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Bien harían los señores académicos de la Lengua en buscar en el Diccionario las referencias a la palabra “católico/a” y se pararan a mirar los resultados.
Podrían comprobar cómo persiste la discriminación religiosa en el Diccionario. Es cierto que algo (a lo que desde el campo protestante no se ha sido ajeno*) se ha avanzado en estos últimos tiempos, pero lo católico sigue siendo... la norma en materia de religión.
“Catecúmeno”, por ejemplo, es “persona que se está instruyendo en la doctrina y misterios de la fe >católica< con el fin de recibir el bautismo”.
¿”Católica” han dicho? No: cristiana.
Evan-cazadores
A la tipología religiosa del evan-gricultor que glosábamos aquí recientemente se contrapone la del “evan-cazador”. Construcción tranquila versus ímpetu violento, vaya. ¿En qué iglesia no se dan casos, tantas veces patológicos, de feligreses impacientes que arden literalmente en ímpetu de “evangelizar” el mundo entero en quince días?
La temible impaciencia, ay. La historia está llena de páginas tristes, a cual más cruel, de abominables frutos del esquizofrénico denuedo de los “cruzados” que en el mundo han sido.
Quienes están empecinados en hacer del bendito Evangelio de salvación un rodillo “cristianizador” no predican a Cristo. Predican sus propios traumas y miserias.
Manuel López Rodríguez,
es periodista, director de la revista FOTO,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid
© Manuel López Rodríguez, Madrid, España.
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