| La angelologia del judeo-cristianismo palestino del S. I (IV)
El Diablo según Juan, Pedro y Pablo
Como ya señalamos en un artículo anterior, cierto tipo de fenómenos pneumáticos debió de ser interpretado como muestra palpable de la presencia de Dios en medio de la comunidad. No debería extrañar pues que todo ello fuera contemplado a la vez como señal de la derrota del Adversario por excelencia, el Diablo. No se podía negar, por supuesto, que éste seguía activo pero, partiendo de la propia experiencia personal, lo que debía quedar claro es que no por ello dejaba de ser un enemigo derrotado cuyos días estaban contados.
Veamos la presencia del Diablo en los escritos de los apóstoles Juan, Pedro y Pablo.
En Juan, los opositores de Jesús tienen como "padre" al Diablo (8,44) y es Satanás el que impulsa a Judas a traicionarlo (13, 27), significando el prendimiento de Jesús una victoria momentánea del poder de las tinieblas. Pese a todo, la muerte de Jesús en la cruz es la derrota del Diablo (Jn 16, 11) y la de su Reino, que no es de este mundo, sobre los otros reinos (Jn 18, 33-36).
Esa fe en la victoria de Jesús y, fundamentalmente, el carácter de su llamado explica el que sus seguidores ni se alcen en armas ni combatan (Jn 18, 36).
Esa misma línea es la que aparece en la I carta de Juan donde se hace referencia a la derrota experimentada por el Diablo gracias al Hijo de Dios que vino a deshacer las obras del Diablo (3, 8). Este actua en aquellos que son desobedientes a Dios (3, 8-10).
Comparada con otras corrientes del cristianismo primitivo (no digamos del judaísmo del periodo), la angelología y demonología judeo-cristianas palestinenses no son muy extensas. El judeo-cristianismo extrapalestino contiene referencias a creencias que no están presentes en el palestinense aunque derivan de ambientes judíos.
Ciertamente parece existir la misma confianza que tenía Santiago en cuanto a la capacidad de resistir al Diablo, tras someterse previamente a Dios, (1Pe 5, 8-9), pero, a la vez, se conocen doctrinas como las de los ángeles condenados en prisiones de oscuridad (2 Pe 2, 4; Jds 6), se condena el uso de prácticas relacionadas con ángeles (¿alguna forma de magia?) (2 Pe 2, 10 ss) y se refiere el episodio de la disputa de Miguel y el Diablo por el cuerpo de Moisés (Jds 9).
En Hebreos, la demonología y la angelología son también limitadas pero volvemos a encontrar (2, 14) señalada la derrota experimentada por el Diablo en virtud de la muerte de Jesús. Por otro lado, se dedica una porción significativa de la carta a explicar el carácter meramente servicial de los ángeles que son muy inferiores a Jesús (1, 1-14).
El paulinismo presenta una angelología y demología que tienen una entidad considerable en cuanto a la reflexión teológica pero que tampoco parece muy descriptiva si la comparamos con el estilo de la literatura intertestamentaria.
Los temas recogidos en la misma son identificables con algunas tesis judeo-cristianas como las de la posibilidad de resistencia victoriosa frente al Diablo (Ef 4, 27; 6, 11) o la de su derrota en virtud de la muerte de Jesús (Col 2, 13-5), pero, al mismo tiempo, puede que se adviertan también similitudes con la angelología de Qumrán que no se perciben en otras corrientes del cristianismo primitivo.
El judeo-cristianismo palestino del s. I compartió la creencia de la época en seres angélicos y demoníacos pero parece haber presentado algunas características de cierta originalidad. En primer lugar, las fuentes que se refieren al mismo muestran una parquedad considerable en relación con el tema. Salvo Miguel, no se menciona a ningun arcángel por su nombre; no se detallan las funciones específicas de los ángeles; no se mencionan los nombres diversos de los demonios ni se describen sus tareas o jerarquías; está ausente la referencia a la magia demoníaca o angélica; no hay referencias a las causas de la caída del Diablo; etc.
Cabe la posibilidad de que la firme creencia en el Espíritu Santo como elemento activo en el seno del movimiento influyera en la moderación con que se abordaron estos temas. Con todo, no podemos atribuir a esa circustancia todas las limitaciones señaladas.
En segundo lugar, la visión del Diablo está teñida de una nota de victoria que, si contemplamos, por ejemplo, el contexto de Apocalipsis o de Santiago, no deja de transparentar una visión de la historia auténticamente triunfal.
Satanás es el enemigo del pueblo de Dios y se puede contemplar su inspiración sobre los grandes poderes humanos, pero, en definitiva, es ya un derrotado al que sólo le resta contemplar su final definitivo. No consiguió acabar con Jesús - que deshizo sus obras - ni tampoco con los seguidores de éste.
Al final será aplastado pero, incluso ahora, tampoco puede soportar la resistencia que le oponen los creyentes sometidos a Dios sin huir. No está del todo claro que implica esa huída del Diablo. No hay ninguna referencia a rituales o a magia, como, por ejemplo, en el Talmud, pero es altamente posible que, si tomamos como base Hch 10, 38, se esté hablando de un contexto de liberación psíquica y espiritual, y de sanidad física. César Vidal Manzanares
es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, 2004, España. |