| Tabaco: de héroe a villano ‘‘Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.' (Santiago 4:14)
Hay algo en el tabaco que lo hace idóneo para ser una metáfora de la vida. La brevedad del primero es semejante a la brevedad de la segunda, el placer del uno podría ilustrar los placeres de la otra y el daño mortal que produce converge en el dolor y el sufrimiento que son parte de la vida misma. Placer y muerte van indisolublemente unidos y encapsulados en esos cilindros de adicción que son los cigarrillos. Quién iba a decirles a aquellos amerindios a los que observó estupefacto Colón aspirando sus cañas en forma de pipa, que su producto terminaría convirtiéndose en universal y hasta en emblema de toda una forma de entender la vida.
Para los adolescentes significa la iniciación al mundo de los adultos, para las mujeres significó en su momento una forma de expresar su emancipación del varón y algunas de las imágenes iconográficas del cine serían impensables sin el humo del cigarrillo envolviendo en un halo de misterio al protagonista de la película.
Pero todo este romanticismo se vino abajo por causa de los fríos datos de la ciencia que ha demostrado la asociación directa entre tabaco y muerte, pasando de héroe a villano en cuestión de poco tiempo. De hecho se ha descrito al tabaco como al mayor asesino evitable, siendo responsable directo de muchas de las muertes producidas por dos de las tres terribles c: corazón y cáncer (la otra es la carretera). De manera que hoy el tabaco está bajo asedio y los fumadores también. Es impensable que un político en ejercicio aparezca públicamente fumando, aunque lo haga en su vida privada, pues el trivial reino de la imagen, que es el reino en el que vivimos, no aconseja tal estampa. En determinados establecimientos públicos se han habilitado lugares especiales para los fumadores; son una especie de reservas donde los no fumadores han proscrito a estos incómodos compañeros. Al igual que el hombre blanco creó reservas para la supervivencia, bajo mínimos, de los indios, así han hecho los no fumadores con aquellos que siguen fumando, relegándolos a ciertos rincones donde ellos y el desagradable humo de su tabaco queden lo más aislados posible. Ya que es un mal irradicable por más campañas que se hagan o por mucho que se incremente su precio, por lo menos hay que reducirlo a la mínima expresión.
No sólo los fumadores, las mismas marcas están también indefectiblemente marcadas teniendo restringidos sus accesos a la publicidad, debiendo rizar el rizo para no emitir mensajes que abiertamente inciten al consumo y teniendo que ceder un amplio espacio de su publicidad para que los organismos veladores de la salud de los ciudadanos alerten a los mismos del peligro que supone consumir el producto. ¡Quién lo iba a decir! Aquellos emporios mundiales que fueron Marlboro o Winston, que marcaban distancias y daban impronta de categoría a sus usuarios están en retirada en el mismo mundo, el occidental, que los encumbró hasta la cima, teniendo que buscar nuevos mercados en el Tercer Mundo para recuperarse del varapalo recibido. Y es que el nuevo concepto de fumadores pasivos ha sido la estocada de muerte para el ya trastocado imperio del tabaco. Uno de mis compositores musicales favoritos es Juan Sebastián Bach. En 1721, tras enviudar de su primera esposa, se casó con Anna Magdalena Wilcken a la que dedicó un pequeño pero delicioso Cuaderno de Notas en el que el músico puso su talento en una serie de composiciones variadas, algunas de asuntos bíblicos y otras seculares, pero todas ellas cargadas de profundidad. Una de las piezas que lo componen es una bella canción cuyo tema es precisamente el tabaco, lo cual indica que Bach fumaba en pipa, aunque en aquella época todavía se estaba lejos de asociarlo con el cáncer; no obstante, el músico sabe sacar provechosas lecciones a la metáfora del tabaco. La letra, en una traducción más bien libre que he hecho de la misma, dice así: Pensamientos motivadores de un fumador de tabaco
Cada vez que tengo mi pipa
de tabaco bien llena
y espero pasar un rato agradable
me evoca una lóbrega escena
que me hace vislumbrar
lo que es mi persona.
Cuando tengo la pipa encendida
veo que en un instante
el humo se disipa
dejando sólo bocanadas en el aire.
Así consume la muerte la gloria humana
dejando el cuerpo convertido en nada.
Cuántas veces sucede que al estar fumando
a falta de apelmazador más apropiado
uso el dedo como utensilio.
y me digo cuando noto que me estoy quemando:
‘¡Caramba! Si esta brasa me causa tal dolor
¿Qué será el infierno en todo su ardor?'
Este tipo de cosas
que el tabaco me inspira cada vez
me sirven de profunda reflexión.
Y así tranquilamente fumo
sea en tierra o en mar o en mi mansión
y consumo mi pipa con meditación.
Lo que Bach percibió en la metáfora de la vida que es el tabaco, tiene resonancias bíblicas tal como el texto arriba citado nos recuerda. Ante la brevedad de la vida sólo caben dos actitudes: la de ‘Comamos y bebamos que mañana moriremos' o la de situarnos en la perspectiva correcta ante nuestro Hacedor. Todo nuestro presente y nuestro futuro estarán determinados por cuál de esas dos actitudes escojamos. Wenceslao Calvo es conferenciante
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2004, Madrid, España. |