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Número 21 - 6 de febrero, 2004
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CÉsar vidal manzanares

La angelologia del judeo-cristianismo palestino del S. I (III)
Los ángeles en Hechos y Apocalipsis

Los Hechos de los Apóstoles

Las referencias a los ángeles son relativamente escasas en las fuentes relacionadas con el judeo-cristianismo palestino. El libro de los Hch, muy abundante en referencias al Espíritu Santo y a sus manifestaciones, resulta comparativamente escueto al hablar de los ángeles.

PEDRO Y ESTEBAN

Con todo, las mismas no se hallan ausentes del todo. Así, se conecta la huída de Pedro de la prisión en que lo había confinado Herodes Agripa con un ser angélico al que se denomina el Ángel del Señor (¿quizá un eco del Malaj Yahveh?) (Hch 12, 7 ss), pero el relato está prácticamente exento de todo tipo de descripción relativa al suceso o de detalles sobre el mismo.

De hecho, la fuente indica que el mismo Pedro, protagonista del episodio, parece haberlo interpretado inicialmente más como una visión que como una intervención angélica (Hch 12, 11). Un episodio muy similar, esta vez conectado con las autoridades del templo y relatado en Hch 5, 19-20, resulta aún más sucinto.

El discurso de Esteban contiene abundantes referencias a los ángeles pero la acción de los mismos aparece explícitamente religada al pasado (Hch 7, 30, 35, 38 y 53) y del mismo no parece desprenderse - todo lo contrario - un especial interés por el tema.

SU PAPEL

Un papel mayor cabe atribuirles en relación con el impulso evangelístico (Hch 8, 26 ss; 10, 3 ss) pero, de nuevo, aquí la aparición de los ángeles es muy limitada si se la compara con el papel que se asigna al Espíritu Santo. Con todo, los judeo-cristianos de Jerusalén parecen haber creído en una cierta protección angélica que acompañaba, al menos, a algunos de los componentes de la comunidad (Hch 12, 15) y, precisamente por ello, no pudieron dejar de atribuir la muerte de Herodes Agripa, un perseguidor suyo, al Ángel del Señor (Hch 12, 23).

Están ausentes, sin embargo, de las fuentes noticias sobre las jerarquías angélicas, el empleo de la magia, los nombres de los seres angélicos, así como otros aspectos comunes en la literatura judía del período.

LOS DEMONIOS

Las menciones a demonios se limitan a una en Hch, pero la misma no deja de ser reveladora. Al Diablo se le atribuye, en primer lugar, la opresión. Este es un término que difícilmente podría ser dotado de un contenido social en este contexto. Más bien parece indicar una acción demoníaca que produce en la persona desarreglos emocionales y físicos.

También se relaciona con él la enfermedad de aquellos que, posteriormente, fueron liberados y sanados por Jesús (Hch 10, 38), (un aspecto que, como veremos, era considerado de considerable relevancia), así como el extravío de alguno de los miembros de la comunidad (Hch 5, 3-4).

Santiago no contiene referencias a los ángeles pero sí una relacionada con Satanás. La misma no deja de ser significativa: los cristianos, que previamente se han sometido a Dios, pueden oponer al Diablo una resistencia que sólo tendrá como fruto el provocar la huída de éste (Sant 4, 7). La expresión, una vez más, podría de nuevo estar relacionada con la creencia insistente en las curaciones milagrosas (Sa 5, 14 ss).

 

El libro de Apocalipsis

En cuanto a Apocalipsis, contiene, sin duda, el mayor número de referencias angelológicas no sólo de los escritos judeo-cristianos sino también del Nuevo Testamento pero en su articulación parece estar más cerca de libros veterotestamentarios como Daniel o Zacarías que de la literatura intertestamentaria.

ÁNGELES…

Los ángeles aparecen como siervos de Dios que desencadenan Sus juicios sobre la humanidad que se niega a arrepentirse (Ap 7-11; 14-17), que arrojan del cielo al Dragón y a sus secuaces tras la ascensión de Jesús al cielo (12, 1 ss), que, posible­mente, actúan como soldados del Logos en su batalla final contra los enemigos de Dios (19, 11 ss) o que atan al Diablo durante el milenio (Ap 20, 1 ss).

… Y DEMONIOS

Igualmente, la demonología resulta más amplia que en otras obras pero también parece más relacionada con escritos como Zacarías y Daniel que con los correspondientes al periodo intertestamentario. El Dragón, al que se identifica con el diablo, Satanás y la serpiente del Génesis, acusador de los siervos de Dios y seductor, (12, 9-10) es descrito como un ser derrotado por la victoria de Jesús en la cruz (Ap 12, 1 ss).

Había previsto el nacimiento de Jesús e intentó causar su muerte (¿una referencia a una tradición similar a la relacionada con Herodes en Mt 2?) y después la destrucción de la comunidad judeo-cristiana pero no lo había logrado.

Ciertamente, aún se halla activo y prepara sus peores embates consciente de que le queda poco tiempo por delante pero su aniquilamiento final es seguro. Es él quien se halla detrás del reinado de la Bestia (13) y el que inspira espiritualmente a la Gran Ramera (17-18) pero sólo podrá contemplar impotente la derrota de sus marionetas en la batalla de Har-Magedón (19), será encadenado en el abismo por mil años (20, 1-6) y, aunque después del milenio, reunirá a Gog y Magog en contra del pueblo de Dios sólo logrará cosechar una derrota definitiva, tras la cual se verá confinado eternamente en el lago de fuego y azufre para padecer tormentos en el mismo (20, 10 ss).

 

CONCLUSIÓN

De nuevo, y pese a lo extenso del tema, comparativamente resulta Apocalipsis un libro no muy desarrollado en relación con la angelología (aunque, sin lugar a dudas, es el escrito neotestamentario más elaborado al respecto). Sólo conoce el nombre de Miguel pero no el de los otros ángeles o demonios, desconoce la posibilidad del uso de la magia, no describe con detalle las jerarquías angélicas, no hace referencia a las causas de la caída del Diablo, etc.

En general, pues, y con las matizaciones que exige el Apocalipsis, no parece que la angelología y la demonología judeo-cristiana palestinense resultara muy extensa. Obviamente, se aceptaba la creencia de los ángeles como seres protectores de los creyentes y, muy ocasionalmente, transmisores de mensajes o ejecutores de juicios divinos pero su papel parece que estaba más vinculado a la otra dimensión que a ésta. Es en ella donde se enfrentan con las fuerzas del mal o rinden culto al Todopoderoso. Incluso entonces las descripciones son muy escuetas cuando se las compara con la literatura intertestamentaria.

En cuanto al Diablo, se le atribuyen daños sobre los seres humanos en forma de enfermedades y opresiones, pero se tiene una visión curiosamente optimista. Fue vencido al no poder aniquilar a Jesús ni a sus fieles; si es resistido no puede sino huir y, aunque se alza

tras estructuras de poder como la Bestia o la Gran Ramera, sus días están contados y será totalmente aplastado por Jesús. Esta visión, y no debería sorprendernos, es similar a la pergeñada en el Cuarto Evangelio.

 

CONTINUARÁ

César Vidal Manzanares es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, 2004, España.

 
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