVI. La primera traducción de una Biblia a una lengua germánica data del siglo IV por el visigodo Úlfilas, que siguió para ello el texto griego y la traducción latina. Durante siglos las traducciones al alemán se centraron en pequeños fragmentos de las Sagradas Escrituras, sobre todo los salmos y proverbios. En 1442 Gutenberg imprimió la Vulgata completa. En 1466 el impresor Metelin publicó la primera Biblia alemana completa, sacada de una traducción hecha en Baviera 100 años antes. Hubo otras ediciones revisadas en los años 1470 y 1475, pero todas carecían de un lenguaje fresco que escapara de la aliteración, haciendo en muchos casos incomprensible el texto.
Lutero no quiso hacer una traducción para eruditos ni coleccionistas, su deseo era acercar la Biblia al pueblo. Por ello cuando en 1522 se publicó el Nuevo Testamento de Lutero, el reformador atacó a los literalistas que preferían una Biblia incomprensible a una Biblia viva en la que se reflejara la gente corriente. Por eso comenta: “Pues no hay que preguntar a la letra en lengua latina cómo hay que hablar en alemán, como hacen esos asnos, sino que hay que preguntar a la madre en casa, a los niños en las calles, al hombre llano en el mercado y mirarles al morro para ver como hablan, y según esto traducir. Entonces lo entienden y notan que se está hablando en alemán con ellos”.
CONCLUSION
Cisneros quería transformar a la elite intelectual de su tiempo, formar al clero, pero no creía que la Biblia debiera estar en manos del pueblo. Lutero, por encima de formalismos, deseaba que la Biblia llegara a todas las personas y que las cambiara cómo el mismo fue transformado por las Sagradas Escrituras.
Dos hombres con dos visiones radicalmente opuestas de la vida, la Iglesia, la salvación, pero que amaron profundamente la Biblia y su poder renovador. ario Escobar Golderos es licenciado
en historia y director de las revistas “Historia para
el debate” y “Kerigma".
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2004 |