| Importancia de un voto
Un voto puede ser importante:
- En 1645, un voto dio a Oliver Cromwell el control de Inglaterra.
- En 1649, un voto motivó que el rey Carlos I de Inglaterra fuera ejecutado.
- En 1776, un voto dio a Estados Unidos la lengua inglesa en lugar de la alemana.
- En 1844, un voto hizo que la Asamblea Presbiteriana admitiera el bautismo de niños.
- En 1845, un voto permitió a Texas ser parte de la Unión estadounidense.
- En 1876, un voto permitió a R.B. Hayes acceder a la presidencia de Estados Unidos.(En las elecciones presidenciales del año 2000 George Bush fue presidente por una pequeñísima diferencia de votos).
- En el mismo año 1876, un voto cambió a Francia de monarquía a república.
- En 1923, un voto dio a Adolfo Hitler el liderazgo del partido nazi alemán.
En muchas ocasiones, un solo voto ha hecho caer gobiernos o se han perdido o ganado votaciones parlamentarias sobre asuntos importantes (recordemos lo que sucedió en la Comunidad Autónoma de Madrid el pasado año 2003). Y en los ámbitos de nuestras iglesias o Unión, un voto ha permitido o impedido nombramientos, aprobación de enmiendas o propuestas de diversa índole. Cuando, hace poco más de una generación, nuestra sociedad vivía en un régimen no democrático, el hecho de ejercer el voto en nuestras asambleas bautistas era algo insólito y muy destacable para los componentes de las iglesias de la Unión Evangélica Bautista Española, ya que uno de los principios bautistas se distinguía por ejercer un gobierno congregacional, donde todos los miembros tienen los mismos privilegios y responsabilidades, y donde la mayoría de temas, especialmente los más significativos, se deciden por votaciones, bien a mano alzada o por papeleta secreta, bien por mayoría simple o a través de un porcentaje establecido según el caso. A veces se corría el riesgo de que muchas frustraciones individuales se manifestaran en nuestras Asambleas y que no pocas intervenciones denotarán una ausencia de espiritualidad y de conocimiento de causa. Nuestro sistema de gobierno congregacional (superficialmente llamado “democrático” en ocasiones) es el mejor, pero puede ser también el peor. Depende del grado de personalidad y madurez espiritual de quienes votan. Algunos males que pueden darse en nuestras asambleas administrativas a cualquier nivel (iglesia local, asociaciones regionales, convenciones, comisiones, ministerios, instituciones, etc..) cuando ejercemos el derecho a votar son:
- Votar con sentido de clanes o grupos afines.
- Votar lo que dicen ciertas personas porque lo han dicho ellas y porque ejercen una influencia dada su capacidad dialéctica y persuasiva.
- Votar siempre en contra, teniendo una constante actitud negativa y de oposición a lo que se presente.
- Apoyar o no a una persona en función de una pura y simple simpatía o antipatía personal, sin reflexionar sobre si tal persona está capacitada, particularmente en el aspecto espiritual, para desarrollar la responsabilidad en cuestión, de acuerdo con sus dones y trayectoria. Es absolutamente necesario votar responsablemente, no tanto buscando la voluntad de la mayoría, sino la voluntad de Dios. Ése, y no otro, es el sentido de nuestro gobierno congregacional, desde el punto de vista bíblico y cristiano. Para ello hacen falta líderes que informen puntual y objetivamente del asunto a decidir, interés en los votantes por estar debidamente informados de lo que se va a tratar y una actitud libre de prejuicios, buscando honesto y limpiamente lo mejor para la obra del Señor en cada circunstancia y ocasión, buscando sinceramente la dirección del Espíritu Santo y su asistencia. Sería igualmente oportuno recordar que el ejercicio de nuestros derechos, comenzando como miembros de nuestras iglesias locales, o de nuestras iglesias dentro de la Convención, debe ir inseparablemente unido con la puesta en práctica de nuestras responsabilidades. Resulta muy triste (y repetido) ver en nuestras Asambleas a miembros que no están comprometidos en el proyecto global y común (aplíquese a creyentes con relación a su propia iglesia, o a iglesias con relación a la UEBE) que son, muchas veces, los que más hablan, exigen y marean la perdiz. Olvidan que derechos y obligaciones forman dos caras de una misma moneda, y que no hay autoridad (por favor no confundir autoridad con autoritarismo, pues la auténtica autoridad se inspira y se gana con el ejemplo; nunca se demanda o exige simplemente en virtud de ocupar un cargo) ni fuerza moral cuando pretendemos pedir sin dar, reclamar sin ofrecer. En todas las esferas estamos llamados a profundizar en nuestro crecimiento y madurez espiritual y cristiana para encontrar una coherencia en nuestras manifestaciones de palabra, en nuestras propuestas...y en nuestras votaciones. Solamente así habrá bendición. Solamente así habrá una conexión con la voluntad del Señor. Solamente así cosecharemos resultados, y no consecuencias. Tus propuestas y tus votos son importantes. ¿Con qué espíritu los estás ejerciendo? Como miembro de iglesia, como componente de alguna Junta, Comisión, Ministerio y como congregación local (también como ciudadanos) necesitamos reflexionar seriamente sobre nuestras auténticas actitudes, motivaciones, búsquedas y coherencias.
Manuel Sarrias es Secretario General de la UEBE (Unión Evangélica Bautista de España) y Vicepresidente de la FEREDE (Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España),
© M. Sarrias, ProtestanteDigital.com (España, 2004),
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