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Número 23 - 17 de febrero, 2004
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JUan simarro

Velo y laicismo combativo

Una cuestión es que la sociedad vaya cayendo en un laicismo natural que implica el abandono de los símbolos religiosos y, otra muy diferente, es un laicismo impuesto, un laicismo combativo, un laicismo obligatorio. Este laicismo obligatorio debería abarcar por igual a todos los símbolos religiosos, ya sea el velo islámico, la kippa judía, la cruz de los cristianos... y la monja no debería dar clases con su hábito. Pero yo haría una pregunta: ¿Por qué se pone tanto énfasis en el velo de la mujer musulmana y no en la cruz que pueda llevar colgada al cuello con una cadenita de oro una chica cristiana? ¿Por qué el velo islámico causa más escándalo que la cruz cristiana o que cualquier otra vestimenta de mujeres religiosas cristianas? ¿Por qué este laicismo combativo se centra tanto en el velo y hay estrellas de la cinematografía o de otras áreas que se manifiestan a favor de la prohibición del velo, mientras no tantos se muestran en contra de la cruz o de la kippa judía?

Realmente en la cuestión del velo islámico se mezclan dos conceptos que si se analizaran por separado podría dar más luz a la temática y se podrían separar para entendernos mejor. Por una parte, el velo islámico según Jacques Chirac sería una “ropa o signo que manifiesta ostensiblemente la pertenencia religiosa”. La prohibición del velo como comunicación de un tipo de religiosidad. Pero por otra parte, muchas de las personas que se manifiestan a favor de la prohibición del velo, lo están haciendo por razones extrareligiosas: lo hacen por considerar al velo como un signo de sometimiento o sumisión de la mujer al hombre. Luego en el velo se mezcla también un concepto que no se da, por ejemplo, con la cruz que una chica cristiana puede llevar colgada al cuello: a la chica cristiana no se le ve como una mujer sometida. Luego en el velo hay también un fuerte concepto sociológico negativo asociado como un estigma de sometimiento y falta de libertad de la mujer. No es de extrañar, por tanto, que se luche desde más áreas sociales y religiosas contra el velo que contra la cruz de los cristianos.

Es por eso que, muchos, no están de acuerdo con dar el mismo trato de laicismo combativo a la cruz que al velo islámico. Ratzinger en Alemania dirá: “Con la cruz no se ofende ni se ejerce violencia sobre nadie”. Sin embargo, en nuestra cultura occidental el velo islámico puede ser una violencia contra la libertad de la mujer y un signo de sometimiento. Por otra parte, ¿cómo asumen las mujeres musulmanas lo que en occidente se consideraría la “esclavitud del velo”?. Entre las manifestaciones que mujeres musulmanas hacían en Francia, manifestaban, entre otras cosas que “nuestro velo es nuestra alma”. Quizás aquí se estén mezclando también cuestiones culturales que se han mamado desde la infancia. Valores socioculturales que las mujeres aceptan con cierta normalidad y sin traumas especiales. Así, el Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el Sr. Lehman puede defender que “el crucifijo y los hábitos religiosos, pertenecen a la cultura occidental desde hace casi dos mil años”. Pero lo mismo se podría decir del velo islámico. O sea, que en el fondo, se están interrelacionando cuestiones religiosas, sociales y culturales.

Por todo esto, al ver la mezcla que se da en la consideración occidental del velo islámico, en donde se mezclan conceptos religioso-socio-culturales, yo preferiría ser un poco cauto y mirar con precaución el laicismo impuesto de una forma tan combativa, impositiva y obligatoria por ley. Se podría estar atentando contra el concepto de multiculturalidad que se está dando hoy en todas las sociedades del mundo. No hay que intentar que los inmigrantes renuncien a sus culturas en aras de una integración en la cultura que les acoge. Vamos hacia sociedades multiculturales, multireligiosas, multiétnicas y multilingües. Sólo se debería frenar aquello que realmente lesione los derechos humanos y la integridad física, como puede ser en el caso de la ablación del clítoris. Pero entre el velo y la ablación hay una distancia astronómica, aún considerando el sentir de los que opinan que el velo es signo de sometimiento. Creo que las leyes nunca deben ir por delante de la concienciación social, ni frenando los procesos sociales y culturales del mundo a favor de las culturas de los países de acogida o por miedos a pérdidas de identidad. Es posible que en el fondo haya un miedo a la pérdida de identidad de las culturas europeas.

Las leyes deben regular lo que ya se está dando en los procesos socioculturales, pero no atajarlos ni eliminarlos violentamente. La sociedad misma, en una especie de normalidad no impuesta, irá aplicando la laicidad, o su contrario, de una forma natural. Estoy en contra del laicismo combativo y por ley. Esto puede lesionar muchas libertades de conciencia y muchas vivencias y valores asumidos como cosas propias e irrenunciables. No es de extrañar que haya grupos religiosos desde el cristianismo hasta el mundo musulmán o judío, que se muestren en contra de un laicismo violento y combativo, pues puede rayar también en la intolerancia.

De todas formas, si el laicismo se transforma por ley en algo obligatorio y se obliga a las niñas o mujeres musulmanas a ir sin velo a los colegios u otros lugares públicos, lo mismo debería ocurrir con la bonita cruz de oro con cadena fina que cuelga de muchos cuellos de mujeres y hombres en occidente... y el cura debería taparse la tonsura para enseñar y quitarse la chaqueta gris para no distinguirse mucho del “profe progre” cuya única religión es la ciencia y su dios el progreso.

 

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía,
escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2004, Madrid, España.
  

 
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