| Homosexuales: rechazo y aceptación
Como estoy tratando diferentes temáticas sociales, creo que también debería aventurarme a tratar algo sobre la homosexualidad. Lo hago con todo mi respeto y sabiendo que puedo equivocarme. Aceptarlo como simple reflexión y sin ningún dogmatismo por mi parte. Así comienzo. He visto con sorpresa que en mi foro en esta misma revista, ha entrado alguien desde las perspectivas del colectivo gay. Y en cierta manera me alegra que hayan encontrado foros de expresión. Observo por otra parte que el foro dedicado a la homosexualidad es el más visitado. Casi cada día aparece un nuevo mensaje.
Quizás porque por muchos años ha sido un grupo condenado a la invisibilidad, teniendo que pasar por situaciones de muchas marginaciones e incomprensiones de muchos de los círculos sociales de las personas bien acogidas e integradas. De ahí que ellos mismos hayan tenido que reprimir su presencia y hacerse invisibles con la cantidad de traumas que esto puede ocasionar. De ahí que, en un momento en que se están haciendo visibles en la sociedad, en un momento en que hablan y se habla de ellos, desde la adopción de niños hasta la publicitación de aquellos que “salen del armario” desde las filas del ejército hasta de la guardia civil y pasando por el clero, aprovechen todo tipo de foros.
Quizás buscan una normalización social sin discriminaciones y sin estar específicamente estigmatizados. Pero como todavía encuentran multitud de discriminaciones, están siempre a la defensiva, pueden liberar cierta agresividad que les puede perjudicar. Pero entiendo su situación y no puedo, como cristiano, estar de espaldas a su sufrimiento, discriminación y marginación de nadie.
Las cartas del Apóstol Pablo ha dado a los cristianos una idea subrayada y magnificada de los pecados relacionados con la sexualidad. Es verdad que en sus escritos se condena la homosexualidad tanto de las mujeres como de los hombres: “Pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza... y de igual modo también los hombres”. Ninguno de estos podrán entrar en el Reino de Dios. Sin embargo hay comentaristas, sin que yo quiera asentar estas teorías enfáticamente, que ven en las ideas moralizantes de Pablo un problema de influencia griega. Él llega a decir en Gálatas 5.24 que “los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”.
Según el teólogo José Mª Castillo, estos dos conceptos, pasiones y deseos, dan una clave de lo profundamente asimilada que tenía Pablo la cultura helenista. Así Pablo elabora unos catálogos de vicios que excluyen del Reino dando importancia extrema a las perversiones relacionadas con la sexualidad. Muchos ven en esto una influencia helenística que pone en la cima como lo peor, los pecados relacionados con la sexualidad. Heredarán el Reino los que vencen los amplios catálogos. De ahí que los cristianos, influidos por la teología paulina vean a los homosexuales como carne de infierno.
Sin embargo teólogos como el citado ven un fuerte contraste entre Pablo y Jesús. Mientras que Pablo excluirá del Reino a los que se dejan llevar por los pecados contra el sexo, Jesús podrá decir que las prostitutas van delante de los principales sacerdotes y los ancianos al Reino de Dios. Siguen comentando los estudiosos de la Biblia que, mientas que Pablo dice que no se coma con una enumeración de colectivos de pecadores, Jesús comía con ellos. Y rápidamente en estos casos hay que decir que no está en juego una cuestión de fe, ni contradicción doctrinal, sino que en muchos casos son condicionamientos culturales. Son problemas hermenéuticos, pues no podemos zafarnos fácilmente de los condicionamientos culturales de cada época. Pero Jesús no puso los problemas del sexo, ni los catálogos de vicios, como los problemas fundamentales para ser excluidos del Reino de Dios. Pongo todo esto como reflexión, no como dogma a creer. Cada cual tiene la responsabilidad de acercarse al texto bíblico desde la libertad que Dios nos da.
