| Mi Padre nuestro
Padre nuestro
que estás en los cielos
de nuestro horizonte.
Santificado sea tu nombre
de los religiosos que son ateos
y de los errores
e imposiciones
de quienes creemos.
Hágase tu voluntad,
así en los cielos
como en la tierra,
por encima de credos
y de los que negocian tu nombre.
El pan nuestro
de cada día
dánoslo hoy,
y que nosotros también lo demos.
Perdona nuestras deudas
más generosamente
que nuestros teóricos perdones
a los que aún mucho nos deben
y nos son deudores.
Y no nos dejes caer en la tentación,
ni en la terrible seudoperfección.
Mas líbranos del mal
para ser fuente de bien,
y no sólo un limpio erial.
Porque tuyo es el reino, y el poder,
y la gloria
en esta, a veces, incomprensible historia.
Por los siglos de los siglos.
Amén.
Pedro Tarquis, en Mirad@zul
© P. Tarquis, CEM, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)
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