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Número 23 - 17 de febrero, 2004
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MANUEL DE LEÓN

Empresariado religioso

Hace bastantes días escribí sobre los que abusan de la religión. Abusos de poder, abusos del uso del nombre de Dios en vano, excesos de una religión imperialista como la católica, que ha hecho del Papa un tótem sagrado al que le rinden pleitesía miles de adoradores. Pero para ser justos, también en el protestantismo y desde una concepción contraria a la católica, el abuso protestante de la religión se hace con lo que llamo el “empresariado religioso”, o dicho de otro modo, iglesias hechas a la carta.

Nombres exóticos como Congregación Anti-Blasfemias, Iglesia Evangélica Abominación a la Vida Torcida y Comunidad del Corazón Reciclado, nos revelan un espíritu individualista exagerado. Según muchas de las legislaciones estatales es menos complicado abrir una iglesia que una pequeña empresa, cumpliéndose de esta manera la máxima de un líder evangélico norteamericano: “¿Estás cansado de tu iglesia? Organiza la tuya”. Esta manera de pensar, entra dentro de la lógica del mercado libre y convierte la fe privada como mano de obra del empresariado religioso.

El Dr. Oneide Bobsin , pastor luterano de Brasil, ha descrito a la perfección ese estado de disolución de un cuerpo de iglesias insolidarias, que deben caminar juntas, pero quieren ser independientes. Toda iglesia local nunca es independiente, siempre es Inter.- dependiente con otras iglesias y dependiente del cuerpo de Cristo. Su obra no puede estar aislada y al margen de las demás. La iglesia local ha de tener solidaridad con el resto de las iglesias, incluso con compromisos económicos. La asamblea o célula local es solo independiente y es la única institución válida ante Dios , porque está convocada en Cristo: “porque donde están dos o tres reunidos en Mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. No necesita otra legalización, ni otras bendiciones eclesiales.

Sin embargo, una cosa es la independencia y otra la disputa comercial de las almas. Una cosa es la libertad religiosa que nace en la esfera de la intimidad y se desarrolla en el ejercicio de la labor pública y otra rebasar los límites ecuménicos, sometiendo a los creyentes, sin formación bíblica en la mayoría de los casos, al capricho de visionarios y líderes sin escrúpulos.

El límite entre religión y locura, no aparece en multitud de casos en los que, so pretexto de una inspiración en las fuentes bíblicas, se crean iglesias con nombres como el de Barco de la Salvación, Iglesia Evangélica la Última Embarcación de Cristo y Asociación Evangélica Fiel Hasta Debajo del Agua. Otras inspiradas en los nombres de autor como Cruzada Evangélica del Pastor Waldevino Coelho e Iglesia Evangélica Pentecostal del Pastor Sassá. Otras inspiradas en el fuego del Espíritu se autodenominan Iglesia Automotiva del Fuego Sagrado,  Iglesia Bautista Incendio de Bendiciones, Iglesia Explosión de la Fe e Iglesia Pentecostal Fuego Azul.

Sin embargo lo mas sangrante que nos trasmite el Dr. Oneide es el de aquellas “noticias sobre maltratos a niños en centros religiosos que practican el exorcismo atraen al  lector sediento de tragedias y  de emociones. En un caso reciente una persona golpeó la cabeza de un menor contra la pared hasta que se desmayó, bajo la mirada de la madre. Una semana después, el niño murió. El líder religioso no supo cuál era el límite entre religión y locura”.

Si el pentecostalismo es una fuerza imparable que forma el mayor despertar espiritual de este siglo, no es menos cierto que el abuso y falta de amonestación intereclesial ha creado monstruos y locuras religiosas inimaginables. Volviendo a citar al Dr. Oneide, “en un gran centro urbano,  fue creada la Clínica de Exorcismo. En la primera sesión, el paciente endemoniado es sometido a un interrogatorio. Después, la persona pasa por choques eléctricos. Si los demonios no abandonan a la persona, ésta va a la sala santa de tortura (conocida como Pau de Arara). Si el demonio resiste se pasa al Tratamiento Intensivo de Tercer Grado, que consiste en eliminar a la persona poseída.” ¿Serán estas las prácticas de todos los evangélicos? se preguntan muchos medios seculares y afirmativamente proclaman a los cuatro vientos los católicos.

Los cristianos del primer siglo tuvieron que soportar injurias porque su estilo de vida era el amor y la comunidad de vida.¿Tendremos que soportar también en este siglo el bochorno y el rubor de líderes sin escrúpulos en el campo evangélico? Lo peor de todo es que son ciertas estas historias y solo es válido ante la sociedad el reconocimiento, la denuncia y la amonestación fraternal. En este caso, tampoco nos gustan los que abusan de la religión.


Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo"
(revista de las Iglesias de Cristo de España).

© M. de León, Asturias, España.

 
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