Por otra parte, Jesús se identificó mucho con los estigmatizados y con los que sufren cualquier tipo de violencia. Lo que él no podía aguantar era a los que se consideraban puros y despreciaban a los demás. Era el problema de los fariseos y de muchos círculos de pureza en la época de Jesús. Jesús rechaza a estos puros y les dice que “los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” y dice sus conocidas palabras de que Él no había venido a buscar justos sino a pecadores. La pregunta podría repeler a muchas mentes de cristianos “ puros” : ¿Se sentaría Jesús a comer hoy con los colectivos gays y lesbianas ? Dependería mucho de su situación de sufrimiento y rechazo. Pero en la línea de Jesús se ve como muy posible. No porque Jesús apruebe la posible pecaminosidad, sino porque Jesús se sienta para dar aliento a los que reciben sobre ellos el oprobio y rechazo de muchos. Así, muchos de los que se consideraban dignos y merecedores del Reino de Dios, fueron excluidos de él y muchos que ni ellos mismos se consideraban merecedores, fueron buscados por los caminos y obligados a entrar. ¿Qué quiere decir todo esto? Quizás que a nosotros no nos compete el juicio, sino el usar de misericordia y dar acogida.
Por tanto, llama la atención que mostremos tanta incapacidad de acogida hacia los homosexuales. Como si fuera el único pecado o el más grave... Pero bíblicamente no es así. Nada que ver con la opresión de las personas, con el pasar de largo ante los sufrimientos de los débiles. Las injusticias sociales y el no restituir al agraviado, el no preocuparse de los colectivos marginados como los huérfanos, las viudas y los extranjeros, prototipos de los colectivos excluidos en el Antiguo Testamento, son problemas más graves que la homosexualidad. Y con toda seguridad estamos conviviendo en nuestras iglesias con opresores y con personas que no hacen justicia. Estaremos casando a personas que explotan a sus trabajadores y a personas que acumulan desmedidamente y que son el prototipo del rico de la parábola. Si excluimos a los homosexuales, deberíamos excluir también, y con anterioridad y más fuerza, a todo tipo de persona que oprime, esclaviza con las modernas formas de esclavitud o escatima el salario de sus trabajadores.
El rechazo a cualquier hombre, sea o no homosexual, es un pecado. Tildar a ciertos colectivos de pecadores, no es la línea bíblica. Uno de los rechazos más grandes de Jesús es hacia aquellos que, considerándose puros, rechazaban a otros hombres. Y yo tampoco estoy pidiendo que la iglesia apruebe la homosexualidad, sino que no hay una razón para cerrar, de forma estanca, las puertas de acogida.
Nosotros ponemos sobre los problemas relacionados con el sexo un estigma especial y los rechazamos más que otros relacionados con la opresión o el desprecio a las personas, pero bíblicamente no es así. Nuestro pecado de desprecio o rechazo, puede ser, bíblicamente hablando, más fuerte que el de la homosexualidad. Sodoma, en Isaías 1, no es llamada al arrepentimiento por cuestiones relacionadas con la homosexualidad, sino con la injusticia y con no saber hacer el bien a los colectivos marginados. Por eso no hemos de equivocarnos no sea que nosotros caigamos ante Dios en situaciones más fuertes y de mayor aplicación de la justicia divina que ellos.
Con toda esta reflexión yo no quiero tampoco aprobar la homosexualidad como una cuestión de libertad, libertad que ofrece una posibilidad de opciones. Tampoco niego que pueda ser un pecado. Me mantengo en la línea de que para los cristianos está antes la acogida y la misericordia que el juicio o el rechazo. Eso es bíblico. Y esto lo afirmo con más fuerza y convicción que los que he puesto sobre los razonamientos de Pablo y su posible influencia helenística. Y nosotros no somos quienes para excluir a nadie de la mesa del Reino en donde podrán estar muchos de los tildados y rechazados por nosotros como pecadores. El juicio corresponde sólo a Dios.
Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía,
escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid
© J. Simarro, 2004, Madrid, España, |