| Rosalía,
esa sombra…
(III) Esa sombra innombrable
Ésta es la última parte de una reflexión sobre Galicia y su cantora, que ha pretendido ser objetiva, a pesar de la identificación y los sentimientos del autor. ¿Vive Galicia? Vive Rosalía...
Si su esposo dijo en una ocasión, "...el silencio que encontramos" -aludiendo a la Galicia maniatada y muda, su lengua despreciada, sin cultura hasta la llegada de los movimientos de conciencia nacionalista, como "Rexurdimento" al que pertenecía-, ahora Galicia, más que hablar, exulta -que éso es el vivir- en la voz de Rosalía: "En los "Cantares..." viven existencia sin vejez. Las romerías y las ferias, los gaiteros y los viejos desengañados y epicúreos de la aldea, los mendigos plañideros, las mozas tocadas de mal de amores, las casadas hacendosas, las señoritas de aldea, las primaveras y los otoños, en la luz tamizada de la atmósfera gallega" (Ramón O. Pedrayo).
Por lo que no hay que quedarse con el estereotipo de la "triste Rosalía" y otros tópicos. Mientras pudo, celebró la alegría de vivir y en el Apéndice de "Follas novas", titulado "Una boda en la aldea", la sencilla y auténtica alegría de los labriegos se manifiesta en sus versos, con unos bellos diálogos de enamorados:
-Aunque naciese sordo
tus palabras oiría,
y aunque ciego naciese
no dudes, no, mi bien, que yo te vería.
Sé cuándo he de encontrarte en el camino
aunque nadie me lo diga,
pues me lo dice en cambio el
corazón batiendo
con un batir de alegría.
-Bien sabes que soy pobre,
sin padre ni madre, sin casa ni amparo,
que como en la noche, si en la mañana trabajo.
-Yo tampoco soy rico,
que ojalá lo fuera, y para ti tuviera
los hórreos llenos de trigo.
-Eres más valiente que ninguno,
en la aldea no hay quien trabaje como tú,
y airoso y esbelto en el bailar no vi otro.
Ni los viejos lo vieron;
todas tienen en ti puestos los ojos...
-No lo sé, porque no las miro:
sólo sé que como tú, lo juro Marica,
no hay otra entre los vivos.
Sergio de Lis es redactor y crítico literario de la revista Edificación Cristiana
© Revista Edificación
Cristiana, nº 182. Resumido por el autor. |