| Constructores y destructores
Vivimos una sociedad que destruye. La violencia doméstica y las guerras, la opresión del marginado y de los más débiles. La violencia del dinero y el poder sobre los necesitados.
Frente a estos, hace falta una sociedad que construya. Que construya puentes con los diferentes sin renunciar a su lado de la orilla. Que defiende con la fuerza de las razones frente a la razón de la fuerza. Que no persiga el dinero, por muy necesario que este parezca, para no perecer.
¿Idealismo? Es posible, pero hoy más que nunca la sociedad necesita ver ideales que se crean y que se vivan.
Los evangélicos de Nicaragua marcharon en contra de la corrupción, en contra de hacer las cosas para enriquecerse a cualquier precio. Un ejemplo a seguir, dentro y fuera de la iglesia.
Pamela Anderson se ha hartado de celebridad y de ser un mito erótico, con una vida vacía a la hora de educar a sus hijos en valores profundos. Y ha encontrado a Dios que llena su vacío.
En México los cristianos evangélicos pierden tierras, bienes y hasta la vida (y en la India, en China y en tantos otros lugares) pero están seguros de una eternidad con Dios.
Al fin y al cabo, seguimos al gran idealista que fue y es Jesús. El galileo que negó fama y poder por abrazar la voluntad de Dios, y que lo perdió todo con tal de que todos nosotros tuviésemos una oportunidad de sabernos perdonados; y de que alguien que no quiere ganar nada con nosotros, que es incorruptible, nos ama entrañablemente muy por encima de cómo somos.
Iglesia somos aquellos que le seguimos, no una institución ni un nombre o etiqueta. Porque las instituciones se corrompen, pierden sus ideales y se alejan de la relación personal con Dios.
Jesús es el gran constructor; y la raza humana los destructores más o menos civilizados.
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