| Oír los gritos silenciados
Las páginas de los periódicos se preñan de malas noticias. Impregnadas de injusticias, amarillean y con el paso del tiempo pierden frescura. Lo que hoy es portada, pasa fugazmente a convertirse en crónicas añejas. Me asomo a la ventana de la actualidad y me sobrecoge el argumento del que está compuesta. La vida propaga un aroma de barbarie con mezclas de locura, fusiones que despiertan desconcierto entre quienes no terminamos de comprender tanta crueldad.
Muchas mujeres, desoladas ante su nefasto presente, omiten un grito de auxilio que les estalla dentro y las hacen ser marionetas sostenidas por brutales manos.
Mujeres que duermen con los ojos abiertos, adheridas al miedo que les produce quien comparte su lecho.
La maldad siempre va guiada por una desmedida sinrazón.
Cada vez que alguien es sometido a algún tipo de vejación, la raza humana pierde parte de su dignidad, se empobrece volviéndose un poco más vil. Hay mujeres, hombres y niños que han perdido la esperanza de ser libres, que viven dependiendo de la benevolencia de otros. Personas que mueren cada día en situaciones degradantes, en la más miserable de las pobrezas, enlutadas bajo un cielo que no les ofrece consuelo alguno.
Hoy quiero que prestemos atención a todos esos gritos que no oímos, que haciendo acopio de valor dediquemos un poco de nuestro valioso tiempo a escucharlos.
A veces es más sencillo excluirlos, ignorar su existencia, seguir viviendo en nuestra burbuja de cristal ajenos a todo cuanto nos rodea. Pero deseo que cada grito silenciado despierte nuestras dormidas conciencias y nos produzcan un pellizco en el corazón. Aprendiendo así a mirar con ojos diferentes las noticias de cada día, y que estas no pasen por nosotros como trilladas y faltas de efectividad.
Que de forma solidaria nos comprometiésemos a servir de voceros de quienes impotentes ante sus desgracias no pueden emitir quejas.
Porque cada una de nuestras voces puede arremeter con fragor ante un mundo que adolece de sordera. Anhelo que mi voz se una con la tuya y que compongamos juntos un himno de libertad para todos quienes viven presos de la injusticia.
Yolanda Tamayo es colaboradora
de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2004, España
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